No es novedad que muchos de los argumentos de quienes se oponen a la legalización de la práctica del aborto tienen raíces en creencias religiosas. Sin embargo, afirmar que oponerse al aborto es condición inexorable para ser un verdadero creyente es una generalización apresurada de evidencia incompleta.

Dos chicas con el pañuelo verde de la revolución argentina en favor del aborto. Fuente de imagen: diariofemenino.com.ar.

A pesar de que muchas personas asocian “religión” con el Cristianismo, lo cierto es que los credos del mundo son de lo más variados. Hay católicos, mormones, judíos, musulmanes, budistas, y tantos más. Las diferencias entre las religiones del mundo conciernen aspectos como la conceptualización de sus dioses, las ceremonias y los rituales, los dogmas, las responsabilidades de los feligreses y la noción de qué constituye un pecado y qué no.

En el contexto actual internacional de reivindicación de los derechos de las mujeres, con la legalización del aborto ocupando una posición bastante céntrica en la escena (consideremos Irlanda y Argentina), resulta por lo menos interesante explorar cómo se conceptualiza el aborto en las diferentes religiones del mundo. Con la aclaración de que lo religioso no debería regir sobre lo civil, reconocer que los argumentos de los detractores del aborto (en todo el mundo) suelen inscribirse en ideas religiosas resulta fundamental para comprender la escena global en mayor profundidad.

Cómo entienden el aborto las diferentes religiones

La infografía que presentamos a continuación, extraída de un artículo del diario argentino La Nación, presenta las similitudes y diferencias entre las principales religiones de forma clara y concisa:

Infografía. Fuente de imagen: diario La Nación.

Como se puede ver, el Budismo es la única religión que reconoce a la persona gestante como la única con el derecho a decidir si se continúa o no con el embarazo.

La religión y la conciencia

Como documenta Nadia Luna en su artículo para la Universidad Nacional de San Martín, los altos porcentajes de personas que se declaran religiosas en una misma región, como sucede, por ejemplo, en América Latina (con un 67% de católicos), suelen tener “su correlato en las legislaciones de cada país”.

Sin embargo, como se recoge en el mismo artículo, es importante entender que la religiosidad no se vive de la misma manera entre los creyentes de una misma religión. Prueba de ello son los testimonios recabados en el trabajo Ni la pareja, ni la familia, ni la iglesia deciden por mí: La experiencia del aborto en mujeres católicas, publicado en Sexualidad, Salud y Sociedad – Revista Latinoamericana. En dicho trabajo, la autora María Cecilia Johnson cita a la fundadora del grupo de investigación sobre derechos reproductivos IRRRAG, quien argumenta que la religión no detiene los abortos sino que crea problemas de conciencia de “transgresión de la norma religiosa”.

Lo novedoso de la investigación de Johnson, como recoge Nadia Luna en la entrevista a dicha autora, es que en la mayoría de los casos la decisión de interrumpir el embarazo no se vincula con los mandatos religiosos sino con “la necesidad de resolver una situación concreta en un contexto determinado”.

El caso de Irlanda

El 25 de mayo de 2018, Irlanda le dijo “SÍ” a la despenalización del aborto por medio de un referéndum en el que un 68% votó en contra de la ley que lo prohíbe. La sorpresa a nivel internacional tras conocerse los resultados fue grande, debido, principalmente, al gran porcentaje de ciudadanos católicos en Irlanda.

Sin embargo, la gran influencia de la Iglesia Católica en Irlanda no ha impedido que las personas gestantes irlandesas (mujeres y varones trans) abortaran. Como te contábamos en nuestro artículo de hace unas semanas, estas personas viajan a otros países de la Unión Europea para abortar (se estima que lo hacen unas 12 mujeres cada día, unas 170.000 desde 1983) u opta por adquirir las píldoras para abortar por internet (unas 2.000 cada año).

El aborto puertas adentro de la Iglesia

Otra consideración que no debe pasarse por alto al analizar aborto y religión son los abusos sexuales dentro de las congregaciones religiosas. Tal como se informa en este artículo del diario El País, “[l]a lista de abusos es variada y descorazonadora: el informe [de la religiosa Maura O’Donohue, coordinadora del programa sobre el sida de Caritas Internacional y del Cafod] incluye casos de novicias violadas por los sacerdotes a quienes tienen que solicitar los certificados oportunos, habla de médicos de hospitales católicos que se ven asediados por sacerdotes que les llevan ‘a monjas y otras jóvenes para abortar’”. En estos casos, queda comprobada la veracidad de la afirmación mencionada más arriba sobre que la decisión de interrumpir el embarazo se vincula con la necesidad de encontrarle solución una situación concreta, en lugar de con normas religiosas.

