Coche repostando. Fuente: https://pixabay.com.

Hace unos días, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció que incluiría en los nuevos presupuestos un nuevo impuesto para el diésel. Diversas fuentes afirman que los profesionales del transporte y los agricultores podrían seguir bonificaciones que compensen la subida del precio de los carburantes, aunque no se habla aún de cómo afectará esta medida a las grandes compañías de autobuses o taxis. Uno de los motivos que justifican esta decisión del actual líder del PSOE es que, entre otras cosas, su política está comprometida con el cambio climático y con la transición energética.

Estas declaraciones han provocado que aumenten las dudas de los compradores en torno al diésel. No obstante, cabe destacar que la cuota de la venta de estos vehículos ya había sufrido un desplome del 3 % en los últimos tres años. Por su parte, Mario Armero, el actual secretario general de Anfac, vaticina que estas cuotas de mercado seguirán cayendo, a pesar de que se esté recuperando en otros países.

¿Por qué el diésel?

Independientemente del tipo de Gobierno, la mala fama que se ha creado en torno al diésel viene provocada, en parte, por el desconocimiento. De hecho, Armero indica que el problema son los vehículos viejos y no el carburante en sí mismo, ya que éstos emiten hasta un 84 % más de óxido de nitrógeno (NOx) que un coche moderno diésel.

Para hablar sobre contaminación, debemos partir de la base de que todo vehículo con motor de combustión interna contamina.

Una vez aclarado esto, hemos de diferenciar dos tipos de contaminación: la que afecta a la atmósfera y al cambio climático (CO2) y la que afecta directamente a las personas (NOx). En el primer tipo estaría la gasolina; en el segundo, el diésel. La diferencia es que el diésel genera dióxido de carbono como cualquier combustible de origen orgánico, incluida la gasolina, así como óxidos de nitrógeno, y esto es lo que ha llevado a los gobiernos a decir que es más perjudicial.

Contaminación en Los Ángeles (California). Fuente: https://pixabay.com.

Sin embargo, la preocupación por las causas que nos afectan directamente, frente al cambio climático y el efecto invernadero, han llevado a desarrollar, desde siempre, políticas energéticas que luchan contra la contaminación que se respira en el aire, lo que justifica que la gasolina haya ganado la batalla al diésel en cuanto a medioambiente se refiere.

¿Cuál es el futuro del diésel?

Aunque se prevé que, con los años, el diésel desaparezca, aún no se ha establecido una fecha límite para el cese del uso de vehículos con motor diésel. La falta de puntos de carga para vehículos eléctricos, así como la inexistencia de políticas específicas en España que tengan como objetivo subvencionar el coste que supone cambiar de coche, retrasan la toma de decisiones que eliminen de raíz el problema de la contaminación. Además, en el caso de los coches eléctricos, cabe determinar qué se hará con las baterías que queden en desuso.

El cambio ya ha comenzado

Señal de prohibición vehículos a motor. Fuente: https://pixabay.com.

Por su parte, grandes marcas, como Porsche, han ganado en seguidores al anunciar que ya no fabricarán versiones de coches diésel. Renault, por ejemplo, ha comenzado a ofrecer subvenciones en Reino Unido si las personas entregan sus viejos modelos diésel a cambio de un Zoe.

Al margen del problema del efecto invernadero, que es solo un aspecto de la contaminación, debemos seguir luchando para adoptar otras medidas, como por ejemplo reciclar mejor, o disminuir el efecto invernadero, no solo reduciendo la producción de CO2, metano y demás gases, sino también implementando métodos de absorción de estos gases, especialmente en las grandes industrias.

Categories: Economía

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