Viajes: El síndrome del péndulo

Fotografía de Maria Scheibengraf.

Esta mañana me desperté recordando a mi abuelo y las enseñanzas que me dejó antes de partir. Este hombre a quien todos conocían como “Don Franc” o “el alemán” nació en realidad en lo que es hoy en día Croacia, y emigró a Argentina con menos de 15 años en medio de la segunda guerra mundial. Partió en un barco junto con sus padres y hermanos, con una sola valija para toda la familia. En Argentina, después de un invierno en que los baldes de cemento le cortaron las manos por el frío mientras ayudaba a su padre en su trabajo como albañil, decidió estudiar. Rindió la primaria libre en español con un diccionario, porque no hablaba el idioma, y llegó a graduarse de la universidad como ingeniero electromecánico con medalla de oro. Era brillante.

Lo que tenía de brillante, lo tenía de reservado. Recuerdo tener cinco o seis años y preguntarles a mis papás por qué el abuelo no me abrazaba tan seguido como la abuela. Y mis papás me explicaron que las formas de expresar amor del abuelo no eran iguales a las de la abuela -esa joven siria de la que Don Franc se había enamorado en sus veintes- porque la vida del abuelo había sido muy difícil. En sus años jóvenes, sobre todo.

Nunca más reflexioné al respecto ni osé preguntarle a mi abuelo sobre su experiencia al emigrar. Sabía que le resultaría doloroso, y sabía que estaba escribiendo un libro al respecto donde quería dejar sus memorias plasmadas antes de morir. Me dije que algún día leería el libro cuando él ya no estuviera con nosotros (aún no me da la fuerza emocional para hacerlo), y que, mientras tanto, lo disfrutaría en vida compartiendo historias más alegres. Porque no es bonito para nadie traer a colación la experiencia de la guerra.

Quince años después de esas palabras de mis padres, allá por 2014, quien emigraba era yo. A diferencia de Don Franc, yo lo hacía en avión y por voluntad propia, para “probar suerte”, sin huir de nada. Un día, de la nada, a solo unas semanas de que partiera mi avión a Inglaterra, mi abuelo me interceptó en la cocina y me dijo: “María, ahora vas a conocer lo que es el síndrome del péndulo”.

-¿Qué es el síndrome del péndulo, abuelo?

-Es lo que les pasa a las personas que se mudan a otras ciudades o países y no pueden volver a ser cien por ciento felices en ningún lado. Siempre extrañarán lo mejor del lugar que dejan detrás, aunque lo dejen para “volver a casa”.

Joven mochilera sentada en una montaña. Fuente de imagen: Google imágenes.

Sus palabras y esa idea del péndulo se me grabaron a fuego durante cada paso de mi viaje. Inglaterra me enloqueció desde el momento en que salí del aeropuerto, pero era imposible no recordar con nostalgia, cada tanto, los sabores, aromas y calores (del sol y de los abrazos) de mi tierra natal. Hace ya tres años desde que vine a Londres por primera vez, pero durante el año y chirolas que pasé en Argentina entre entonces y ahora, para terminar mis estudios universitarios, no podía dejar de pensar en las cosas maravillosas que había en Inglaterra… y de las que no podía disfrutar estando en mis pagos. Así que eso era de lo que hablaba mi abuelo. ¿Cómo se hace para sentirse una persona completa nuevamente después de vivir en carne propia el síndrome del péndulo? Yo sigo en mi búsqueda; tú puedes contarme tu experiencia en los comentarios más abajo.

Don Franc partió a otro plano en abril de 2015, un mes después de mi regreso temporal a Argentina sobre el que hablé más arriba. Siempre digo que me esperó antes de irse. Y jamás olvidaré que, cuando fui a saludarlo a los pocos días de volver de mi viaje, yo amagué uno de esos abrazos cortitos que daba él, y él me sorprendió con un abrazo apretado y largo que todavía me humedece los ojos. Se estaba despidiendo, probablemente sabiendo que nos volveremos a encontrar alguna vez en el lugar a donde van los viajeros cuando dejan este mundo.

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