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La llegada de Cristóbal Colón a América. Trabajo personal de CanBea87, cedido a Wikimedia.

¿Nos engañaron en las clases de Historia?

Sí, todos lo sabemos. Se dice que Cristóbal Colón llegó a América, tal día como hoy, en 1492. También conocemos las ampollas que esta fecha suscita en ambos lados del  “charco”, dependiendo de la nacionalidad o la ideología. No hablamos sólo de la gesta de cruzar un océano, del cual se dice que este hombre y su tripulación fueron los primeros en atravesarlo.  

No obstante, el término “descubrir América” que anotaron los libros de Historia queda en entredicho al revisar las conocidas como “sagas” vikingas que afirman que fueron los exploradores nórdicos los primeros en descubrir las tierras de Norteamérica. Concretamente hablamos aquí de Terranova, Groenlandia, y sus islas colindantes, como afirman las investigaciones más recientes.

Durante siglos, estas sagas quedaron en entredicho, siendo calificadas como exageradas por multitud de historiadores, ya que era conocida su dudosa fiabilidad histórica por la mezcla entre ficción y realidad que contenían. Sin embargo, nuevas investigaciones revelan la existencia de asentamientos que llegaron a permanecer en estas gélidas tierras casi un siglo antes de que Colón arribara a América. De todos modos, ya fueran los vikingos los primeros descubridores de América, o los españoles; la fecha que se celebra es la del inicio del contacto de dos culturas que se habían desarrollado de una manera paralela hasta el momento. Dos culturas que vivieron ignorantes de la existencia de la otra parte, y que fusionaron de manera violenta dos modos de vida diametralmente distintos.

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Arqueólogos desentierran caseta de piedra utilizada para el trabajo del hierro a cientos de millas del único asentamiento vikingo de Norteamérica.

Una colonización violenta, ¿o no?

Si analizamos la Historia eurocentrista, nunca ha habido una invasión que haya sido pacífica. Desde los tiempos de los cartagineses, los romanos, los bárbaros, los cristianos y los musulmanes, en la codiciada Península Ibérica nunca existió una toma de un terreno que se solucionara de un modo pacífico. De este modo, cabe pensar que los españoles que expulsaron a los musulmanes no utilizaron el diálogo para desterrar a los súbditos de Boabdil. Tampoco lo iban a utilizar, pues, contra unos indígenas a los que no entendían. Dado el caso de hacerse entender, recurrirían igualmente a la violencia.

En primer lugar, cabe decir que los primeros contactos con las distintas tribus americanas eran tan diversos como la idiosincrasia de cada una de ellas. Podría darse el caso de que los españoles fueran bien recibidos, se asentaran en la misma tribu, establecieran un pequeño comercio, e incluso que ambas partes hicieran mutuos esfuerzos por comunicarse. Pero también podría darse el caso de que se viera a los españoles como “demonios” o “invasores”. En tal escenario, podría darse episodios violentos donde, pese a que los indígenas conocieran mejor su terreno, el combate que fuera dominado por los españoles, ya que poseían armas de fuego.

¿Existió un genocidio por parte de los españoles en América?

Lo más grave de todo, y lo que más se discute, es si efectivamente la colonización española en América se trató de un genocidio. Según la definición de la palabra “genocidio” en la RAE, un genocidio es el exterminio o la eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad. En el caso americano, la aplicación del término es tan selectiva como la toma de contacto mencionada. Otro argumento que cuestiona la aplicación del término “genocidio” es el contacto sentimental y sexual que existió entre los españoles y las indígenas, donde se evidencia ―también de manera selectiva― un incipiente mestizaje entre ambos pobladores. Un caso que no se dio, o en una medida mucho menor, en las colonias inglesas de Norteamérica.

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Grabado acerca de la “Leyenda Negra Española”. ABC.es

La leyenda negra

Tiene mucho que ver la mala reputación de un país, o un colectivo, en su éxito o su fracaso. Así lo hicieron ver los ingleses del S. XVI cuando se dedicaron a difundir lo que se denominó en España, a principios del S.XX, como “La leyenda negra”. Aunque el origen de dicha leyenda bien podría ser italiano, alemán, o judío, fue a los ingleses y a su imperio naval y colonial a quienes más favoreció. Dicha propaganda hacía ver a los colonizadores españoles como una especie de salvajes desalmados, que bien podría ser cierta en algunos casos, pero que no se ajustaba del todo a la realidad de los colonos españoles que se habían establecido en las fértiles tierras de América y aprovecharon su riqueza.

Donde más resonancia llegó a tener dicha leyenda fue en la propia América hispana, en especial en el S. XIX, cuando se creó una corriente intelectual que magnificó los atropellos de los colonos españoles con el fin de conseguir la independencia de sus territorios. Dicha corriente queda manifiesta en las letras de los himnos de los criollos de origen español, convertidos en acaudalados burgueses, que deseaban una independencia para esas tierras que sentían como propias. El declive de la Corona española del S.XIX influyó mucho en la derrota de los españoles que luchaban contra criollos, indígenas y mestizos. Las consecuencias las conocemos bien: Hispanoamérica se independizó gracias a los caudillos que guiaron sus tropas, como Bolívar, Santander o San Martín.

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Imagen de los Segundos Juegos Indígenas. Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

La América Latina del presente

Si hubo víctimas claras de los procesos de colonización y posterior independencia fueron los indígenas. Estos fueron ninguneados en su propia tierra, expropiados de sus terrenos, y obligados a refugiarse en la selva, o ser asimilados ―ellos y su cultura―. Todo ello por una cultura globalizadora que establecía estándares de belleza racistas, que los situaba fuera del juego y los obligaba a ser mano de obra barata (en el mejor de los casos).

En países que hoy en día viven conflictos armados, como Colombia, sus opciones son más macabras: alistarse a la fuerza en grupos violentos o sufrir hostigamientos por parte del Gobierno. La América Latina del presente construye su propia identidad. Finalmente se dan pasos importantes en muchos países, como México o Bolivia, para la integración, la reparación, y la reivindicación de los pueblos indígenas que pasaron a la historia. La desaparición de fuertes imperios como el Inca o el Azteca sólo se puede explicar mediante procesos violentos. Existen teorías sobre las enfermedades que contagiaron los colonos a los indígenas, virus que los diezmaron en cuestión de días.

Fuera como fuera la historia, todos los gobiernos latinoamericanos tienen el deber de conservar sus pueblos indígenas, injustamente castigados. Pero también es deber nuestro, seamos de donde seamos, no enzarzarnos en discusiones tan relativas donde nadie tiene la verdad absoluta. Dicho esto, os animo a que  disfrutemos de lo bueno de este día y de poder chatear con algún/alguna colega de México o Argentina. Seremos muy diferentes, pero al menos hablamos el mismo idioma, y eso ya es mucho, ¿no crees?

 

Categories: Opinión

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