Católicas por el Derecho a Decidir (CDD)

¿Sabías que existe una Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir? Tal como se indica en la página web de la organización argentina http://catolicas.org.ar,  la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir se compone de doce grupos en diferentes países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, y España como miembro asociado.

Se trata de un movimiento autónomo de personas católicas, comprometidas con la defensa de los derechos de las mujeres, especialmente los que se refieren a la sexualidad y a la reproducción humana, y a una vida libre de violencia y discriminación”.

Estudiantes de un colegio católico con pancartas en favor del aborto legal. Fuente de imagen: http://www.laizquierdadiario.com

Testimonio de una médica católica

A modo de cierre, les dejamos el testimonio de Cecilia Cousset, una médica ginecóloga argentina que se reconoce católica y que expresó lo siguiente por medio de Facebook, probablemente sin anticipar que se viralizaría:

“NO SOY NEUTRAL.

Mi nombre es Cecilia Ousset. Soy católica, médica, especialista en tocoginecología, madre de cuatros hijos. Trabajo actualmente en el sistema de salud privado, aunque me formé y trabajé en el sistema público en la ciudad de Mendoza.

Nunca estuve y tal vez no estaré de acuerdo con el aborto en sí; es por esa razón que nunca me hice un aborto y tampoco se lo hice a nadie; a pesar de conocer la técnica perfectamente y ser muy buena (perdón por no ser modesta), en la realización de legrados.

Muchísimas veces tuve que hacer legrados en el hospital para “terminar” abortos clandestinos. Mi récord personal son dieciocho legrados en una guardia.

Vi morir mujeres (a veces madres de varios chicos), que pasaron lamentablemente sus últimos minutos lúcidas conmigo y una policía preguntándole “quién le había realizado el aborto porque era un delito”. Sinceramente, nunca jamás escuché a alguna decir el nombre del que o la que había cobrado por sus inexpertos servicios.

Recuerdo esas guardias donde armábamos las partes fetales en la mesita quirúrgica para asegurarnos de que no le quede nada adentro a la madre. Siempre la parte más difícil de sacar del útero era la cabeza, porque al ser redonda, rodaba cada vez que la quería “atrapar” con la pinza. Estas mujeres se enteraban tarde del embarazo e intentaban el aborto con más de doce semanas de gestación. Muchas veces esas chicas estaban en mal estado clínico y con el útero o el intestino destrozado.

Esas mujeres que ingresaban mintiendo que  “habían levantado un fuentón con la ropa de los chicos” y habían empezado a sangrar,  eran para mí y mis compañeros de guardia , el inicio de una jornada violenta, y la suma de esas jornadas deben haber herido mi alma profundamente: Abortos con perejil, con agujas de tejer, con permanganato de potasio, con Oxaprost en cantidades insuficientes. Todos servicios pagados en la medida de las paupérrimas posibilidades al inexperto o inexperta del barrio. La mayoría eran  mujeres jóvenes, pobres, algunas con otros hijos; que llevaron el dolor, la fiebre, el olor a podrido y el secreto del nombre del “abortero” hasta la tumba.

Estoy segura que es la primera vez que me expreso sobre todo esto. Creo que algunas veces lloré en la intimidad de mi casa y en los brazos de mi esposo. Pero no por el dolor de esas chicas, sino por la impresión que me había dejado el hecho de  haber terminado esos “trabajos” con la mayor objetividad y pericia posible.

Esas chicas fueron objeto. En todo momento fueron deshumanizadas y juzgadas. Como lo que habían hecho era ilegal, eran repudiadas desde que entraban al hospital hasta que se iban (vivas, muertas o con una causa judicial).

Estoy tan arrepentida de no haberlas comprendido, de no haberlas amado, de no haberlas acompañado amorosamente en un momento tan terrible!. Estoy tan arrepentida de haber tenido mi cerebro y mi alma tan limitada decidiendo quién tenía más o menos moral y quién merecía más o menos mi respeto!. Estoy tan arrepentida que siento que  las palabras para expresarme todavía no se inventaron.

Después comencé mi práctica privada. Y ahí empecé a ver la otra cara de la moneda.

