Imagen: Hubpak.com

Es probable que el nombre Peter Ferreira no te suene mucho. Pero, ¿y si te hablase de la sal rosa del Himalaya? Ahora es posible que entiendas por dónde van los tiros. Peter Ferreira no es, ni nada más ni nada menos, que la persona que inició toda la “moda” de esa sal rosa tan exótica que todos queremos en nuestra despensa, ¡y que cuesta tan cara!

Fue en la Alemania de los años 90 cuando el biofísico Peter Ferreira comenzó a popularizar este producto tan llamativo y nuevo con argumentos como «proviene de las altas regiones montañosas del Himalaya», «no contaminada por el ser humano» y «contiene 84 elementos esenciales para la salud». Así es como comenzó a propagarse el consumo de esta sal rosa en Europa, que comenzó a venderse a unos 24 euros el kilo.

Los beneficios que promete la sal del Himalaya son tales como aliviar el insomnio, la diabetes, la osteoporosis, los problemas cardiovasculares. Además, promete mantener la líbido o a regular el agua del cuerpo, entre otras cosas.

Debido a su éxito, el biofísico pasó a escribir Wasser & Salz (Agua y sal), que se convirtió en uno de los libros mejor vendidos. El éxito fue tal que incluso sacaron una revista. Todo esto propició la aparición de todo tipo de productos derivados de esta mágica sal (máscaras faciales, líneas cosméticas, incluso lámparas de sal que son ionizadores de aire natural). Es más, la sal del Himalaya se encuentra de manera constante entre los diez  de los productos más usados en salud alternativa.

 

Imagen: SaltWorks®

No obstante, no es oro todo lo que reluce. La verdad es que este producto tan exótico del Himalaya en realidad proviene de un pueblo industrial llamado Kherwa, en las llanuras del Punjab paquistaní. Se encuentra, a su vez, a un par de kilómetros del río Jhelum, a 288 metros sobre el nivel del mar, y junto a la fábrica de cemento Dandot.

Además, “la sal del Himalaya” contiene un 98 % de cloruro sódico, prácticamente lo mismo que la sal refinada, que tiene algo más del 99 %. Por tanto, cuando se trata de sus propiedades y beneficios, no existe ninguna evidencia científica que sustente que ese 1 % marque la prometedora diferencia en nuestra salud.

“La sal del Himalaya” sí procede de rocas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que toda sal proviene de agua, y se trata de una cuestión de normativa alimentaria. En España existe la Reglamentación Técnico-Sanitaria para la obtención, circulación y venta de la sal y salmueras comestibles, donde podréis consultar la información relacionada.

Otros datos interesantes son el hecho de que, pese a que empresas como SaltWorks® aseguren que la explotación de esta roca en sus minas no supone un problema y que podría continuarse durante cientos de años, sin peligro de que anden escasos. Pero la verdad es que esta roca es un recurso finito, que se transporta a miles de kilómetros hasta los estantes de nuestros supermercados, y contribuye a las emisiones de gases y su efecto invernadero.

 

Imagen: Naturalsalthealing

Sin embargo, esta no es la única sal bonita y de aspecto poco habitual que podemos encontrar, si lo que buscamos es una sal original que llevar a nuestras mesas. Existe también la sal del mar celta, conocida como “sal gris”, la sal negra del Himalaya o las sales negra y roja de Hawaii.

¿Es la sal del Himalaya la versión 2.0. de un marketing muy bien hecho, al igual que lo fueron las populares bayas de Goji del Tíbet que resultaron ser chinas y los lamas nunca habían visto?

Categories: Salud

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