Miembros de la Asamblea de Aparadoras en una manifestación contra la industria sumergida. Fuente: Foto proporcionada por la fuente.
Miembros de las mujeres que forman la Asamblea de Aparadoras. Fuente: Foto proporcionada por la fuente.

La semana pasada explicábamos en qué medida afectaba la economía sumergida a la economía, especialmente en el sector del calzado. (Haz clic aquí para leer la primera parte).

Hoy queremos hablar de nuevo con la presidenta de la Asociación de Aparadoras y Trabajadoras del Calzado de Elche sobre qué es lo que exigen a las instituciones, sobre su relación con los sindicatos, cómo la ciudad pasó de ser una zona de descampados a convertirse a partir de 1970 en una parte esencial de la industria regional y nacional gracias al calzado, y el papel de las mujeres en este proceso.

¿Qué es lo que pide exactamente la Asociación de Aparadoras y Trabajadoras del Calzado de Elche?

  • Nuestra principal reivindicación es que se nos reconozcan los años trabajados, y ahí no vamos a ceder, porque no hay derecho a que una mujer se haya pasado 40 o 50 años en una máquina y que ese tiempo no sirva para nada. 
  • La segunda es que se nos reconozcan las enfermedades propias de nuestro trabajo.
  • La tercera es que se cumpla el Convenio del Calzado (ver información al respecto aquí), porque ese documento lo recoge todo.
  • La cuarta es que nos den ayudas para formar cooperativas y poder así organizarnos nosotras, quitar de en medio a los intermediarios y tratar directamente con las empresas. Necesitamos que haya un servicio que ayude a las personas interesadas a crear cooperativas, al igual que lo hay para crear sociedades limitadas o anónimas, ya que muchas aparadoras y trabajadoras no sabemos cuáles son los procesos a seguir.
  • Además, el oficio de aparadora tarda muchos años en aprenderse y las generaciones más jóvenes, al ver las condiciones en las que trabajamos, no han querido aprenderlo. Esto ha planteado una cuestión: ¿quién va a hacer ese zapato cuando nosotras nos jubilemos? Frente a esto, las empresas están creando cursos en institutos y prácticas no remuneradas para atraer a la gente joven. Por el contrario, nosotras estamos pidiendo ayuda (burocrática y económica) para crear las cooperativas para que podamos formar a esas jóvenes y contribuir a que se haga ese cambio generacional, pero con sus contratos de aprendizaje como marca el Convenio del Calzado y pagándoles lo estipulado en él.

¿Estáis en contacto con asociaciones similares de otras partes del país?

Justamente me llamaron el otro día de La Rioja, y nos siguen también desde Huelva, pero fíjate que en ningún otro sitio están como nosotras, ni siquiera en Villena o Elda (localidades cercanas a Elche). Es muy raro que en Elda te encuentres a alguien en el calzado que no haya cotizado al menos 20 años porque se acostumbra a trabajar con contrato, aunque las malas prácticas han llegado allí también.

Desde La Rioja están afirmando que están empezando a tener el mismo problema, pero que hay miedo a organizarse. A esto les respondí que les estamos dispuestas a ayudar, pero que tiene que salir de ellas el hecho de dar el paso y denunciar. Por otro lado, también estamos en contacto con las kelly, y las hemos acompañado en los escraches para apoyarles.

¿Habéis pensado en crear una asociación a nivel nacional?

No, porque hay muy poco calzado y la situación es muy irregular de una región a otra. Lo que pasa es que nuestra situación se ha normalizado, y nosotras estamos intentando romper con esa normalización.

Para que lo veáis más claro. Yo soy activista de Podemos, y desde el Círculo de Economía fuimos al pleno del Ayuntamiento y le preguntamos al alcalde que qué iba a hacer para solucionar el problema de la economía sumergida, ya que era una propuesta suya de campaña.

Abochornado, creó finalmente una mesa para hablar del tema. Una mesa a la que no nos invitaron porque no nos querían oír, aunque, según la moción de las Cortes, sí que están obligados a tratar y a negociar con nosotras. En cuatro años, esa mesa se reunió dos veces: la inicial, para constituirse, y una segunda para dotarse económicamente y para encargar un estudio a la UMH sobre economía sumergida que costó 3.000 euros.

En ese estudio, que se hizo público un año después, se afirmó que el 80 % de la población de Elche ve normal que se pague en negro, y eso fue lo que más nos cabreó: la normalización de la industria sumergida, o al menos en el caso de las mujeres, ya que los hombres sí que pueden luchar, pero a nosotras nos critican por hacer lo propio, pero ya no nos queda nada que perder.