Las chicas que me pedían un aborto “porque mi mamá me va a matar”, “porque quiero terminar mis estudios”, “porque se borró mi novio”, “ porque me van a correr del trabajo y mi marido se fue de la casa”, “porque soy catequista y esto es inadmisible…”. Siempre intenté con la palabra y el respeto que sigan con su embarazo, buscando alguna salida. Porque muchísimas veces después de un aborto, hay arrepentimiento y dolor. Pero claro, cada uno tiene sus momentos de desesperación y sencillamente se iban (y se siguen yendo), a cualquier otro médico que les practique un aborto seguro en una clínica que les permite después seguir vivas para llorar, confesarse, y tener más hijos con una pareja continente o en una mejor situación emocional o económica.

Lo sé porque a esos partos yo misma los asisto. Lo sé porque vuelven conmigo a los controles porque aprendí a no juzgar sino a acompañar.

Por todo eso, por dieciocho años en la práctica ginecológica , por mujer, por católica, por trabajar permanentemente mi interior para lograr la coherencia y abandonar en la mayor medida posible la hipocresía, digo: QUIERO ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO para todas las mujeres que se encuentren en una situación desesperante e íntima.

Me repugna un país donde después de un aborto las ricas se confiesen y las pobres se mueran, donde las ricas sigan estudiando y las pobres queden con una bolsa de colostomía, donde las ricas hayan tapado la vergüenza de su embarazo en una clínica y las pobres queden expuestas en un prontuario policial.

La discusión no es aborto sí o aborto no. Eso lo dejemos para las discusiones de los creyentes y para tomar nuestras decisiones personales.

La discusión en el Congreso de la Nación es si esta sociedad desea que entre las mujeres que indefectiblemente se van a practicar un aborto, se pueden lograr las mismas seguridades clínicas para hacerlo. Para que las pobres no sean mujeres de segunda o tercera categoría. Para que las pobres también sigan vivas para arrepentirse, confesarse, tener un hijo con una pareja continente o en una mejor situación económica o emocional. Para que la sociedad sea menos hipócrita y haya en la realidad de la muerte, un poco más de amor”.

Categories: Salud Sociedad

2 Comments

Aborto y religión: ¿Mutuamente excluyentes?

  1. Despues de un aborto, no hay simplemente dolor y arrepentimiento. Trato con mujeres que han abortado, y puedo constatar como esa acción destroza la vida de la mujer; las excepciones son muy pocas. Su autoestima queda destruida, las relaciones con las personas que la ayudaron, quedan tocadas, su confianza anulada…. Por mucho que lo intentan, nunca pueden olvidar ese día…. su vida queda destrozada. Y nadie las ayuda. ¿por qué tiene que escoger una mujer entre tener un niño o quedar herida psicologicamente? Me parece una crueldad . Los que poponen la legalización del aborto, ¿realmente lo hacen por que les preocupan las mujeres ? ¿cuantas de las personas que proponen la legalización del aborto, proponen también con el mismo interes e intensidad ayudas a las mujeres que han abortado? O mejor aun… ¿Por qué no ayudar a las mujeres embarazadas a tener el niño, y si es necesario darlo en adopción? Siempre será mucho menos cruel y doloroso , que un aborto. ¿Por qué no se habla más de la adopción? ¿Por qué no se propone una vigilancia mayor y una mayor penalización de los abortos clandestinos, para que nadie quiera participar en un aborto? Claro que es duro un embarazo en determinadas circunstancias y entorno, pero hay formas de evitar los conflictos ,y seguir adelante con el embarazo, con ayuda e implicación de la sociedad. Con un aborto, la sociedad nos desentendemos del problema de la persona… y es ella quien queda cargando sola para siempre con ese dolor. El aborto es la solución EGOISTA que da una sociedad que no quiere comprometerse ni ayudar al más necesitado..

  2. Hola Maria,

    Nadie obliga a abortar a nadie. No obstante, y esto es de lo que se trata aquí, es mucho mejor, en caso de que una mujer tome esa decisión, abortar de manera legal, en un hospital con médicos que saben lo que hacen, a hacerlo de manera clandestina y en un procedimiento en el que las probabilidades de muerte para la madre son mucho más altas.

    Es una decisión de la mujer, o debería serlo al menos. Es lo que se exige. Nadie ha dicho que sea fácil, pero nada en esta vida lo es.

    Yo también traté con mujeres que optaron por un aborto, y al menos ellas tuvieron esa posibilidad de hacerlo en una clínica, con médicos que les explicaban el procedimiento, les daban la opción de reconsiderar sus decisiones, y en tres horas se fueron a sus casas.

    Un saludo,

    Verónica

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.