Cuando se puede ayudar de corazón

Ayudar de corazón da un poco de esperanza a quienes escapan de las guerras. Fuente de imagen: Pixabay.
Ayudar de corazón da un poco de esperanza a quienes escapan de las guerras. Fuente de imagen: Pixabay.

La guerra de Ucrania, al igual que muchas otras, demuestra lo que se puede llegar a lograr cuando realmente se quiere ayudar de corazón 

Hay una canción de un gran grupo vallisoletano que dice: «tranquilo, majete, en tu sillón». Asimismo, un poema de un famoso poeta alemán narra lo siguiente: «ahora vienen a por mí, pero ya es demasiado tarde». Siempre han resonado mucho en mi cabeza estas frases.

Hace más de un mes que estalló la guerra de Ucrania porque un dictador decidió invadir un país porque sí, con base en mentiras hacia su país, hacia el país que invadía y hacia el mundo entero, en general.

Por sus ansias de superioridad, mediocridad e ignorancia pensó que sería una buena idea destruir un país, sus ciudades y la vida de todos sus habitantes con ideas inventadas en suposiciones inexistentes.

Mientras tanto, el resto del mundo ha presenciado, y sigue presenciando, tal atrocidad desde sus casas, por la televisión. Por suerte, se han puesto en marcha muchísimas vías de ayuda para ese país cuya bandera representa el azul de sus cielos y el amarillo de sus campos de cultivo.

No sé cómo ni por qué cayeron en mis manos unas listas de correo en las que apuntarse para dar refugio a todas las personas que estaban dejando atrás sus casas y vidas, solo con aquello que pudiera caber en una mochila, y salían literalmente corriendo para salvar sus vidas.

No sé cómo ni por qué cayeron en mis manos unas listas de correo en las que apuntarse para dar refugio a todas las personas que estaban dejando atrás sus casas y vidas, solo con aquello que pudiera caber en una mochila, y salían literalmente corriendo para salvar sus vidas. Esto es lo que sentí cuando vi a M. esperándome en una boca del metro del centro de Madrid.

Esta letra M. representa a todas las personas que han huido de la guerra de Ucrania

M. es una joven de 21 años de Kyiv que, sin pensárselo dos veces, metió todo lo que pudo en un macuto, abrió una lista de contacto y me escribió para preguntarme si podría quedarse en mi casa.

En otro país, a miles de kilómetros de distancia de la suya, sin conocerme, confiando y, sobre todo, siendo tremendamente valiente para tomar esa decisión y atravesar toda Europa para evitar morir en una guerra sin sentido, injusta y llena de mentiras.

Hacía semanas que me revolvía todo lo que veía en la televisión. 

Se me caían las lágrimas al ver esas imágenes de la guerra de Ucrania y sentía incredulidad pensando que esto pudiera pasar en pleno siglo XXI. Con solo apenas 100 años desde de unas guerras mundiales horribles y muy semejantes a esta.

Parece que no aprendemos y el ser humano debe tropezar más de dos veces en la misma piedra.

Pero también se me caían las lágrimas viendo a gente de cualquier parte del mundo realizar actos de bondad y prestar ayuda desde el corazón desinteresadamente desde el primer minuto que la guerra empezó. Como una pareja de amigos que se montaron en sus coches y fueron a buscar a gente a Polonia.

Si os digo la verdad, no sabía qué hacer. ¿Donar dinero a una ONG? ¿Coger también el coche e ir a por gente? ¿Comprar comida y enviarla?

Leía con el corazón en un puño la historia de otra persona, compañera de profesión, que también se atravesó media Europa con su mascota para estar a salvo. Mientras, sus padres permanecían en medio del caos y la destrucción, y su pareja decidía luchar por su país, por la libertad y en contra de la opresión ignorante de una sola persona.

Y yo, viendo qué pasaba en la guerra de Ucrania «tranquilamente» sentada en mi sillón

Hay gente que me ha dicho si no me da miedo alojar a gente en mi casa. ¿Miedo?, por favor. Miedo es lo que sienten ellos al no saber adónde ir y si algún día podrán volver a su país o casa, si es que sigue en pie. 

Miedo es el contactar con una persona —vete tú a saber qué tipo de persona— e irte a su casa, confiando en que vas a tener un sitio donde dormir tranquilamente, poder descansar, pero sobre todo, estar a salvo.

La noche que llegó M., mientras preparábamos la cena, me preguntó: «¿Por qué ayudas a la gente?».

La pregunta me sorprendió mucho si os soy sincera. Lo único que pude responder es qué otra cosa podía hacer más que alojar a gente viendo lo que estaba pasando en la otra punta de Europa.

Porque, básicamente, lamentarme y llorar por todo lo que estoy viendo y leyendo sobre la guerra de Ucrania, no es parte de la solución y no soy de las de quedarme tranquila sentada en mi sillón. Bien lo sabe la gente que me conoce.

No me considero mejor que nadie por hacer lo que hago. Creo que cada persona ayuda de la mejor manera que puede y eso es lo importante. Yo, sencillamente, lo hago.

¡Paz!

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