¿Qué ha pasado en Sudán y por qué se habla tanto de este país últimamente?

Mapa de Sudán. Fuente: Wikipedia.
Mapa de Sudán. Fuente: Wikipedia.

En 1989, el militar Omar Al-Bashir asumió el poder en Sudán, luego de una guerra civil que duró dos décadas. 

El mandatario continuó dirigiendo el país durante treinta años más, lo que hizo que el país se convirtiese efectivamente en una dictadura. Además, en ese tiempo se consolidó en el territorio una interpretación severa de la ley islámica o sharía. 

En el pasado diciembre, tras el anuncio de Al-Bashir de que se producirían aumentos en los precios del combustible y el pan, comenzaron a organizarse grandes protestas en contra de su régimen. Finalmente, los protestantes lograron que Al-Bashir fuera derrocado. 

Posteriormente, una junta militar de transición se instaló para dirigir el camino hacia la democracia. Pero el pueblo sudanés exigió un paso inmediato hacia un gobierno civil y democrático, por lo que surgieron aún más manifestaciones pacíficas. Como respuesta, el grupo paramilitar “rapid support forces”, junto a la policía sudanesa, asesinó aproximadamente a 246 personas. 

Human Rights Watch, una organización sin fines de lucro conformada por expertos en derechos humanos, reportó también violaciones masivas a mujeres y niñas.

Las Naciones Unidas condenaron la postura de los dictadores, pero países como los Emiratos Árabes apoyaron el régimen de Al-Bashir. Además se restringió el acceso a internet, lo que impidió la llegada de información confiable sobre la situación a medios internacionales. 

Las marchas continuaron durante meses, y el hashtag #SudanUprising se volvió viral en Instagram, donde muchos activistas hablaron acerca de la situación del país en un intento por romper el muro mediático.  

El 4 de julio, Mohamed El Hacen Lebatt, mediador entre el Consejo Militar de Transición y la Alianza para la Libertad y el Cambio, anunció un acuerdo que prevé una transición hacia la democracia a lo largo de tres años. 

La alianza estará conformada por cinco militares y cinco civiles, más otro civil más elegido entre las dos partes. Los primeros 18 meses, el “Consejo soberano” estará dirigido por los militares, y los últimos quince meses, por civiles que permanecerán en el poder hasta el final del paso hacia la democracia. 

Ambas partes acordaron también investigar las denuncias por violaciones a los derechos humanos ocurridas durante las manifestaciones en Jartum. 

Mujeres y revolución en Sudán

Las protestas fueron en muchos casos lideradas por mujeres, que organizaban sentadas pacíficas y comprendían dos tercios de los manifestantes. 

Se rebelaban no sólo contra Al-Bashir, sino también contra la ley islámica, que les impide acceder a los mismos derechos que los hombres y las convierte en ciudadanas de segunda clase. 

Además, exigen el 40 % de puestos en el futuro Parlamento de Sudán, la posibilidad de estudiar en el extranjero y la libertad de elegir su vestimenta. 

La activista Amani Osman pasó cuarenta días en prisión por participar de estas protestas, pero en sus últimas declaraciones a la prensa advirtió que “No vamos a esperar más por nuestros derechos, vamos a luchar para obtenerlos”. Además, afirma que las reglas de la sharía (ley islámica) fueron desviadas en Sudán para “amordazar a las mujeres.”

Amani Osmane, activista por los Derechos de la Mujer en Sudán.
Amani Osmane, activista por los Derechos de la Mujer en Sudán.

En la misma línea, la joven Alaa Salah se convirtió en un ícono del reclamo cuando dirigió los cánticos con el vestido tradicional de la región. Fue apodada “Kandaka”, el nombre que se las daba a las antiguas reinas nubias del lugar como forma de mostrar respeto. 

El futuro de Sudán es incierto, pero hay muchos elementos favorables en la situación. La nación africana cuenta también con el respaldo de las Naciones Unidas para realizar una transición pacífica hacia una democracia estable y hacia la salida de la grave crisis económica, que lleva ocho meses azotando al país. 

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