Entrevista a Eduardo Caballero

Eduardo Caballero y su colección de novelas publicadas. Imagen facilitada por el autor.
Eduardo Caballero y su colección de novelas publicadas. Imagen facilitada por el autor.

Cuando hablo con Eduardo Caballero, me relaja oír su voz en calma. Transmite paz y me gusta escucharle. Para mí es un honor poder conocerle  un poco más más allá de sus libros. Y es que como persona, y como dice su apellido, es todo un caballero y un encanto de persona. Como escritor, es todo un profesional y tiene varios libros editados a sus espaldas. 

Ahora ha llegado el momento de que, con esta entrevista, también vosotros, lectores, podáis conocer más de él. Pero antes de comenzar, quiero agradecerte de nuevo que formes parte de esta entrevista, Eduardo. 

¿Qué puede contarnos Eduardo Caballero de si mismo para que nuestros lectores puedan conocerle?

Gracias, en primer lugar, por tan generosa presentación. He de decir que el placer es mutuo y agradezco también esta posibilidad que me brindas de compartir algo de mí con los lectores en esta entrevista. Siempre es difícil hablar de uno mismo, creo que soy una persona inquieta que valora la calma, y este espíritu, aparentemente contradictorio es el que mejor habla de mi esencia. 

A partir de ella, lo demás viene a ser el agua que emana esa fuente. Adoro los paseos, la lluvia, el viento y lo entrañable de las pequeñas cosas. Valoro una buena conversación igual que los momentos de silencio y quietud. Y me considero una persona de tiempos largos y de largas distancias.

Has participado como autor invitado en el Festival Internacional de Literatura y Traducción de Iasi (en Rumanía, 2018). ¿Qué sentiste al ser invitado a formar parte de ese evento?

Fue un gran momento y conservo esos días en mi memoria con gran cariño. Iasi es una ciudad cultural muy interesante, por lo que pude conocer a grandes personas y participar en eventos de los que he podido aprender mucho. El proyecto Alecart llamó especialmente mi atención por la increíble y valiosa labor que llevan a cabo tanto profesores como alumnos y artistas. 

El ámbito cultural de Rumanía me resultó francamente enriquecedor y con un gran camino por delante. Son varios sentimientos los que conservó y aún me emocionan, formar parte de algo así me parece algo único. Por otro lado, aprendí mucho de la visión de los demás al hablar de Otro nombre, otra puerta, libro publicado en Rumanía con muy buena aceptación, y de las preguntas que me realizaban los asistentes, tanto sobre el libro como otros aspectos de la literatura y la escritura.

También prestigiosas revistas culturales de Rumanía como Alecart y Dilemateca se han fijado en el trabajo de Eduardo Caballero. ¿Podremos verle como colaborador asiduo en alguna de estas revistas con una sección propia?

Bueno, es algo que me agradaría, sin duda, y disfrutaría mucho con ello. Entiendo que también ha de darse un trayecto en el que aún nos encontramos. Siempre me ha gustado colaborar con medios, tener una sección propia y en revistas como Alecart o Dilemateca, sería un gran honor y placer.

Tu primer libro, Otro nombre, otra puerta, ha sido traducido al rumano. ¿Cómo has conseguido llevar tan lejos tu novela?

Bueno, no sabría decirte con exactitud. A veces, las cosas suceden de manera paulatina y sin apenas darte cuenta. No es algo que tuviera en mente o como proyecto, pero apareció la oportunidad y me entusiasmó la idea. Siempre estaré profundamente agradecido a Dora Pavel, una amiga y gran escritora, decisiva en la traducción y publicación de este libro. Y, por supuesto, a la editorial Univers por confiar en mi trabajo. Publicar en otro país es una gran experiencia y abre una nueva dimensión en la escritura. Cambian muchas cosas a la hora de escribir, algo de lo que aún sigo aprendiendo, encantado.

¿Llegarán a otros países el resto de las novelas de Eduardo Caballero? 

Tengo esa intención y objetivo. Como decía, es algo muy estimulante y aporta mucho a la escritura, se abordan los textos de manera diferente y es algo que me hace disfrutar de mi trabajo con un valor añadido. Se está trabajando en esa línea, siempre busco ese paso más allá y la mejora continua en cada proyecto. Confío en que pueda ser así, que mi trabajo pueda llegar a otros países y a más lectores de diversa índole.

Otro nombre, otra puerta, Ahora que no estás, Los bolsillos del corazón, Charcos en la hierba… ¿Cuál de tus obras es tu niña mimada?

No sabría decirte, la verdad. Cada una tiene su identidad, con cada una he podido vivir momentos que son únicos y cada texto es diferente. Sería injusto señalar una como la más querida o más mimada. 

Quizá sea más sencillo elegir el mejor momento de una vida, pero ¿a quién quieres más? Ninguna existiría sin la otra, todas son puertas que se abren y se cierran, todas son parte de un universo. 

