Reflexiones sobre expresiones sexistas, xenófobas y racistas que se reproducen cotidianamente, a modo de insultos, y sería conveniente desarraigar.

Imagen tomada de freepik.es y posteriormente editada.

Reparando en los términos más usuales que se usan para insultar o agraviar a alguien, podemos notar que refieren a grupos de personas a los que se asocia con una representación negativa.

Con el uso de “puto/a”, “mogólico/a”, “negro/a”, como insultos, se busca descalificar a quien lo recibe, pero también a ciertos colectivos o grupos. Considero que no se trata de un uso ingenuo, aunque sí acrítico.

Con estos insultos se reproducen mensajes discriminatorios de manera irreflexiva; están tan naturalizados que es difícil notarlo y, en consecuencia, desarraigar su uso.

Sos mogólico

Podemos mencionar campañas específicas que buscan visibilizar estos usos. Es el caso de la campaña “Insultos, que llevó a cabo ASDRA (Asociación Síndrome de Down de la República Argentina), cuyo objetivo fue hacer explícito que el uso de la palabra “mogólico” como insulto es un acto de discriminación.  

A pesar de la campaña, y de que las personas creen que la discriminación ha disminuido, según una encuesta, la palabra “mogólico” continúa usándose como insulto. Hace poco, en un programa de televisión argentino, un exfutbolista expresó la palabra mogólico a modo de insulto, y si bien en esa conversación nadie manifestó desacuerdo, en las redes sociales hubo reacciones inmediatas que lo cuestionaban.

ASDRA lucha activamente por la inclusión de las personas con Síndrome de Down, por el respeto de sus derechos y por despojar a la sociedad de prejuicios en torno al síndrome. Según la encuesta citada, también decreció la concepción de que se trata de una enfermedad, aunque por por otro lado, aún circula esta idea. Tal es el caso de la senadora Silvia Elías de Pérez, quien se refirió al Síndrome de Down como una enfermedad incurable y despertó indignación en gran parte de la población, incluso el repudio público de una madre de una persona con Síndrome de Down.

Todas somos putas

En el caso de la palabra “puta”, la estrategia es otra: en lugar de realizar campañas para reprobar su uso, se plantea una resignificación. Si bien la palabra puta está asociada a la prostitución, Ana Almeida, coordinadora de la Marcha de las Putas en Ecuador, reflexiona que se la utiliza como castigo ante cualquier acto de libertad y decisión que las mujeres tienen con su cuerpo y su vida.

Relata distintas situaciones ante las cuales las mujeres han sido llamadas putas: luego de tener cinco hijos y ligarse las trompas, una señora contó que su marido le dijo puta porque, según él, lo hacía para tener relaciones con otros hombres; otra chica que recibió el insulto al usar minifalda, y en otro caso, una chica lo escuchó al manifestar su deseo de no ser madre.

Ana Almeida expresa que puta es un insulto que ha tenido que ver siempre con la libertad sexual, y otras, y que después de reflexiones grupales, notaron que “si yo le quito el poder al otro del insulto, me emancipo sobre esa idea de por qué soy una puta”. De esta manera se apropiaron de la palabra “puta” como nombre y no como insulto.

La Marcha de las putas surgió en Canadá como reacción al dicho de un policía canadiense acerca de que las mujeres debían evitar vestirse como zorras/putas para no ser víctimas de violaciones. Hoy en día, se lleva a cabo en distintas ciudades del mundo con el objetivo de visibilizar la violencia de género y la culpabilización que sufren las víctimas de violencia sexual.

Soy puto, ¿y qué?

Lo mismo sucede con las palabras “puto” y “maricón”. Se las escucha tanto para referirse a un hombre homosexual como para insultar a cualquier hombre a quien se acusa de cobardía y falta de virilidad. Cada vez tienen menos peso porque, al igual que con el término “puta”, se está produciendo una reapropiación y resignificación que le quita poder como insulto.

El psicólogo español Rubén Sánchez Ruiz expresa que el insulto es una forma de violencia que busca controlar, coaccionar, dañar y cambiar la conducta de la otra persona desde una posición de poder, y utiliza la diferencia para discriminar o excluir. Agrega que estos insultos son proferidos desde el orden social que gira entorno a un estereotipo de hombre blanco tradicional, viril, heterosexual, productivo y competitivo.

Negro de mierda

Negro de mierda”, “hay que matar a todos los negros” y “trabaja como un negro” son algunas de las frases de discriminación (¿sutil?) que manifiestan una connotación negativa sobre lo que implica ser negro: la peor parte de la sociedad, personas inferiores (a los blancos) y esclavos.

Esta forma de discriminación es herencia de momentos históricos en que la discriminación a afrodescendientes era aún más explícita. Durante siglos, el concepto de raza se utilizó para dominar a ciertos grupos, y aunque distintos profesionales han manifestado claramente que las razas no existen, este término aún es parte del vocabulario actual.   

En el artículo Revisión histórica del concepto de “raza” en Max Hering Torres y Peter Wade, publicado en Anales de Antropología (editado por la Universidad Nacional Autónoma de México), se muestra el desarrollo histórico del concepto raza y cómo se le han adjudicado diferentes significados para servir a fines específicos; este recorrido demuestra que las razas sólo existen como categorías sociales.

Para finalizar

Este fue un breve recorrido por algunas expresiones discriminatorias que se usan en insultos y para desestimar a determinados grupos, porque, por desgracia, la lista no se acaba aquí, ya que hay más términos que dejan entrever mensajes discriminatorios de manera deliberada, o no: “judío”, “bolita”, “feminazi” e “indio” son otros ejemplos.  

Un primer paso para desarraigar estos usos es ser conscientes de su función y reflexionar sobre su significado; este artículo es un intento.  

Categories: Opinión Sociedad

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