Yo tengo 58 años, con 4 cotizados, de 44 que llevo trabajando. Éramos niñas cuando empezamos, con 14 años, e incluso había niñas de nueve.

Además, se utilizaban colas para calzado que llevan componentes tóxicos, y esto afectaba a nuestras familias también, ya que trabajábamos desde casa.

¿Habéis contactado con sindicatos para ver cómo se puede regularizar la situación? Si es así, ¿qué os dicen?

Ellos no han hablado nunca con nosotras, y de hecho nos culpabilizan, porque, según ellos, nosotras antes estábamos en casa tan tranquilamente cobrando nuestro sueldo sin cotizar y no nos quejábamos, y ahora, sin embargo, vamos y nos quejamos.

Es vergonzoso, porque en nuestro convenio del calzado hay un apartado que dice que tendríamos que haber cobrado el 10 % más por la maquinaria que ponemos y por las agujas, y no sólo no se nos paga ese 10 %, sino que no se nos hacía contrato.

Ellos lo sabían y nunca lo denunciaron, ni hablaban de nuestras condiciones laborales en las negociaciones anuales del convenio del sector. Ahora, como se sienten responsables, porque nosotras les hacemos responsables, parece que el tema no va con ellos.

Tenemos un montón de problemas con ellos y no sólo no nos han ayudado, sino que además nos están poniendo trabas. 

¿Puedes explicar cómo va esto de la maquinaria, especialmente para las mujeres que os dedicáis a esto desde casa? 

A raíz de esta pregunta te voy a contar por qué está esta situación así y por qué hablo de un sistema organizado.

En torno a los años 70, las fábricas tenían las plantillas del aparado, del doblado y del resto de partes que componen la creación de un zapato y todo se hacía en planta. 

Cuando una mujer se casaba, se le daba la dote y se le mandaba a su casa a trabajar para que cuidara de su familia al mismo tiempo.

En aquel momento, las fábricas incluso les regalaban las máquinas porque, al fin y al cabo, iban a seguir trabajando para los mismos jefes. Por eso hablo de un sistema organizado que demuestra cómo nos han tratado.

Es decir, en el momento en que te casabas, tú ya no podías seguir en la fábrica, pero tu marido sí. Más tarde, esto cambió y a partir de un momento dado ya no daban las máquinas, sino que nosotras las teníamos que comprar. 

Las máquinas son básicamente como máquinas de coser normales, solo que más resistentes porque tienes que coser materiales gruesos, como pieles. 

¿Cuánto puede costar una máquina de éstas aproximadamente?

Depende. Al sacar las plantillas de las empresas, las máquinas sobraban, por lo que podías encontrarlas de segunda mano, y hoy en día son baratas. Las antiguas las pueden pagar a unos 50 euros, pero si te compras una máquina automática de último modelo y te puede costar entre 2.500 y 3.000 euros.

Comentabas que la economía sumergida no afecta igual a los hombres y a las mujeres, e imagino que lo dices por el hecho de que los hombres podían permitirse el lujo de quejarse trabajando en las fábricas de calzado mientras que a las mujeres os mandan a casa. ¿Dirías que hay una cierta indiferencia por parte de los hombres, incluso a pesar de conocer la industria desde dentro?

No. Vivimos en una sociedad patriarcal. Eso es evidente y cada día se ve más claro. Cuando cerraron la primera fábrica donde trabajé junto a dos de mis hermanas, las primeras en irnos fuimos las mujeres, 45 en total, y los hombres de la plantilla, que se quedaron, no movieron un dedo. Más tarde les echaron también, pero entonces ya no había mujeres que les pudieran apoyar.

Ellos piensan que son aún los cabezas de familia, y parecía que la mujer solo traía una ayuda extra y no un sueldo que mereciera por su trabajo. Al parecer, creían que, como las mujeres nos aburríamos, íbamos a las fábricas a trabajar diez horas para matar el tiempo.

El otro día me dijo una mujer que un mes le pagaron 300 euros y que aún tenía que pagar la gasolina para ir a trabajar porque esperaba un contrato que no llegaba nunca.

Los propios compañeros de trabajo nos ningunean por ser mujeres, y los encargados nos faltan el respeto, no nos tratan como a personas, y quizá es porque, al aceptar esos trabajos por 300 euros, piensan que te has ninguneado tú misma para sacar a tu familia y tu casa adelante.

Cada vez más mujeres están separadas hoy en día, y tienen que trabajar por lo que les quieran pagar. Nos ningunean, y aunque he de decir que no son todos los hombres y que muchos hombres nos animan en nuestra página, ese apoyo no se ve en los puestos de trabajo. 

