Reseñas de cine: «Sexy por accidente»

Sexy por accidente. Imagen: En Filme.
Sexy por accidente, la comedia para ganar autoconfianza y redescubrir la belleza personal. Fuente de imagen: En Filme.

Cita de Renée Bennett en Sexy por accidente: «Seamos sinceras un momento. No importa cuántas veces nos digan “lo importante son los sentimientos”. En el fondo, las mujeres sabemos que todo el mundo se fija en lo físico […] Siempre he querido saber qué se siente ser indiscutiblemente sexi».

Renée Bennett (Amy Schumer) es una mujer soltera con baja autoestima que trabaja en una función administrativa cero glamorosa y nada motivadora para Lily LeClaire, una de las primeras marcas de cosméticos estadounidense, según la historia que nos propone recorrer la comedia de Netflix Sexy por accidente.

Un día, cuando Renée intenta hacer una clase de spinning, sufre un accidente que hace que se golpee la cabeza y, al despertar, cree que ha ocurrido un milagro: su mayor anhelo se ha hecho realidad y, de repente, Renée se ve y se siente hermosa, sexy y… ¡atrevida!

Ahora bien, esta no es una de esas películas de percepciones visiblemente alteradas, como lo es Amor ciego (Shallow Hall, 2001), en las que el espectador ve a través de los ojos del protagonista y nota ese cambio de percepción que experimenta el personaje. 

Por ejemplo, en Amor ciego, una actriz subida de peso es vista por Hall, el personaje principal, como si tuviese las medidas de una top model. Solo él puede verla así y desesperarse por conquistarla; sus amigos se burlan de Hall porque coquetea y trata de seducir a lo que ellos ven como una mujer gorda y no atractiva).

Distinto es el caso de Sexy por accidente (I feel pretty, Estados Unidos/2018), donde los espectadores no vemos un cambio en la apariencia física de Renée. Sin embargo, ella, al verse al espejo, sí se percibe distinta, repentinamente hermosa, a causa del accidente que tuvo en el gimnasio.

No se trata de un hechizo

Tampoco se trata de un deseo que se hace realidad por obra de un genio o una moneda que la protagonista lanza a una fuente random (aunque, en un intento desesperado por ser bonita, Renée trata de emular el desencadenante de Quisiera ser grande [Big, 1988] pidiendo su deseo con todas sus fuerzas, pero no, no surte efecto).

A diferencia de otras películas que juegan con el «cuidado con lo que deseas», Sexy por accidente mantiene todo dentro de los parámetros verosímiles de lo cognitivo: un cambio de percepción producto de un golpe fuerte en la cabeza.

La belleza exterior como proyección de la belleza interior

Cuando apreciamos la apariencia física de una persona y decimos que es una persona bella, atractiva, sexi o lo que sea, ¿qué decimos en realidad? 

Yo creo que lo que decimos, en realidad, es que esa persona de alguna manera responde a los cánones de belleza establecidos en nuestra sociedad y cultura.

La belleza no es una característica inherente a ciertos rostros y cuerpos. La belleza es una construcción sociocultural específica, atravesada por parámetros de época, nutrida por las industrias de la moda, la publicidad y los medios de comunicación en general.

¿Quién dice que ciertas formas, rasgos, texturas, colores son más bellos que otros? ¿Quién dice que cierto tipo de rostro, de ojos, de nariz, de orejas, de vientre son o no son bellos y estéticos?

Una divertida deconstrucción de la belleza es lo que propone la película de Netflix Sexy por accidente, que cuenta con las verosímiles e histriónicas actuaciones de Amy Schumer y Vanessa Williams, entre otros destacados miembros del reparto.

Esta deconstrucción del concepto de belleza que prima en el mundo occidental nos deja el viejo y conocido mensaje de que, en definitiva, nuestra apariencia física reluce cuando nos aceptamos y consideramos bellos tal y como somos, por dentro y por fuera. 

Así, cuando Renée se mira al espejo luego del accidente que le provoca un cambio de percepción, lo primero que hace es tocarse el rostro, los brazos, el vientre, como si los conociera y apreciara por primera vez. Al hacer ese reconocimiento de su cuerpo, Renée exclama: “¡Soy hermosa!” 

Esta forma de apreciar su cuerpo —que, por cierto, es el mismo de antes del accidente— deja ver al espectador que, aunque Renée no ha cambiado físicamente, la manera en que se percibe a sí misma sí ha sufrido modificaciones: ello hace que, al verse al espejo, Renée crea, sin dudarlo, que es una mujer increíblemente bella y sexi. Aquí la autopercepción (algo intangible) determina la forma de ver y admirar el propio cuerpo (tangible).

Dime cómo te sientes y te diré qué eres

Otra moraleja que sugiere esta película es que todos podemos ser sexis, en tanto y en cuanto nos sintamos sexi. 

