Anécdotas y curiosidades de Berlín. 

A mediados de febrero viajé a Varsovia y Berlín con mi madre y con su amiga. He de decir que, aunque llevaba meses deseando hacer ese viaje, al final quedó bastante improvisado.

Para empezar, realizamos el viaje desde distintos aeropuertos, aunque se intentó reducir el gasto desde el principio. Ellas, desde Alicante (ALC), y yo desde Londres Stansted (STN), y en distintos horarios. ¿En qué momento se me ocurrió?

VIERNES: Llego a Berlín. 

Llegué a Berlín (con Ryanair) el viernes por la noche, y localizar al conductor del Uber que había pedido fue bastante más difícil de lo que pensaba. No obstante, tras pedirle a dos personas que, por favor, hablasen con el conductor por teléfono en alemán porque no me enteraba (ni él tampoco) lo logré, y después  unos 45 minutos de viaje en coche, por fin llegué al hotel.

“No le dejo elegir un hotel NUNCA MÁS”, pensé. El hotel, situado junto a Alexander Platz y el Museo de Magia de Berlín, no era un hotel. Más bien, era un hostal cuya recepción estaba abierta solo 4 horas al día (fines de semana). Además, necesitas un código para acceder a la caja fuerte y conseguir las llaves de tu habitación, y l@s huéspedes tienen que hacerse la cama.

SÁBADO: Día de trabajo. Mi madre y su amiga llegan a Berlín.

Como autónoma que soy, es muy habitual tener proyectos de última hora, especialmente cuando te vas de vacaciones. Algun@s clientes tienen un olfato especial para eso, y esta ocasión no fue distinta. 

El sábado por la mañana subí a desayunar antes de solicitar las llaves de la habitación compartida en la recepción. Necesitaba café urgente, especialmente si pretendía trabajar, así que me acerqué a la cocina para preguntar al personal si podía llevarme una taza a la habitación. ¡Sorpresa! De nuevo, no había manera de encontrar a alguien que hablase inglés. Por suerte para mí, un huésped de unos 70 años se acercó y empezó a interpretar (traducción modalidad hablada) entre la camarera y yo. 

Danke, Sir!

Me quedé en el hotel trabajando todo el día y las únicas fotografías las tomé desde la ventana de mi habitación. ¿A que me quedaron bien! Sí, sí, lo sé. No es el muro, no es la Puerta de Brandenburgo… ¡pero oye! Podrían haber sido peor…

Cuando llegaron las dos planificadoras, bajé a abrirles y, cuando estuve a punto de preguntar quién había sido la lúcida que había elegido el hotel (yo había propuesto 10 más como mínimo), dice una: “¡Ay! Pues no está tan mal, ¿no?”. Ya tenía mi respuesta. Era la amiga de mi madre, aparente experta en viajes… organizados. Mi madre sonrió, o al menos hasta que se dio cuenta de que tenía que hacerse la cama. Yo preferí callarme, pero lo que pensé podría resumirse con un emoticono: 

Más tarde, fuimos a cenar a un restaurante italiano, donde el dueño (italiano que no sabía inglés) se alegró al ver que mi madre y su compinche podían chapucear una mezcla entre castellano, inglés y catalán. Nunca pensé que las mezclas de idiomas pudieran ser de ayuda alguna, pero al final hasta se las arreglaron para pedir la comida. ¡Ah, y la cerveza! ¿Cómo podrían demostrar que habían estado en Alemania si no pedían una?

Cena en el italiano. ¿Habéis visto el tamaño de esas pizzas? Como no pudimos acabárnoslas, pedimos que las metieran en cajas para llevar y las dejamos en una esquina para que alguna persona sin techo se las llevara. Fuente de imagen: Archivo.
Cena en el italiano. ¿Habéis visto el tamaño de estas pizzas? Como no pudimos acabárnoslas, pedimos que las metieran en cajas para llevar y las dejamos en una esquina para que alguna persona sin techo se las llevara. Fuente de imagen: Archivo.

Gutten Appetit!

Después de semejante cantidad de comida, sugerí ir a dar una vuelta, ¡y me hicieron caso! Fuimos desde el restaurante hasta la Puerta de Brandenburgo, que, según yo, estaba a 30 minutos andando (calculado a ojo en Google Maps). “¡Un paseíto no le hace daño a nadie!”, pensé. Hasta que llevábamos 6km andados. ¡Oops!

Lo cierto es que, aunque en el mapa no lo parezca, esta ciudad es enorme, así que os recomiendo calzado cómodo y no ir con prisas.

Domingo: Trabajo/ Tour por Berlín y viaje a Varsovia

Al día siguiente llegamos al ecuador del viaje, y viajamos a la segunda ciudad: Varsovia.

Esa mañana me tocó trabajar un poco más para acabar el proyecto, aunque esta vez lo hice desde una cafetería frente a la Puerta de Brandenburgo (lo bueno de ser freelance). Antes, no obstante, estuvimos tomando fotos, y luego ellas fueron un tour organizado (un free tour, para ser exact@s) para ellas.

Me apenó no poder haber tomado más fotos, pero se me ocurrió una idea: ¿y si les dejo mi iPad y que las tomen ellas por mí mientras yo acabo este proyecto?

¿Sabías por qué el bundestag alemán tiene una cúpula de cristal? 

Bueno. Resulta que, aunque el edificio y la cúpula fueron diseñados en 1894, resultaron dañados en varias ocasiones (primero en 1933 por un incendio y luego en 1943 en la 2ª Guerra Mundial). En la actualidad, se dice que la cúpula, de acceso público pese a que el Parlamento esté cerrado, representa la unificación del país. Hay tours guiados en varios idiomas y se puede pedir la entrada por adelantado por internet o acudir sin más.

Una vez terminé, volví al hotel porque teníamos que recoger las maletas para ir a Berlín Tegel (TXL), y de ahí a Varsovia, pero aproveché a hacer algunas fotografías. ¿Os gustan?


Posdata: para quienes os lo estéis preguntando, las tuberías recorren la ciudad por fuera por una razón. Dado que hay mucha humedad en el subsuelo de la capital alemana porque hay infinidad de lagos y está situada a solo 2 metros sobre las aguas subterráneas, el objetivo de estas cañerías es absorber el agua existente del subsuelo y transportarla a los canales para secar el suelo y que se pueda construir. ¿Dudabais del ingenio alemán?

A partir del sábado quedé encargada de guiar al grupo, en especial porque era la única que se aclaraba con Google Maps (¡es lo que tiene pasar más tiempo en el transporte público de Londres que en mi casa!), y el tour al aeropuerto no fue distinto.

Categories: Viajes Curiosidades

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