De veras, resulta difícil escoger una en especial. Las novelas, Ahora que no estás y Charcos en la hierba, tienen una dimensión diferente por su intensidad y su carga emocional, por ser caminos de largo recorrido que requieren un esfuerzo y unas herramientas diferentes. Pero Otro nombre, otra puerta y Los bolsillos del corazón, son libros también significativos en estos aspectos; de recorrido más corto, pero no menos intenso.

Eduardo Caballero en el Festival de Literatura y de Traducción de Iasi en 2018. Foto obtenida de la página de Alecart.

¿En qué se inspira Eduardo Caballero cuando se pone a escribir?

Si bien la inspiración, en cierto modo, se encuentra presente en cada instante vital, es cierto que, en general, el acto de escribir es posterior a la inspiración propiamente dicha. Quiero decir que la inspiración no es suficiente para sentarse a escribir sino que hay un trabajo a partir de ella, tras el cual comienza la escritura, cuando lo hace. No toda inspiración o idea acaba en escritura. 

Siempre he sentido el acto creativo como el proceso por el que se produce la lluvia. Las nubes se van formando entre las corrientes de aire, a partir de una idea o de una inspiración, el cielo se encapota, todo se va conformando y apuntando a una narración, y sobreviene la lluvia, el acto de escribir, dar forma al trabajo de desarrollo como si fuera barro entre las manos. 

Por supuesto, no todo lleva al mismo fin, pero, respondiendo al fondo de la pregunta, la inspiración es algo que puede encontrarse en cualquier hecho, en cualquier momento, en cualquier conversación o en cualquier persona. Puede decirse que todo está ahí, en movimiento, y, en un instante, una asociación, un pensamiento, une piezas y me dejo llevar, a ver hasta dónde llega. 

La inspiración proviene de la observación activa, la escucha, la reflexión o el silencio, pero, sobre todo, del movimiento, del devenir. Creo que bien podría compararse con el amor, en el sentido en que se encuentra cuando menos la buscas y, tal vez, en algún que otro sentido. Me gusta sentir y observar, reflexionar, hacerme preguntas e indagar, abrir mi pensamiento. Quizá todo ese movimiento sea la fuente de inspiración.

¿Sigues alguna especie de ritual a la hora de ponerte a escribir?

Sí, he de confesar que soy una persona, en general, con algunas manías, hábitos o costumbres (no siempre es sencillo encontrar la diferencia). No siempre es posible este ritual, en todo o en parte, y procuro no dejarme influir demasiado por él. 

Trabajo siempre en el mismo sitio, en mi mesa de trabajo. En ella tengo objetos especiales que me traen recuerdos de personas y de épocas pasadas. Me gusta que haya silencio y determinado tipo de luz, y procuro comenzar con una taza de café en la mesa. Suelo prepararme todo antes de comenzar, respirar, conectar con una parte de mi interior y, desde ahí, tomar contacto con el trabajo que tenga entre manos. 

Es desde ese punto desde el que comienzo a escribir. Necesito encontrarme dentro de ese mundo. Sería como entrar a un lugar acogedor con un hilo atado para poder regresar. Un hilo que, lejos de molestar, ayuda en el proceso creativo. Es importante para mí este nexo, detengo la escritura si lo pierdo.

¿Qué aporta la escritura a tu día a día? 

La escritura siempre me ha ayudado, y continúa haciéndolo, a sobrellevar el mundo, tanto el exterior como el interior. A comprenderlo y a observarlo desde diferentes puntos de vista. Abre la mente y es una herramienta para el pensamiento. 

A veces pienso que me hace mejor persona, pero esto es algo que no me atrevo a afirmar con determinación. La escritura me aporta tranquilidad, me proporciona un cierta calma interior y me acerca a la vida en el sentido de desear disfrutarla. Me construye como persona y me conecta con los demás, de los que tanto recibo. 

La escritura no siempre ni usualmente es agradecida y, aún así, enriquece mi existencia, me siento conmigo mismo, con diversas partes de mí mismo, y me ayuda a conversar, conmigo en primera instancia, y con los demás, con el mundo, en última instancia. Considero importante estos equilibrios.

Yo misma he reconocido en más de una ocasión que, durante años, solo leía a autores extranjeros, ya fuera por mis gustos o porque hasta ahora eran quizás los más publicitados. Desde hace un tiempo a esta parte, me inclino más por autores españoles que eran, para mí, completamente desconocidos. ¿Cree Eduardo Caballero que, en general, el lector empieza a decantarse más por “el producto nacional”? 

No, creo que el proceso es contrario. España, además, es un país en que tradicionalmente se ha valorado más cualquier producto extranjero. De hecho, hay varios escritores españoles utilizando seudónimos de matices extranjeros, generalmente americanos, por una mera cuestión comercial. 