Cuando Renée se postula para el puesto de recepcionista en la oficina central de Lily LeClaire, desentona totalmente con el perfil de las mujeres que se espera que apliquen al cargo. Renée es «gorda y fea» en comparación con aquellas mujeres superdelgadas y con facciones delicadas y típicas de un show de moda. 

Sin embargo, durante la entrevista, cuando una de las ejecutivas de la empresa le dice a Renée: «Apreciamos tu iniciativa, pero no eres precisamente la opción más evidente para el puesto», apuntando a que Renée carece del physique du rol de la típica recepcionista de una marca como Lily LeClaire, Renée responde: 

«Lo entiendo. No tiene mucho sentido que me postule para un puesto que implica bajar de mi categoría actual… Y sí, el modelaje es una opción para mí. Probablemente se estén preguntando: “¿Acaso tomaremos a esta chica y luego nos dejará por las pasarelas?”. Siendo realistas, esa sería una opción cien por ciento probable para mí. Pero esa no soy yo. Mi sueño es trabajar aquí». 

Claramente, Renée contesta desde una autopercepción de absoluta belleza personal. Las ejecutivas que la entrevistan siguen viendo en Renée a una mujer que no reúne las características físicas del puesto, pero, no obstante, reluce por una extraordinaria confianza y seguridad en sí misma. 

Renée despierta, así, el respeto y la admiración de las ejecutivas, quienes deciden contratarla a pesar de que, físicamente, ella rompe con el estereotipo de recepcionista de la marca.

La belleza: ¿una cuestión de actitud?

¿Qué pasaría si te dijese que la percepción de tu belleza física depende de tu autoaceptación, autoconfianza y autoestima? Y con esto no me refiero a cómo tú te percibes solamente, sino, también, a cómo te perciben las demás personas.

Sexy por accidente nos muestra a una Renée que, en cuanto recobra la autoconfianza y gana autoestima, comienza a sentirse más atractiva y seductora que antes, incluso si se ve como siempre. ¿Por qué es esto? Por su actitud.

Las personas que derrochan confianza en sí misma potencian su belleza física. Por ende, la belleza bien podría ser una cuestión de actitud.

«Saliste linda en esa foto», me dijo alguien hace poco; yo pensé: «No salí linda. Soy linda». Pero inmediatamente me sentí algo culpable: «¿Seré una soberbia por pensar así? ¿O será aquella la voz de mi autoestima, el amor propio y la confianza en mí?».

Si uno googlea las palabras «autoestima hombres mujeres», es increíble la cantidad de artículos que arroja la primera página de resultados de Google nada más: desde títulos como «¿Existe una brecha de autoestima entre hombres y mujeres?», pasando por «Los hombres tienen más autoestima que las mujeres, especialmente en Occidente», hasta «La brecha de autoestima entre hombres y mujeres existe y es un freno», es evidente que, desde un punto de vista estadístico, Sexy por accidente es una película basada en la ciencia.

La autoestima es un valor que se moldea desde la primera infancia, tal como lo revela este artículo de El País (Uruguay):

«La autoestima y la autoconfianza deben trabajarse desde la niñez. En tanto, se da por hecho que un niño o una niña confía en sí mismo, por lo que el diálogo al respecto no es recurrente entre los adultos y los más jóvenes.

Así lo afirma una investigación de 2018 que se hizo como sustento para la campaña de la marca de cosméticos Dove sobre la belleza real: solo tres de cada diez niñas y adolescentes uruguayas de entre 10 y 17 años pudieron responder que tienen una autoestima alta, pero la mayoría de los padres encuestados sobreestimaba el amor propio de sus hijas».

El artículo citado incluye un apartado en un recuadro celeste que vale la pena leer, ya que recoge hallazgos del estudio realizado por la marca Dove que, en efecto, confirman que el ideal de belleza física incide más que otros tipos de belleza en la autoestima de las mujeres: 

«[…] “las chicas que se consideraban inteligentes tenían un autoestima superior, pero las que se lograban definir como atractivas o lindas tenían un promedio de autoestima aún más alto”, explicó Ana Gudynas, coordinadora del equipo. El estudio también destaca que con Instagram los estereotipos de belleza se profundizaron y se miden en “Me gusta” y por los ángulos de las fotos» (ver fuente).

Son muchos los motivos por los que tienes que ver Sexy por accidente: pocas veces una misma película logra invitarte a reflexionar sobre la cultura, la sociedad y tu propia autoestima; hacerte reír, y, por si esto fuera poco, desencadenar algunas lágrimas de emoción.

De corazón, espero que la veas. Creo firmemente que el mundo sería un lugar mejor y la autoaceptación sería moneda corriente si todas las personas confiaran más en sí mismas y menos en los cánones de belleza sugeridos (¿impuestos?) por los medios y las culturas.

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