Ulises en la Divina Comedia de Dante

Divina Comedia de Dante. Imagen de Amazon.
Divina Comedia de Dante. Imagen de Amazon.

En este análisis, observaremos algunos aspectos narrativos de la Divina Comedia de Dante Alighieri, donde el personaje queda dibujado como un villano. 

Asimismo, detallaremos algunos enigmas que pueden detallarse en su último viaje, a través de uno de los más interesantes y misteriosos capítulos de la magna obra de Dante.

Ulises es el personaje más representativo en el capítulo de la Divina Comedia de Dante, donde, en el Octavo Círculo del Infierno (donde son castigados los Consejeros del Fraude) su alma se encuentra atrapada junto a la de Diomedes. 

Este último pagaba condena por la construcción del Caballo de Troya, la trampa que permitió a los micénicos burlar las defensas de los troyanos, según la Ilíada de Homero.

En este contexto, Dante, en boca de Ulises, confiesa que, una vez terminada su Odisea, no pudo resistirse a regresar a los mares para vivir nuevas aventuras. 

Ni los sentimientos hacia su mujer, su hijo, o su padre, pudieron detenerlo, ni tampoco su deber como Rey de Itaca. Por ello, había decidido departir justo a su fiel cuadrilla.

Durante este nuevo viaje, Ulises exploró nuevas tierras y, ansioso por desafiar lo prohibido, cruzó la Garganta de Hércules —el Estrecho de Cádiz.

En esa aventura, pronunció un discurso motivador a su tripulación, que culminaba con la épica sentencia: «No estamos hechos para vivir como brutos, sino para alcanzar la libertad y el conocimiento». 

Según el Ulises de la Divina Comedia Dante, cuando alcanzaron la gesta, se encaminaron por la travesía del océano Atlántico y partieron rumbo hacia el Sur. 

Por desgracia, cuando entrevieron una gran montaña en su horizonte —la montaña del Purgatorio—, una tormenta hizo naufragar su embarcación y todos los tripulantes fallecieron en las aguas.

Según las interpretaciones académicas, las cuales constituyen una visión hegemónica, que se enseña en institutos de secundaria y universidades, esa tormenta fue un castigo de Dios a Ulises por haber retado, abiertamente, su Ley. 

Por lo que cabe preguntarse si hay una redundancia en torno al concepto de castigo divino, si tenemos en cuenta que la misma Odisea de Ulises fue un castigo por retar a Neptuno.

En cuanto a las interpretaciones respecto a esta narrativa, hay diversos críticos que se preguntan si fue así realmente, o si hay más factores detrás del viaje de Ulises y su condena.

¿Y si la tierra avistada por Ulises en la Divina Comedia de Dante no fuera el Purgatorio?

Existe una extraña coincidencia respecto al último viaje de Ulises por el Atlántico, la ruta utilizada por el personaje de la Odisea era más o menos la misma que Cristóbal Colón, 200 años después, utilizaría para llegar a las Américas. 

La hipótesis de que, en vez de hallar la montaña del Purgatorio, estaría acercándose al Nuevo Continente, podía hallar cierto respaldo en el hecho de que, según los historiadores, ya en la época de Dante, la certeza de que la Tierra era redonda estaba bien arraigada en la gente más culta, incluso en las clases dirigentes. 

Aunque hay vagas sospechas de que antes de la época de Colón y de Dante ya se había llegado a América. Esta última es una hipótesis que ha ido cobrando fuerza con los hallazgos más recientes sobre presencia europea en el continente americano.

A través de los últimos descubrimientos sobre la presencia de culturas vikingas en suelo canadiense desde el s. X, existen hipótesis de que, desde la Edad Antigua, América ya había sido explorada, o avistada por diversas civilizaciones como los egipcios, los fenicios (capítulo detallado en «L’America dimenticata» de Lucio Russo), griegos, romanos o chinos. 

De cualquier modo, una expedición a las Américas, aunque existiesen factores para pensar que podría haberse dado antes de la llegada Cristóbal Colón, suponía una empresa muy peligrosa y costosa para los Estados de entonces. 

Existían múltiples factores que complicaban la gesta, como la dificultad para la preparación de provisiones, el estado de la tecnología necesaria para construir barcos que pudiesen soportar viajes tan largos y turbulentos, víctimas de asaltos por parte de los sarracenos que patrullaban las aguas del Califato de Granada.

Esto demuestra por qué la mayoría de los valientes que lo intentaron jamás volvieron a sus puertos, lo cual alimentó la leyenda de los monstruos marinos o la idea de que la Tierra era plana y terminó con la Montaña del Purgatorio o el vacío.

Con respecto a las turbulencias, tanto en la época como ahora, tener sólidos conocimientos de las rutas marinas era, y es, indispensable. 

En aquellos años, el imperativo era el de navegar rumbo suroeste para aprovechar los vientos alisios y evitar las temibles tempestades heladas o los icebergs del Norte del Atlántico. 

Siempre se viabaja en ciertos periodos estacionales, para también huir del peligro de encontrarse con una tormenta tropical. Como vemos, no era una tarea fácil porque el viaje de ida y vuelta podría tomar varios meses.

Si vamos más allá en el tiempo, podemos suponer que, como Ulises, no solo contaría con una tecnología marinal más atrasada aún, pero sí con unos sólidos conocimientos de las rutas marinas, o de la climatología de los mares. 

Al fin, y al cabo, él era un jefe militar, el administrador de un estado insular, un marinero improvisado, o un último viaje completamente improvisado.