Obviando los años de dictadura, durante las décadas ochenta y noventa se leían más autores nacionales que extranjeros, en mi opinión. Hoy en día los lectores de a pie confían más en libros y sagas de entretenimiento. Personalmente, no me decanto por uno ni por otro y suelo leer ambos tipos de autor. Tanto en España como en el extranjero, hay grandes autores y magníficos trabajos, y esto es lo que me interesa, buenos autores y buenos libros, con independencia del origen. 

Solo queda un matiz esencial y es que los textos de autores nacionales proceden del autor, puedes leer el texto original, sin la intermediación de una traducción que, por fuerza, modifica matices del texto primigenio.

¿Cuándo comienza un escritor a considerarse a sí mismo como tal?

Es algo muy personal, desde luego. Es fácil considerarse escritor cuando una editorial de nombre paga tu trabajo o una revista, o cuando todos te consideran escritor. De acuerdo con el diccionario, escritor es el que escribe y, en este sentido, alguien que escriba un diario a lo largo del tiempo puede considerarse escritor, incluso un columnista o el soldado que durante años escribe cartas a su madre desde el frente. 

¿Era escritora Ana Frank? Hay quien podría considerar escritor a quien tiene obras publicadas, ésta es la segunda acepción del diccionario. Podríamos aplicar el mismo razonamiento que con la primera. Ahora bien, ¿en qué momento se considera una persona escritor?, ¿en qué momento siente que lo es? Yo llevo sintiéndome escritor y deseando serlo desde los once años. 

Sin embargo, me he cuestionado con frecuencia y me ha costado mucho reconocer lo que soy y llamarme escritor. Desde que lo hago, me siento mejor y me ayuda a afrontar mis retos. Y creo que alguien puede ser escritor, aunque no escriba una sola palabra. Es un buen punto de reflexión.

Y tú, con tu carrera, ¿te consideras ya escritor o aún eres principiante?

Me considero escritor, es necesario hacerlo para poder trabajar bien. Imagina que tratas de construir un edificio sin sentirte arquitecto. Puede ser, bien, no es un caso extraño, pero no obtendrás los mismos resultados. Cuando creas algo es vital estar convencido de ser el creador. 

Creo que mi carrera apenas ha comenzado. Cuando se publicó Otro nombre, otra puerta, recuerdo que tuve esta reflexión previa, recuerdo tomar conciencia de que ese paso significaba el comienzo de una carrera literaria en la que no podía ni quería desfallecer.

Mi experiencia como corredor de fondo en mi juventud, fue de gran ayuda. No puedo considerarme principiante, ya que el principio es algo que queda atrás; me considero un escritor evolucionando, creciendo y aprendiendo. Es lo mejor de esta profesión, encontrarse en el camino.

Como buen escritor, te gustará leer. ¿Cuál es el escritor preferido de Eduardo Caballero?

No tengo uno concreto, aunque es cierto que tengo mis predilectos, por decirlo de alguna manera. Hay épocas en las que leo más a unos que a otros y, desde luego, siempre está el conocer nuevos autores. Como referente, mencionaré alguno de mis favoritos. 

Autores nacionales: Alejandro Gándara, Eloy Tizón, Ángeles Caso, Roberto Bolaño o Berta Vias. 

Autores extranjeros: Wilde, Dickens, Faulkner, Hanke, Pressburger o Chéjov. La lista es larga, la verdad. Y no quiero olvidarme de Heinrich Böll.

¿Y qué libro considera Eduardo Caballero imprescindible desde el momento en que lo leyó?

Bueno, igualmente hay muchos, la verdad. David Copperfield, de Dickens; La maleta de mi padre, de Orhan pamuk; De profundis, de Oscar Wilde; los relatos de Chéjov; Robinson Crusoe, de Defoe; Alicia tras el espejo, de Carroll; El gran cuaderno, de Kristoff… Y me dejo en el tintero unos cuantos imprescindibles.

¿Qué libro ya escrito hubieras deseado escribir tú?

Quizá me hubiera gustado tener el talento de Wilde, pero nunca me he formulado esa pregunta, la verdad. Es cierto que, en ocasiones, acabo una lectura y pienso: “me encantaría escribir algo así”. Esos son los libros que más hondo me influyen y de los que más aprendo. Me sucedió esto, por ejemplo, con Opiniones de un payaso y con El pan de los años mozos, ambos de Heinrich Böll.

Uno de los esenciales para Eduardo Caballero es Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll. Imagen obtenida de La Casa del Libro.

Una última pregunta: ¿hay libro nuevo cociéndose en las manos de Eduardo Caballero?

Sí, estoy trabajando en torno a una interesante idea con forma de novela y, aunque esté centrado en este proyecto, trabajo también en otras ideas que me resultan atractivas y con las que estoy disfrutando y aprendiendo. Una de ellas es una colección de relatos que llevo tiempo esbozando.

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