A pesar de que el estrés es un elemento clave en trastornos como la depresión, se siguen sin tratar debidamente algunas de sus consecuencias, como pueden ser las enfermedades mentales, según la Organización Mundial de la Salud.

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En un mundo tan exigente como en el que vivimos, los individuos somos cada vez más esclavos/as del propio sistema.

A menudo ignoramos que padecemos estrés, pues consideramos que es algo pasajero y que nos afecta únicamente en momentos puntuales en los que tenemos dificultades para solucionar determinados problemas del día a día, sean del tipo que sean.

Estamos convencidos/as de que, una vez solucionados los problemas, el estrés se irá, y por ello no le damos la importancia que deberíamos.

Pero, ¿qué es el estrés?

Según el CETEP, un grupo médico chileno especializado en salud mental, el estrés es “la tensión que manteniéndose prolongadamente en el tiempo, o que siendo muy intensa, o ambas cosas a la vez, rebasa las disponibilidades energéticas fisiológicas y psíquicas de la persona, y conduce al agotamiento.”

No obstante, el estrés puede volverse crónico si no desaparece tras un periodo de tiempo, por lo que no es conveniente esperar a que pase solo. Además, el estrés puede llegar a causar problemas mayores. Entre estos podemos destacar los siguientes:

  • Trastornos en el período menstrual en el caso de las mujeres.
  • Ansiedad.
  • Dolores de cabeza.
  • Miopía.
  • Alteración del sueño.
  • Problemas de salud mental.
  • Pérdidas de la capacidad de memoria.
  • Incluso se pueden dar desmayos provocados por el estrés en combinación con la ansiedad.
  • Problemas digestivos.
  • Problemas cardíacos.

No obstante, y pese a que puede acarrear toda una serie de consecuencias que pueden llegar a ser fatales para las personas que lo sufren, las enfermedades mentales, entre las que bien podríamos destacar el estrés, siguen siendo un tema tabú.

Nuestro entorno no nos ayuda a admitir que sufrimos de estrés

El estrés en el trabajo

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En el ámbito laboral se considera el estrés como una debilidad. Los síntomas se asemejan bastante a los de una depresión por motivos laborales.

Alguien que sufre de estrés tiene dificultades, en ocasiones, de cumplir con sus obligaciones en los plazos establecidos, se agobia en cuando se le asigna una responsabilidad importante y es cada vez más autocrítico/a.

La empresa, por otro lado, tiende a pensar que esa persona va a perjudicar al rendimiento del resto del equipo, ya que serán los demás quienes tengan que hacer el trabajo por él/ella.

Además, si esa persona está en proceso de ir a entrevistas de trabajo, el estrés no le permite rendir como lo haría en una situación, digamos, normal.

Esto se debe a que, cuanto mayor sea éste, más presionada se sentirá la persona al pensar que le están poniendo a prueba y probablemente eso afecte también a sus habilidades sociales y comunicativas. En consecuencia, las probabilidades de fallar la entrevista son altas.

No obstante, y aunque las empresas serían las primeras interesadas en poner de su parte para ayudar a que encontrar una solución y a ayudar a financiar los tratamientos de aquellos/as empleados/as que lo necesiten.

Da la sensación de que muchas no parecen interesadas en invertir en algo tan importante como la salud mental, e incluso la penalizan directa o indirectamente, por lo que muchas personas aún no se atreven a admitir que sufren la enfermedad.

El estrés en las relaciones sociales

No resulta extraño percatarnos de que, cuanto más estresados/as nos sentimos, más irascibles estamos con las personas de nuestro entorno. Todo nos molesta. Evitamos toda obligación de carácter social y no soportamos que nos juzguen.

No obstante, en muchas ocasiones no nos juzgan los demás, sino nosotros/as mismos/as, y cuanto más lo hacemos, peor nos sentimos, ya que, en muchas ocasiones, la autocrítica y la autoexigencia son nuestras peores enemigas.

Testimonios

Una de nuestras compañeras de proyecto lleva cerca de 20 años lidiando con el estrés, la depresión y la ansiedad, aunque nunca se atrevió a admitirlo salvo en momentos puntuales.

Aunque pasó varios años viendo a especialistas en psicología por otros motivos, sólo en una ocasión anterior se atrevió a pedir ayuda, ya en la universidad.

Pero no fue hasta recientemente cuando vio que tenía que ponerle solución, y todo porque su cuerpo falló de repente. Fue en un hospital, al salir de su trabajo de intérprete. Todo iba bien. Estaba teniendo una conversación con el paciente al que acababa de ayudar y, de pronto, se colapsó.

“¡Al menos ya estabas en el hospital!” – Le dijeron. Hay un instante del que no se acuerda de nada, por el golpe que sufrió en la cabeza, supone.

Tras cerca de cinco horas en el departamento de urgencias y numerosas pruebas de diversa índole, el médico que la trató le advirtió: No tienes nada. No obstante, has tenido mucha suerte teniendo en cuenta cómo fue la caída, y la próxima vez podría ser mucho peor.

¿El consejo del profesional médico? Reposo total durante al menos dos o tres días y anelgésicos.

Cuatro día después, trata de convencerse de que está mejor, pero aún tiene mareos, tiene dos dedos de la mano derecha morados y tiene dificultad para retener información.

Hay que aprender a pedir ayuda

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Según datos de la Organización Mundial de la Salud, “en los países de ingresos bajos y medios, entre un 76% y un 85% de las personas con trastornos mentales graves no recibe tratamiento; la cifra es alta también en los países de ingresos elevados: entre un 35% y un 50%.”

Esto es, en parte, por el tabú que representa el hecho de hablar de las enfermedades mentales, pese a que está comprobado que las consecuencias son nefastas y a que hoy en día hay muchas más soluciones disponibles que nunca.

Por ello, desde el equipo de La Palabra Púrpura animamos a todas las personas a acudir a su centro de salud más cercano y dar el primer paso: admitir frente a un/a especialista del campo de la salud que se necesita ayuda.

No importa si se empieza por una reunión informativa o una charla con un/a consejero/a o un/a psicólogo/a. Lo importante es encontrar una solución.

¿Y vosotros/as? ¿Habéis tenido episodios de estrés? ¿Qué medidas habéis tomado?

Categories: Estilo de vida Salud

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