Las faltas de ortografía dinamitaron las posibilidades de cubrir las plazas de profesorado en las oposiciones de junio de 2018 en toda España.

Corregir la ortografía. Fuente de imagen: Pixabay.

Recientemente se publicó en algunos medios una noticia que decía que, de las aproximadamente 200 000 personas que se presentaron a las oposiciones para profesor/a en toda España del pasado mes de junio, menos de 20 000 aprobaron y el 9,6% de las plazas quedaron sin cubrir. ¿Por qué? Por la mala ortografía. Sin embargo, la educación no es el único sector afectado por esta lacra.

También lo está el periodismo. Y es que, si prestamos atención a las publicaciones diarias de algunos medios, no son pocos los artículos con faltas.

Unas buenas destrezas en elementos básicos para todo proceso comunicativo, como lo es la ortografía, deberían ser esenciales en la sociedad.

No obstante, en España, las nuevas generaciones parecen no percatarse de la importancia de escribir bien porque no tienen un modelo ejemplar a seguir.

Escribir es una capacidad que much@s consideran obvia, pero no lo es tanto. Aún hay quien no sabe escribir, en parte porque, no hace tanto tiempo, la educación no era ni obligatoria ni gratuita.

Leer y escribir eran, pues, instrumentos de poder, ya que constituían herramientas con las que acceder y transmitir la información de la cual solo se podían beneficiar las clases altas.

Galletitas saladas en forma de letras del alfabeto. Fuente de imagen: Pixabay.

En la actualidad, cuando la educación es obligatoria en España y en muchos otros países hasta los 16 años (edad a la que l@s estudiantes han tenido un mínimo de 12 años de formación), la sociedad parece dar por hecho que este derecho les pertenece y asume que lo pueden despreciar.

Creen que recibir una educación es pasar ocho horas diarias en un centro al que acuden por obligación, y a veces ni eso.

Sin embargo, la culpa no es de ell@s. Tampoco la tienen l@s profesor@s, que cada día han de hacer lo que pueden con una juventud desmotivada. La motivación ha de venir de un@ mism@.

Pero, ¿qué pasa cuando l@s docentes pierden esa motivación por enseñar y por convertirse en un ejemplo a seguir? ¿O cuando algunas clases de historia o de lengua se convierten en clases de política? ¿O cuando, en las universidades, algun@s profesor@s se encargan de imponer sus ideas mediante la técnica del miedo al suspenso, pero no motivan a l@s alumn@s para que se fijen en cómo escriben?

Si antes nos acostumbraban a que con más de tres faltas de ortografía no se aprobaba un examen y nos inculcaban la idea de que hay que escribir correctamente, ahora se puede pasar de curso con más de tres suspensos.

Paradójicamente, no se puede pasar de curso si se suspende lengua castellana o la lengua regional y matemáticas, ya que se consideran habilidades esenciales, pero sí que se permite pasar de curso u obtener el graduado con la materia de lengua suspensa.

Si bien podemos afirmar que lo son, ¿no deberíamos considerar que también lo son la motivación, la disciplina y el respeto?

Libro sobre un escritorio. Fuente de imagen: Pixabay.

La motivación, para llegar lejos y para comerse el mundo. La disciplina, para que, si elegimos hacer algo con nuestra vida, no nos rindamos a la primera de cambio. Para que busquemos oportunidades para mantenernos al día con los nuevos requerimientos de nuestro puesto de empleo para ejercer nuestra profesión como se espera que lo hagamos. El respeto, no solo hacia una sociedad que ha luchado para que tengamos lo que tenemos hoy en día, sino también hacia quienes están por llegar y a quienes les debemos hacerlo lo mejor posible.

L@s profesionales de la lengua, entre quienes podemos destacar profesor@s, lingüistas y periodistas, tienen esa obligación.

Han de poder transmitir esa pasión por la lectura y por escribir correctamente, además de nuestros conocimientos, para generar inquietud e interés por acceder a la información.

Por ello, es intolerable que, teniendo más recursos que nunca, aún haya periodistas y profesor@s que cometan faltas de ortografía. ¿No se supone que son dos de las profesiones más prestigiosas y que son est@s profesionales a quienes la sociedad, inquieta, se dirige en busca de información? ¿Qué ejemplo quieren dar si no son capaces de transmitir la importancia de escribir bien?

Categories: Opinión Sociedad

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