Décadas después de que se comenzase a hablar de los abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica, El Vaticano da un paso adelante para hablar del tema, pero eso no es suficiente.

Menor abusad@ en un cementerio. Fuente de imagen: Pixabay.
Menor abusad@ en un cementerio. Fuente de imagen: Pixabay.

Tras pasar varias décadas negando los casos de abusos en todo el mundo, e incluso destruyendo documentos que probaban que estos hechos habían ocurrido, la Iglesia católica empieza a reconocer los casos de pederastia y de abusos sexuales, aunque con esto no basta.

Estados Unidos, Chile, Alemania, Irlanda, Austria, Argentina o España son solo algunos ejemplos de países donde, casi seguro, aún se llevan a cabo estas prácticas. No solo a menores, sino también a mujeres y hombres que alguna vez confiaron en la Iglesia.

Por un lado, parte de las víctimas de abusos sexuales en parroquias y colegios religiosos de todo el mundo tardaron años en denunciar debido a la gran influencia del catolicismo en determinadas comunidades y por miedo al qué dirán. Por el otro, los responsables siguieron ejerciendo sus cargos en distintos destinos.

El hecho de que se admita que se produjeron los casos de abusos sexuales en el seno de la Iglesia no implica que las medidas que se han tomado sean suficientes.

Frente a las acusaciones, las autoridades eclesiásticas respondieron de distintas maneras. Negociaciones, enviar a los responsables de esos casos de abusos y de pederastia a otras partes del mundo, o incluso pagar a las víctimas cantidades sustanciales de dinero a modo de una supuesta indemnización son ejemplos.

Cabe decir que estas cantidades no son suficientes en la mayoría de los casos. Además, a la negativa de la Iglesia a reconocer los hechos hay que añadir otros tres factores que favorecen que los culpables logren librarse del castigo correspondiente.

Uno de dichos factores es que la Iglesia tenía un peso importante entre los años 50 y 90, cuando se produjeron la mayoría de los abusos. También contaba con influencia sobre las familias de las víctimas, por lo que nadie les cuestionaba. Otro factor es las leyes en sí, ya que los casos de abusos y de pederastia prescriben incluso antes de que las víctimas se decidan a hablar. Ejemplo de ello es el pianista James Rhodes, británico residente en España. Él mismo admitió haber sufrido abusos cuando era menor y tardó muchos años en poder hablar abiertamente del tema. Por último, muchos de los casos que se denuncian ni siquiera llegan a los juzgados y los que llegan se topan con un sistema judicial machista y patriarcal, razón por la cual muchas víctimas no dan ese paso.

¿Qué dice la ley al respecto?

En el caso concreto de España, los casos de abusos en la infancia prescriben entre cinco y quince años después de que la víctima cumple los 18 años, en función de la gravedad del caso. Sin embargo, recientemente se ha aprobado una ley que estipula que los abusos a menores, sean del tipo que sean, prescribirán cuando la víctima cumpla los 30 años de edad.

En Argentina, por ejemplo, el Código Penal estipula que “En los delitos previstos en los artículos 119, 120, 125, 125 bis, 128, 129 —in fine—, 130 —párrafos segundo y tercero—, 145 bis y 145 ter del Código Penal, se suspende la prescripción mientras la víctima sea menor de edad y hasta que habiendo cumplido la mayoría de edad formule por sí la denuncia o ratifique la formulada por sus representantes legales durante su minoría de edad.” Entre estos delitos quedan incluidos los referentes a abusos y a pederastia.

En Colombia, el artículo 237 de la ley 599 del Código Penal estipula que “la acción penal prescribirá en 20 años contados a partir del momento en que la víctima alcance la mayoría de edad.”

El Vaticano dice escuchar a las víctimas de los abusos sexuales en el seno de la Iglesia.

Esta misma semana se celebró en Roma una cumbre a la que acudieron 190 de los principales representantes de la Iglesia en todo el mundo. En este evento se escucharon los testimonios de varias víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes, curas y otros. Asimismo, se establecieron una serie de 21 medidas para combatir los abusos sexuales a menores.

Entre estas medidas podemos destacar el aumentar la edad mínima para el matrimonio a los 16 años, que los candidatos para el sacerdocio se sometan a tests psicológicos realizados por expertos o promover que aquellos que cometan abusos abandonen la institución. También se sugirió la creación de un comité de apoyo a las víctimas, así como de unos protocolos de actuación frente a una acusación.

Pese a todo, en ningún momento se hizo referencia al papel de la mujer en las instituciones eclesiásticas.

Sin embargo, estas medidas son insuficientes, según varias ONG.

En los recientes años se supo que responsables de la Iglesia alemana, cercanos además a Ratzinger, predecesor del actual papa, habían sido acusados de haber abusado de menores, o que en la Iglesia holandesa se había estado cometiendo este tipo de actos deleznables desde hacía seis décadas con total impunidad.

En Argentina, cientos de víctimas de abusos por parte de la Iglesia trataron de ponerse en contacto con Bergoglio después de que éste pasase a ser el papa con Francisco con el fin de pedirle que defendiera su lucha para que los casos de la Iglesia argentina salieran a la luz. No obstante, no obtuvieron respuesta alguna. Además, el pontífice habría defendido, en 2018, a Juan Barros, obispo chileno que estaba acusado de ocultar los crímenes de abusos a menores que llevó a cabo el sacerdote Fernando Karadima. Aunque Bergoglio se disculpó posteriormente debido a la presión mediática, sus palabras (“no hay ninguna prueba en contra, todo es calumnia”) dejaron mella en la sociedad chilena.

Quizá por eso mismo las declaraciones más alarmantes de la cumbre fueron las de Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal alemana, quien afirmó que la Iglesia destruyó documentos referentes a los casos de abusos con el fin de proteger a los acusados.

A lo mejor la opción de darle a la mujer un mayor papel dentro del seno de la Iglesia ayudaría a resolver el problema de los abusos sexuales en la Iglesia, pero, según el papa actual, «todo feminismo termina siendo un machismo con faldas”.

Estas declaraciones claramente enfadaron a una parte importante de la sociedad a nivel mundial, y solo queda esperar a ver qué nos depara el futuro.

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