Resumiendo, no parece casual la elección de un remolino de viento, en lugar de un relámpago, un monstruo marino, o una ola anómala, como medio para castigar la soberbia del viajero griego, por la evidencia de que los fenómenos naturales, como los tornados y huracanes, son típicos de la franja tropical del Atlántico. 

Crítica ética a Ulises

Si parafraseamos la respuesta de Ulises a Virgilio, sobre su decisión de emprender otra vez la vida en los mares: «No bastó el amor de su mujer, de su hijo, y de su anciano padre». 

Todo aquel que haya leído la Odisea, se daría cuenta de que Ulises, en un ataque de egoísmo y vanagloria, dio la espalda a aquellos que más lo querían y necesitaban, aparte de haber abandonado su trono como Rey de Itaca, ¿para qué?

Cuando Ulises decide emprender, de nuevo, la vía de los mares, Ulises no se comporta como un buen marido, padre, hijo, o líder. 

Dante Alighieri admiraba ciertas cualidades de Ulises, pero no podía salvarlo, colocándolo en el Limbo, como otras personalidades mitológicas de la Edad Antigua.

Dante no podía aceptar que Ulises dejara tirada a su mujer, quien le había sido fiel, pese al continuo cortejo de los procos

Mientras que Ulises, en la Isla de Eea, sí se rindió ante los encantos de la meiga Circe. 

Este contravino así sus obligaciones matrimoniales, faltó el respeto a su esposa y cometió adulterio, como se refleja en el Canto V, que se cita en la historia de Tristán e Isolda.

Además, faltó a sus obligaciones como padre, ya que, cuando estuvo lejos de su patria, su hijo, Telémaco, creció sin una guía paterna que lo instruyera en las nobles artes. 

En la película ‘1997’, los resultados de la prolongada lejanía paterna, se reflejaron en el momento en el que el joven sufrió una derrota humillante por parte de un príncipe proco durante una pelea de boxeo.

Por otra parte, no supo honrar a su anciano padre, Laerte, quien deseaba disfrutar con él los últimos años de su vida. 

También a Ulises se le puede imputar una responsabilidad cívica hacia sus súbditos, huérfanos de un monarca sabio y experto. 

Si consideramos los estándares de la sociedad de la Edad Antigua, y sus formas de gobierno, era como si un jefe de gobierno de la actualidad abandonara su puesto por fútiles motivos sin fundamento.

Dante, probablemente, había gastado muchos años de su vida en los campos de batalla 

Dante Alighieri creía en unos códigos de caballería, que prohibían ciertas prácticas fraudulentas, o no apoyaba las filosofías que veían bien conseguir un objetivo, sin importar la manera de hacerlo.

Como hemos dicho antes, en la Divina Comedia de Dante se pone en el Infierno a varios héroes griegos protagonistas de las Ilíadas, como Aquiles, o Agamenón. 

Mientras que a héroes troyanos, como Héctor o Enea los colocaba en el Limbo, como una zona franca del Infierno, en la que los condenados no reciben castigo alguno. 

A pesar de que Dante, especialmente, en su obra «De Monarquía», reconoce la autoridad imperial, y alaba al Imperio Romano, como promotor de un Estado de Derecho. 

En los tiempos de su activismo político en Florencia, el poeta fue militante de los Güelfos Blancos, el ala moderada de los güelfos que reconocían la autoridad del Papa, y reservaban su ideología para el ámbito espiritual. 

Cabe recordar que, por entonces, los güelfos se enfrentaban a los gibelinos, que sostenían la autoridad imperial de aquel entonces.

Una filosofía detrás de la Divina Comedia de Dante

Acercarnos a la figura de Ulises dentro del contexto de la Divina Comedia, como una secuela de la Odisea, nos deja en claro varios asuntos que hay que tener en cuenta en esta última parte. 

En primer lugar, la simpatía de Dante hacia el personaje de Ulises, con el que compartía la búsqueda de la verdad frente al oscurantismo promovido por la religión. 

Además de su rebeldía, rozando siempre los límites impuestos, transportandonos a nuestro «adolescente interior» guardado en nuestro subconsciente de manera indefinida.

La enseñanza principal de Dante en este Canto es que los dones, como la curiosidad, la inteligencia o el liderazgo, tienen que ser utilizados en consonancia con la ética, la moralidad y la responsabilidad. 

Más allá de estos valores, podemos ver en las páginas del libro cómo es reflejada la lucha contra los demonios interiores (temores, malos hábitos, instintos ancestrales, etc.), a través de un enfoque racional o del método científico. 

En resumen, toda la obra representa el viaje del poeta de Florencia para enfrentarse con sus demonios internos, y reencontrarse a sí mismo. 

La «selva oscura» era la alegoría de que, en algún momento, Dante se había apartado del camino de lo correcto. 

Como vemos, este viaje vital se contrapone al de Ulises, quien, en cambio, emprendió su viaje para perderse a sí mismo porque se había abandonado a la merced de sus instintos.

Respecto a la montaña que supuso el fin del viaje del Ulises de la Divina Comedia de Dante, el texto fomenta la sospecha de que, al menos, ciertos círculos tenían la información de que podía haber una tierra desconocida más allá del Atlántico. 

Por ende, si algún día se encuentran las pruebas concretas y definitorias que corroboren la hipótesis, se podría afirmar que 1492 no fue la fecha del Descubrimiento de América, sino el comienzo de su colonización.

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