Trabajar fuera de casa, limpiar y ordenar, hacer las compras, cuidar niños o ancianos son solo ejemplos de la larga lista de responsabilidades que tenemos las mujeres a diario.

Fuente de imagen: Pixabay.

Históricamente, las mujeres fuimos asignadas arbitrariamente a las responsabilidades del hogar y del cuidado de personas, argumentando el “instinto maternal” y otras cuestiones incomprobables pero que le vienen muy bien a este sistema heteropatriarcal y capitalista.

Relegarnos al espacio doméstico no sólo sirve para acallar nuestras voces en la esfera pública y política, sino también para tener trabajadoras no pagadas.

Más horas, menos dinero.

Un estudio de la Universidad Nacional de Rosario, en Argentina, demuestra que, mientras los hombres dedican más tiempo al trabajo remunerado que las mujeres, son ellas quienes trabajan más horas (si agrupamos todas las responsabilidades que tienen) pero ganan menos.

Prueba de ello es que la mayor carga de trabajo de las mujeres no recibe ninguna remuneración (por ser trabajo doméstico y de cuidados), y su jornada diaria es, de media, una hora más larga que la de los hombres.

Asimismo, este estudio demostró que los hombres, aun estando desocupados, dedican menos horas por día al trabajo doméstico que las mujeres, independientemente de la situación laboral que éstas tengan.

También sucede que, aun cuando las mujeres accedemos al mercado laboral, en general hay una segregación horizontal que nos empuja a espacios de trabajo más relacionados con el cuidado y el hogar: cuidado de niños y adultos mayores, educación o tareas domésticas. Este tipo de trabajos, además, son menos pagos que los de los hombres.

Otro factor que influye en el uso diferenciado del tiempo de hombres y mujeres es su rutina de viaje diaria. Como las mujeres son en general quienes se ocupan de niños y ancianos, tienen muchos más viajes y desvíos en sus caminos que los hombres, ya que acompañan a los hijos al colegio o visitan a sus familiares enfermos. Esto influye notoriamente en la cantidad de tiempo extra en trabajo no pago que invierten las mujeres durante el día.

Carga mental

Además, existe un concepto nuevo y muy interesante (desarrollado de forma excelente en un cómic explicativo por la artista Emma Clint) que es el de “carga mental”. Este término hace referencia al estado mental en el que estamos las mujeres por la necesidad de estar alerta y acordarnos de todo.

En ocasiones, los hombres toman a las mujeres como “coordinadoras de tareas domésticas”, y si éstas no indican que hay que realizar alguna actividad, la dan por innecesaria. Así pues, la carga mental de acordarse, por ejemplo, que hay que lavar y tender la ropa, es trabajo de la mujer.

Clint ejemplifica el principio de “carga mental” con la siguiente situación: un hombre invita gente a cenar a su casa, pero quien está cocinando y a la vez cuidando a los niños es la mujer, mientras él conversa con sus amigos. En medio del caos de las dos cosas, la comida se quema y el hombre increpa a la mujer con un “¿qué has hecho? Te hubiera ayudado si me lo hubieras pedido”.

Y éste es el punto a destacar: el hombre espera las indicaciones, depositando la tarea de organizar y planificar en la mujer, lo cual es una carga mental y un agotador trabajo extra.

Cuando se pide a las mujeres que organicen y coordinen las responsabilidades, y que además participen en ellas, se les está pidiendo que hagan el 75% del trabajo.

En resumen, las mujeres trabajan un promedio de dos a cuatro horas más por día en tareas domésticas, de cuidado, y otras responsabilidades no pagas, que los hombres. También cobran menos en sus trabajos pagos, y además tienen la carga mental de coordinar todo.

Propuestas para una vida más equilibrada

Como sugerencia, podemos empezar a repartir, a conciencia y de forma equitativa, las responsabilidades en la casa y del cuidado de niños y ancianos entre mujeres y hombres.

Una buena opción también es dejar de preocuparse si antes de salir de la casa, los platos están sin lavar y la ropa tirada en el piso. Menos culpa y más repartija. Y, por supuesto, educar a las generaciones siguientes sin estereotipos para construir un futuro igualitario fuera y dentro de los hogares.

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