Machismo de izquierdas y machismo de derechas. Fuente de imagen: diagonalperiodico.net.

Se tiende a pensar que, cuanto más moderno es un país, más ha avanzado su sociedad en todos los aspectos, incluidos los temas de igualdad entre hombres y mujeres.

No obstante, parece que, mientras que logramos avanzar en algunos frentes, en lo que respecta a otros, seguimos viviendo en los años 20.

La diferencia es que ahora las mujeres pueden votar, abrir cuentas bancarias o conducir. Pero esto no es suficiente. Al menos no si tenemos que lidiar con otro tipo de machismo: el invisible, el arraigado en los cimientos de nuestra sociedad. Aquel que sólo asoma el hocico cada vez que alguien afirma que, si una persona (y sí, dije persona, porque las mujeres no son las únicas que estamos en riesgo de ser violadas) sufre una violación, es culpa de la víctima “por provocar”.

Lo peor de todo no es que ocurran las violaciones, si no que, además, cuando un@ denuncia, parece que encima los demás tienen derecho a ridiculizarle con frases como “¿por qué no has cerrado las piernas?”, “es que llevaba ropa muy ajustada” o “había bebido”.

Hay una parte de la sociedad que parece pensar que los hombres pueden hacer lo que les plazca por el hecho de ser hombres y que no habrá consecuencias para sus actos.

Por un lado tenemos las justificaciones de los que cometen los delitos: ¿Violación? “es que ella se ha dejado”. ¿Asesinato machista? “si no es para mí, no es para nadie”.

Machismo y desigualdad en la sociedad.

Por otro, la respuesta de una sociedad dividida en dos: aquellos que aún tienen la osadía de afirmar tales barbaridades de una víctima; y aquell@s, aunque mayoritariamente son mujeres, que denuncian por lo que tienen que pasar en el día a día para hacerse un lugar en un mundo monopolizado por los hombres machistas.

Pero no nos engañemos. No todos los casos aparecen en televisión. Muchas veces las víctimas se callarán, y lo seguirán haciendo hasta que la sociedad no cambie. Por miedo, por vergüenza, por el qué dirán o por miedo a represalias.

Feminicidios, coerción, sometimiento, obligación a cumplir ciertas normas sociales, a hacer lo que se nos dice en todo momento, violación (dentro y fuera de las relaciones de pareja y del matrimonio), malos tratos psicológicos y físicos… estos son solo algunos ejemplos de cosas por las que las mujeres (y hombres, todo cabe decirlo) víctimas de todo tipo de violencia tienen que pasar.

¿Y las instituciones? Como si no existiesen, o sí lo hacen, pero no consideran el machismo como un problema, pese a que está aumentando más que nunca entre los jóvenes. Miran a otro lado pese a que el problema es más serio que nunca. Algunas incluso, por pura ideología política se dedican a influir en las decisiones de aquellos organismos que se crearon en su momento para proteger y ayudar a las víctimas del maltrato.

Lo que me da más miedo es que, pese a que el machismo siempre ha existido, hace unas décadas no se podía denunciar, ya que se consideraba que la mujer pertenecía al hombre y que éste era “quien lleva los pantalones en casa”. Hoy en día se puede denunciar, pero sigue habiendo indiferencia e inacción por parte de much@s, y ese es el caldo de cultivo perfecto.

Categories: Opinión

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.