Indiferencia social ante 30 muertes por arma blanca

Indiferencia ante 30 muertes por arma blanca. Fuente de imagen: Pixabay.
Indiferencia ante 30 muertes por arma blanca. Fuente de imagen: Pixabay.

Solo en 2021, hubo 30 muertes por arma blanca en Londres, pero la sociedad parece indiferente. ¿Por qué?

En varias ciudades británicas, como Londres, las muertes y heridas por arma blanca han sido una constante a lo largo de la historia. Sin embargo, los incidentes donde se producen muertes y heridas por arma blanca no son algo nuevo. De hecho, las autoridades llevan décadas tratando de solucionar el problema con estrategias, como la “Stop and search” (sección 60 de la Norma de Justicia Criminal y Orden Público de 1994). 

Con estas medidas, la Policía gana potestad para parar y buscar armas blancas, así como armas de fuego y otras sustancias ilegales.

Sin embargo, se sospecha que no ha obtenido demasiados resultados, y las comunidades más vulnerables económicamente también tienden a ser víctimas de la policía sin motivo.

Se lleva estudiando el problema de las muertes por arma blanca y las heridas por arma blanca en Reino Unido, pero aún no se ha averiguado cómo solucionarlo. ¿Cuál podría ser la solución a un problema que está tan arraigado?

Mientras que las muertes y las heridas por arma blanca en Reino Unido (especialmente por el uso de jóvenes por los cárteles y traficantes para evitar la cárcel) en adolescentes está en auge y que muchas víctimas son negras, las cifras del consumo de droga son alarmantes.

En un estudio de la UK Drug Policy Commission, con datos de entre 2006 y 2009, las personas que más drogas consumen (ya sea en general o de clase A), son mayoritariamente de raza blanca o mixta, con diferencias de grados de consumo y de sustancias en según qué comunidades. Además, este mismo estudio demuestra un sexismo latente en un país supuestamente moderno, pues las mujeres que consumen suelen sufrir más los estigmas sociales que los hombres.

Aunque el acceso a la información está disponible, el estudio ya mencionado refleja que entre las comunidades negras y mixtas no hay tanta costumbre de pedir ayuda para combatir adicciones. 

El acceso a estas conlleva una serie de consecuencias que a menudo se convierten en una espiral de la que es difícil salir.

Son estas consecuencias (mayor exclusión, pérdida de vivienda en algunos casos, aumento de la violencia o la cárcel) y el sentimiento arraigado de que hay un racismo sistemático arraigado en la sociedad británica, las que dificultan aún más la situación.

Esto está reflejado, por ejemplo, en la falta o insuficiencia de personal negro o mixto en escuelas o instituciones, así como en la propia policía. Como consecuencia, solucionar el problema de las muertes por arma blanca o las heridas por arma blanca, especialmente en adolescentes, sea cuanto menos complicado.

Por otra parte, el consumo de estas sustancias es mayor entre la población blanca, y mayoritariamente de clase alta y media, y en especial de cocaína, una sustancia cuyo consumo está en auge.

Por ejemplo, el 3,4 % de hogares con ingresos iguales o superiores a 50 000 £ la probaron entre 2017 y 2018, según la encuesta oficial de delincuencia de Inglaterra y Gales

De hecho, el consumo de esta droga está más o menos generalizado entre gente que trabaja en la City. Frente a esto, las grandes empresas miran a otro lado y no denuncian si la persona en cuestión representa un gran activo para la empresa.

Esto contrasta con la imagen que dan de cara a la opinión pública y a los medios de tolerancia cero con el consumo de drogas, según un artículo de The Guardian.

Pese a un uso ciertamente normalizado de la droga por parte de la clase alta, la población negra y mixta suele ser víctima de una acción policial desproporcionada (está comprobado que cuando se hacen redadas para investigar crímenes de muertes por arma blanca y heridas por arma blanca se suelen centrar en los barrios más pobres) en mayor proporción que la blanca (en concreto, en 4/1000 casos frente a 7/1000, según datos de Release). 

Esto no ayuda a que la gente confíe en la policía cuando esta afirma que quiere trabajar con estas poblaciones.

Tampoco beneficia en nada que el tratamiento mediático de este tipo de problemáticas suele ser superficial y parcial a la hora de enlazar el problema de las drogas de manera casi automática con el hecho de pertenecer a ciertas comunidades,

Las desigualdades siempre las pagan las regiones más desfavorecidas y la indiferencia social es latente

Croydon, una de las regiones con más muertes por arma blanca, es también una de las más pobres de Londres y donde se recortó más dinero de los servicios públicos.

Por ejemplo, uno de sus hospitales principales, el Croydon University Hospital, se vio obligado a gastar 27 000 £ en un cambio de nombre (anteriormente llamado Mayday Hospital) en 2011 para limpiar su imagen después de una serie de importantes negligencias médicas tras las cuales al menos tres mujeres murieron poco después de dar a luz

Además, pese a una falta de personal competente en el centro como una de las posibles causas de estos eventos, según el diario Evening Standard, ni este dinero ni las 18 000 £ adicionales que se gastaron en cambiar los textos de las señales indicadoras en las cercanías de la institución, no se podría haber empleado para formar al personal.