La razón por la que los hombres están en las fábricas es porque la maquinaria mecánica no te la puedes llevar a casa y las máquinas pequeñas sí, y cuando ha ocurrido algo no hemos tenido el apoyo de la plantilla masculina.

No obstante, las primeras que tendríamos que haber hablado éramos nosotras, y no lo hicimos porque era “normal” y todas estábamos igual. No podíamos romper ese sistema patriarcal y machista que nos ha ninguneado por el hecho de ser mujer.

Solo lo hemos logrado cuando nos hemos empoderado, e incluso vemos que falta empoderamiento por parte de algunas compañeras, y aún tenemos que trabajar mucho con ellas, porque ni están valoradas ni se sienten valoradas.

Hay muchos casos de problemas psicológicos entre las trabajadoras por la degradación que hemos sufrido. Hay historias que te parten el alma, como acoso sexual por parte de compañeros de plantilla que se encaprichaban de ellas.

Las chicas jóvenes que trabajan en las fábricas cuentan historias de acoso similares a las que ocurrían hace décadas y se tienen que callar porque a lo mejor la persona que hace esos comentarios machistas de índole sexual es el encargado, y él decide si prolongar el contrato al mes siguiente o no.

Tienes que sopesar: o luchas por tu condición de mujer, o comes, alimentas a tu familia y pagas hipoteca y recibos. 

Los contratos pueden llegar a ser de nueve o quince días, y llega un momento que ya no se permite por ley encadenar más contratos temporales. ¿Alguien se puede imaginar lo que supone vivir con esa inestabilidad económica a nivel emocional?

Miembros de la Asamblea de Aparadoras en una manifestación contra la industria sumergida. Fuente: Foto proporcionada por la fuente.
Miembros de la Asamblea de Aparadoras en una manifestación contra la industria sumergida. Fuente: Foto proporcionada por la fuente.

Hace poco leí que Elche tiene dos de los barrios con la renta más baja de todo el país. Uno de ellos es Carrús, cercano al polígono industrial. ¿Crees que son ciertas las cifras oficiales de sueldos medios de 13.000 euros anuales?

Esas cifras saldrán porque algunas personas cobren bastante, pero seguro que es mucho menos.

Aquí es donde más gente desahucian porque la gente no puede pagar sus hipotecas, a pesar de que son pisos viejos revendidos en múltiples ocasiones. 

Hay mucha gente del barrio que está prejubilada y que, aunque hacen algunos trabajillos para sobrevivir, puede haber meses en los que no entre ningún ingreso a esos hogares, ya que con los cambios de temporada (dos al año) pueden pasar dos o tres meses sin que consigas nada.

Mucha gente dependemos de las ayudas de Bienestar Social para comer o pagar las facturas, y las colas son enormes, al igual que en el comedor social del barrio.

En el mercadillo de la Plaza Barcelona abundan los puestos de ropa de segunda mano, y la gente se compra zapatos de 3 y 4 euros porque no tiene para más. Si trabajas, sobrevives, pero lo estamos pasando muy mal. Yo misma tengo una hipoteca y he estado a punto de perder mi casa. Por eso me convertí en activista.

Cuando le contáis a las generaciones más jóvenes que estáis en esta situación, ¿qué os aconsejan?

Ah, nos dicen que deberíamos haber salido ya del sector del calzado, como si eso fuera tan fácil, porque es lo único que sabemos hacer. 

De hecho, yo vine a Elche precisamente a aprender este oficio. Mi madre estaba encantada, porque éramos de una zona rural de Granada y no teníamos un varón de quien dependiéramos, ya que éramos 5 hermanas, y el trabajo en el campo era muy duro. 

Ella pensaba que a lo máximo que podíamos aspirar era a ser aparadoras, y que con este oficio nunca nos faltarían oportunidades. Cuatro de nosotras lo conseguimos, y la otra fue peluquera, y es quien mejor está. A la pobre mujer se le saltan las lágrimas cuando nos ve porque nos trajo de nuestra tierra para que hayamos terminado en estas condiciones.Nadie pensó que llegaríamos a esto. 

Elche creció a partir de los 60 y los 70 de manera vertiginosa, y fue gracias al calzado y gracias a las trabajadoras, ya que hay tres veces más mujeres que hombres en la industria.

Si tuvierais la oportunidad de ir al Parlamento Europeo y mirar a los ojos a l@s parlamentari@s, ¿qué les pediríais?

Siempre digo esto delante de una persona que desempeña un cargo político: Elche tiene una deuda histórica con las mujeres que tiene que pagar, y nos tienen que reconocer. Eso es lo único que yo le diría.

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