Cuando la maternidad deseada no llega

Maternidad deseada. Fuente de imagen: Pixabay.
Maternidad deseada. Fuente de imagen: Pixabay.

A menudo, se tiende a pensar que toda maternidad deseada es. Así, sin contemplaciones, pero no siempre es verdad: no todas las mujeres quieren quedarse embarazadas, y no todas aquellas que lo buscan lo logran.

Por ejemplo, en Reino Unido, 1 de cada 7 parejas que buscan lograr una maternidad deseada tienen dificultades, y en un 25 % de los casos no se puede explicar por qué, según la NHS (sistema nacional de salud pública).

Todas las mujeres cumplimos una cierta edad (y esa edad, aunque parezca mentira en el siglo XXI, rondan los 30) y aún no tenemos descendencia, tenemos todo tipo de presiones para que seamos madres y, además, ha de ser una maternidad deseada. 

Todas sabemos que eso no es así. Ni todos los embarazos son buscados (ni deseados, porque no es lo mismo), por lo que se nos critica si decidimos abortar, ni todas las mujeres que buscan el embarazo lo logran, por lo que se nos critica por no tener hij@s (aunque no se sepa el porqué). En cualquier caso, parece que la cuestión es que, hagamos lo que hagamos, todo está mal.

A veces, la presión viene incluso de nosotras mismas al ver que no logramos alcanzar el objetivo, ya que ya sea porque buscamos protegernos o porque intentamos lograr una maternidad deseada, lo cual puede añadir presión a la pareja y a la situación y causarnos ansiedad. 

Otras veces, esa presión viene del entorno, por lo que, durante el proceso de crecer como personas, puede que tengamos que aprender a decir «basta» o poner los puntos sobre las íes a determinadas personas y aclararles que nuestra vida la dirigimos nosotras.

Puede que, en alguna ocasión, sea necesario recurrir a la ayuda médica para lograr nuestro objetivo: la maternidad deseada, al igual que la no deseada, puede acarrear consecuencias para nuestro cuerpo (como tener que pasar por un aborto, que no es ni mucho menos es un proceso fácil para por muchos motivos), también puede causarnos algún que otro problema.

Por ejemplo, los niveles de ansiedad aumentan durante el proceso de intentar concebir, especialmente si no se consigue en el plazo deseado, y esto nos afecta nuestro día a día, con nuestra pareja y también tiene repercusiones para nuestra salud.

A veces ocurre que, especialmente si hay bebés en nuestro entorno, nos sentimos mucho más frustradas porque no tenemos lo que otras personas «han conseguido».

Lo que tenemos que hacer es pararnos a pensar que no todas las personas vivimos las mismas circunstancias y que no podemos compararnos con l@s demás, sino que nuestra vida importa por sí sola.

También se puede hablar de un sentimiento de frustración constante del que parece que no podemos librarnos, y esto influye en muchas ocasiones a nuestro carácter. 

Tendemos a pensar que, si una cosa que buscamos no nos sale bien, nada lo hará, pero nada de eso es real. Se llama agotamiento emocional, y se puede solucionar.

Solo hay que saber cuándo debemos escuchar a nuestro cuerpo y descansar cuando este nos lo pida.

La maternidad deseada (aquella que es consecuencia de un acto para el cual nos hemos informado previamente y que sabemos que nos hará felices) ha de ser disfrutada, y no solo el hecho de tener «por fin» un bebé, sino también los procesos de concepción y de crianza en sí.

No obstante, si hay algo que no podemos aprender de todo el camino es que no por tener más prisa secará antes. La maternidad deseada puede darse o no.

Lo importante es aprender a disfrutar del recorrido y pedir ayuda si notamos que es necesario, y es que el cuerpo es sabio y nos ayuda a ser conscientes de que la maternidad es deseada o no será.

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