No a la violencia de género - Ni una menos. Imagen de Eulixe.
No a la violencia de género - Ni una menos. Imagen de Eulixe.
No a la violencia de género – Ni una menos. Imagen de Eulixe.

No voy a utilizar metáforas ni palabras bonitas, voy a decir exactamente lo que pienso, tal y como lo pienso. En días como estos me avergüenzo de ser persona. Y de ser hombre. Hoy es el día contra la violencia de género.

Un montón de manifestaciones y actos contra la violencia de género han ocurrido a lo largo del día en el país, y han aparecido en los medios. La mayoría de comentarios que me he encontrado en las redes sociales al respecto es que qué pasa con la violencia ejercida hacia el hombre, o, directamente, el decir que la violencia no tiene género. Vayamos por partes.

Nadie está desmereciendo la violencia que sufren los hombres a nivel particular, pero, como colectivo, los hombres sufren mucha menos violencia por parte de las mujeres por ser hombres que las mujeres por parte de los hombres por ser mujeres. Es un hecho. Y es normal que se dé más importancia (de manera global) a, por ejemplo, 50 muertos, que a 10. Y no es solo una cuestión de cantidad, sino del origen de esas muertes y de la responsabilidad que tenemos como sociedad.

Obviamente, si educamos en el machismo, la desigualdad, la posesividad del hombre sobre la mujer, todos somos responsables de esas muertes. Y todos debemos hacer algo para evitar que sigan ocurriendo. El hecho de que un día como hoy se intente dar la vuelta al tema, no solo ensucia el día y el tema por el que se está luchando, sino que muestra la poca amplitud de miras que tienen las personas que expresan esas opiniones.

Puedes pensar todo eso que he dicho (aunque estarás equivocado…) pero utilizar un día como hoy, invalidando la lucha que está teniendo lugar, no hace bien a nadie. Perfectamente esas personas podrían apoyar esa lucha que está ocurriendo hoy y a la vez crear otra lucha por aquello que ellos creen que se debe luchar. Pero no crear un enfrentamiento. También he escuchado argumentos como que hay más muertes globales de hombres que de mujeres, lo cual es cierto. Pero eso no tiene mucho que ver con lo que se considera violencia de género. 

La violencia de género es aquella violencia que es sistemática, que forma parte de la sociedad, y donde el género es un gran factor a la hora de que haya violencia o no. Es decir, la mayoría de las muertes de hombres no son por el hecho de ser hombres. No tienen que ver con el ámbito de pareja o de educación de su género, sino que tiene que ver con otras cuestiones que no están implícitamente vinculadas al género.

Hay gente que ha negado que la violencia ejercida hacia una mujer, en los términos en que lo llamamos violencia de género, sea por ser mujer. Yo lo he comparado con una pareja homosexual de hombres. ¿Cuántas muertes, en proporción, existen en esos casos? ¿Se mata más en parejas heterosexuales? Porque, si es así, el factor que es diferente, que explica que haya más muertes, es justamente el género de uno de los integrantes de la pareja: la mujer.

Así que es obvio que sí, la violencia que recibe la mujer no es la misma que recibe el hombre, y sí que recibe violencia «por ser mujer». Querría resaltar, además, que cuando hablamos de violencia de género, hablamos la mayoría de las veces de muertes, o denuncias de maltrato. Pero la violencia de género es mucho más.

La violencia de género es toda aquella violencia, física o psicológica, que realizas sobre una mujer y que no realizarías en las mismas circunstancias si la otra persona, en vez de mujer, fuese un hombre. La cura para la violencia de género pasa por detener esa diferenciación de género que existe: si hombres y mujeres fuesen tratados por iguales, no habría más muertes de un género u otro.

Cuando dejen de existir ciertas actitudes esperadas de un hombre, pero no de una mujer, o viceversa, será cuando estemos más cerca de erradicar esa violencia. También, obviamente, la lucha contra la violencia de género pasa por la lucha contra la violencia en sí misma. Yo no comprendo en qué mundo vivimos donde creemos que es justo (o no creemos que sea justo, pero lo hacemos igual) el ejercer violencia sobre otra persona. 

Vivimos en un mundo de competición, de posesión. De conceptos como el amor totalmente deformados, que acaban siendo las puertas tanto a violencia tanto física como psicológica: vigilar qué hace tu pareja, prohibirle hacer ciertas cosas… Se deben endurecer las leyes, por un lado, para evitar reincidencias y, por otro, de manera persuasiva para evitar que se produzca más violencia, pero el mayor problema que origina la violencia es la educación. La sociedad.

Que existan mujeres que sean educadas de tal manera que su pareja tendrá derecho a exigirle ciertas cosas, y castigarla si no las hace. Que existan hombres que se crean que tienen el derecho de actuar así. Que no se den cuenta de que la forma en la que vivimos no debería ser así. Que deberíamos vivir en paz. Con amor. Pero con un amor de verdad, no con una posesión revestida de amor. Seguro que me dejo muchas cosas en el tintero, pero creo que se entiende por dónde voy.

Luchemos por una sociedad que nos haga libres. Que nos haga querernos a nosotros mismos y a los demás. Que nos enseñe el buen amor. Que nos enseñe que todos somos iguales, que tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones. Que el género no importa. Que una mujer y un hombre tienen derecho a hacer lo mismo.

Que no tenemos derecho a imponernos con violencia sobre los demás. Luchemos por crear una sociedad donde no tengamos que avergonzarnos de las barbaridades que hacen esas personas con las que compartimos este mundo.

Escrito por Luis Sánchez Arguiano – Hay un filósofo en mí.

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