El Valle de los Caídos. Fuente de imagen: La Tercera.

Más de cuarenta años después de la muerte del dictador Franco, España, que de cara a las instituciones internacionales es una democracia, se enfrenta de nuevo a una bipolarización de la sociedad más propia de la guerra civil y de la dictadura.

Roj@s contra grises, o lo que viene a ser la versión moderna: a favor o en contra de exhumar a Franco; a favor o en contra de un cambio social; a favor o en contra de los derechos de las mujeres o de acabar con la homofobia o la xenofobia.

La exhumación de Franco, dicen un@s, sólo reabre heridas. Para otr@s, no obstante, este logro, que ha llevado 40 años poderse plantear en un país supuestamente democrático, supone poner fin a este limbo legal y poder, por fin, sacar y poner nombre a tod@s aquell@s republican@s que fueron enterrad@s en el Valle de los Caídos.

Además, si comparamos a España con otros países vecinos que también vivieron regímenes dictatoriales, cabe señalar que Mussolini acabó colgado del cuello del techo de una gasolinera y que los sobrinos de Hitler fueron esterilizados para que no procrearan. Mientras tanto, en España se otorgaron a l@s nietos de Franco títulos nobiliarios por herencia, no se les expropiaron propiedades de las que se sabe que la familia se adueñó ilegítimamente, y aún se permite que exista una “Fundación Franco”.

Británic@s, danes@s, holandes@s y suec@s, monárquic@s hasta la médula, se llevan las manos a la cabeza cuando se les cuenta, por ejemplo, que, en España, una persona puede ser condenada por criticar a la monarquía en redes sociales. L@s aleman@s nos miran asustad@s cuando se percatan de que en el extremo sur de Europa aún hay quien añora a Franco o se atreve a decir en los platós de televisión que “Franco no era un dictador”.

Ser “roj@” en España significa ser de izquierdas (socialista o comunista), pero aún hay quien lo ve como un insulto. Está mal visto. Por el contrario, considerarse “nacionalista” no es mucho mejor. Y es que los regímenes dictatoriales, y el franquista no fue una excepción, tienen esa costumbre de adueñarse de los valores patrióticos de los pueblos. Así pues, hoy en día, admitir que se es socialista, comunista o nacionalista es, no sólo tratar de abrir un debate que, segurísimo, acabará en discusión, sino que además reabre heridas del pasado.

Unas heridas que, para que se cierren completamente, tiene que hacerse justicia. Se tiene que castigar a l@s responsables de la dictadura; tiene que aplicarse por fin la Ley de Memoria histórica y eliminarse los símbolos fascistas de las calles. Tiene que enseñarse en las escuelas que, sí, eso ocurrió hace décadas, pero que l@s chaval@s no tienen por qué verse influenciad@s por lo que piensen en sus casas, sino que van a clase para aprender a pensar; a pensar por ell@s mismos y no en lo que oyen. En concreto, el país tiene que ver que esa manipulación constante de los hechos por parte de ambos bandos desaparece.

Lo necesita más que nunca. De lo contrario, no hay leyes que valgan, ya que los valores no los imponen las leyes, sino los medios, las escuelas, las familias y la sociedad.

Unas leyes más estrictas no nos llevan a ninguna parte. Todo lo contrario, sólo consiguen que la gente salga a la calle a reivindicar unos derechos que considera esenciales, como el derecho a saber lo que pasó, el derecho a pensar por sí mism@s, el derecho a expresarse y el derecho a dejar de vivir como en la serie Cuéntame.

En los últimos meses, desde que el gobierno de Pedro Sánchez anunciase que iba a proponer la exhumación del cadáver de Franco, se han podido leer en los medios todo tipo de argumentos a favor y en contra de esta medida.

Un@s dicen que “dinamitarían” el Valle de los Caídos. Así, directamente. Otr@s acusan al recientemente formado ejecutivo, y en concreto a Sánchez, de pertenecer a un régimen dictatorial. Irónico, ¿no?

La iglesia se lava las manos en el asunto. La familia de Franco, por su parte, tras afirmar en un primer momento que recurriría la medida, afirma que se hará cargo del entierro, pero que no será enterrado junto a su mujer por falta de medidas de seguridad.

Y ahora una pregunta de reflexión: ¿qué medidas de seguridad tuvieron tod@s l@s republican@s que fueron, en el mejor de los casos, asesinad@s y arrojad@s a las cunetas y fosas comunes por el hecho de ser, simplemente, roj@s?

 

“Sería una necedad pretender que el pueblo no pueda cometer errores políticos. Puede cometerlos, y graves. El pueblo lo sabe y paga las consecuencias; pero comparados con los errores que han sido cometidos por cualquier género de autocracia, estos otros carecen de importancia”.

John Calvin Coolidge, 30.º presidente de los Estados Unidos (1923-1929).

 

“La dictadura se presenta acorazada porque ha de vencer. La democracia se presenta desnuda porque ha de convencer”.

Antonio Gala.

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España: La exhumación de Franco y el eterno limbo legal

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