Aún así, este centro tiene, más de cinco años después, uno de los peores tiempos de espera en Urgencias (con 1 de cada 5 pacientes que tiene que esperar más de cuatro horas para que le atiendan, según datos recogidos por East London Lines en 2020).

Las principales causas por las que se acuden a urgencias demuestran los problemas que la región lleva reclamando a gritos: 13 % de la gente ingresada en este hospital entre 2017 y 2018 iba por problemas con el alcohol.

Las disparidades se suelen olvidar también a la hora de subir los impuestos, y es que se acostumbra a tomar como referencia la realidad de la minoría más rica.

Por ejemplo, en un artículo publicado por The Times y posteriormente por el Instituto de Estudios Fiscales, no es lo mismo subir el impuesto a la vivienda en la zona noroeste, los barrios ricos, donde más de la mitad de los hogares pagan la banda A (la más baja) que al resto (esta banda solo corresponde al 10 % de Londres en conjunto y del suroeste, y cada punto porcentual que se aumenta de este impuesto representa un 30 % más de ingresos para las autoridades de los barrios más afluentes.

Hablemos de personas

Si hablamos de personas, según un caso de estudio de salud y bienestar en la infancia de las autoridades locales de Croydon, la media de nacimientos en Croydon está por encima de la nacional (68 por 1000 frente a 62 por 1000) y parece que puede aumentar. Muchos de ellos son de mujeres que pertenecen a minorías étnicas y otros grupos migrantes, y ¼ de menores en Croydon crecen en hogares pobres. En el 3,1 % de esos casos, las familias las sacan adelante xadres solter@s que reciben ayudas económicas (en Londres hablamos del 2,8 % de los casos y la media nacional es del 1,9 %). 

A esto hay que añadir que el 86 % de familias sin hogar en la región, según datos de octubre de 2009 recogidos en ese mismo estudio, tenían menores a cargo, y las tasas de embarazos en adolescentes en Croydon son, de nuevo, más altas que en el resto de la capital.

Si prestamos atención a estudios realizados por el gobierno británico en prisioneros varones realizado en 2012 por el Ministerio de Justicia (especialmente entre la población reclusa más joven) para analizar qué ha salido mal a la hora de solucionar el problema de las muertes y las heridas por arma blanca, podemos ver que si no se presta atención a que la gente tenga un buen comienzo de vida, empezando por la infancia, las consecuencias pueden ser nefastas a largo plazo.

Estos datos estiman que: 

  • el 24 % de los presos varones habían estado en hogares de acogida en su infancia.
  • El 29 % de ellos había sufrido violencia en casa o la había visto (el 41 %). 
    • Estos tienen más probabilidades de reincidir en un plazo de un año tras su puesta en libertad que quienes no la sufrieron.
  • El 59 % de los prisioneros afirmaron que les expulsaron del colegio, de forma temporal o permanente. Estas cifras demiestran que la probabilidad de volver a reincidir en actividades criminales aumenta si se da esta circunstancia.
  • Un 54 % de prisioneros varones indicaron que fueron padres antes de cumplir los 18. 
    • El 61 % dijeron estar solteros en el momento de entrar en prisión. Mientras, el 24 % tenía pareja y el 8 % estaban casados.

Según la ONG Prison Reform Trust, un 26 % de la población reclusa en el Reino Unido pertenecen a lo que llaman “minorías étnicas” (es decir, no personas no blancas). Esto afecta directamente a la hora de dictar condena, pues un 53 % de la población negra tiene más probabilidades de entrar en prisión aunque se declaren inocentes. Un 26 % más de probabilidades de permanecer en comisaría que la población blanca.

Aunque estas cifras puedan parecer solo eso, cifras, son, en realidad, un reflejo de cómo las desigualdades sociales y económicas pueden marcar, desde el nacimiento o incluso desde antes, el futuro de las personas, por lo que un cambio en la conciencia social es muy necesario para encontrar una solución real y desde dentro.

¿Qué soluciones se proponen para combatir el problema de las muertes por arma blanca?

En un programa radiofónico reciente, David Lammy, representante político del Partido Laborista por la región de Tottenham (norte de Londres) y presentador de radio del canal LBC, detener a gente joven no va a solucionar el problema, ya, según Lammy, que es por el consumo que hace la gente rica que la droga está en la calle y que los cárteles envían a jóvenes a hacer el trabajo sucio. 

Además, el presentador apuntaba a que las autoridades locales llevan 11 años sufriendo recortes. Esto limita mucho las acciones que estas puedan llevar a cabo para solucionar el problema en contacto con las comunidades.

Los centros educativos de formación profesional cierran, por lo que, si eres joven no puedes permitirte ir a la universidad en el Reino Unido, tus posibilidades se limitan por razones presupuestarias. Esto solo hace que el problema crezca.

Si se siguen recortando los presupuestos, esta espiral de destrucción social no tendrá fin. Es por ello que el acceso a la educación es indispensable, no solo para combatir la problemática de las muertes y heridas por arma blanca sino también para que en este país haya un cambio social y la sociedad sea más justa para todo el mundo.

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