Daniel Salazar, de la serie Fear The Walking Dead. Fuente de imagen: AMC.

Daniel Salazar, de la serie Fear The Walking Dead, es un inmigrante salvadoreño dentro de la ficción posapocalíptica que cosecha seguidores por todo el mundo. Pero, de modo insospechado, detrás del actor de la serie se descubre a quien fue todo un titán de la música latina: Rubén Blades.

Con casi 70 años, este panameño no se siente limitado por nada y, si el resucitado género de las series lo requiere, Blades estará ahí asomado como el que ve a Pedro Navaja subiendo por la calle. Y si se da el caso, y alguien lo necesita en la política de su país: Panamá; él no dudará en mostrarse. Pero el capítulo de hoy se centrará en su fase como coloso de la salsa; pero no de cualquier salsa, sino en una que él iba componiendo a raíz de la observación de ese peculiar Nueva York de los setenta, en el que ese panameño se movía como pez en el agua por “territorios” puertorriqueños. O los sones que componía dentro de su cabeza durante sus trasiegos como mensajero de la Fania, la discográfica latina que lanzaba siempre a las más grandes estrellas de la salsa o el merengue.

Las letras de Rubén Blades, ese Daniel Salazar de la serie, lo catapultaron al éxito por todo el mundo latino. Esa visión de su cotidianidad, de lo que vería en Las cloacas de Nueva York, sería la que en un principio nos presentaría este polifacético artista. De esa parte puertorriqueña, de su vida nocturna, se alimentaba un joven Rubén Blades, recién licenciado como abogado. Pasemos a ver su buque insignia, asomando ya desde el primero disco con Willie Colón.

La historia de Pedro Navaja ha tenido una repercusión tan enorme dentro del mundo de la música latina, que forma parte del imaginario colectivo de varias generaciones que la conocen, ya sea sólo de oídas o porque se han metido en la narrativa que Rubén Blades quiso contar.

Es una de las pocas canciones del género que han sido tomadas por artes por el Teatro, con el fin de crear un lenguaje nuevo en torno a la narrativa de la música, y de cómo podría ser teatralizada. Incluso cuenta con una segunda parte, en la que se cuenta la suerte de ese afortunado borracho que dio con el botín resultante del deslavazado conflicto entre la prostituta y el matón. Pero eso llegaría después, como todo lo demás que aquí he mencionado sobre Pedro Navaja.

Pasaron algunos años entre los que ese joven panameño se presentó a su entrevista para ser mensajero de la Fania Records, y tiempo después dejó de ser el chico de los recados, y tuvo una muy bien aprovechada oportunidad. Esto ocurrió cuando cantó con Ray Barreto, y los resultados fueron tales que incluso se llegó comparar su voz con la de Cheo Feliciano, otro coloso del momento. Pero su verdadera oportunidad llegó con Willie Colón, con quien montó equipo y nos dejó este regalo para empezar, del disco Siembra, al igual que la canción anterior, incluida en el mismo disco.

Lo que tuvimos como entremés fue Pablo Pueblo, la historia desesperanzada de un trabajador, un hombre derrotado que llama a la lucha de manera soterrada. A su vez crea una especie de “héroe de la clase trabajadora”; “con su silencio de pobre”, decía acertado Rubén.

Lo que tenemos enfrente es a una salsa completamente nueva, no por su ritmo o su sonido, que lo toma a nivel íntegro de su casa madre: la Fania de los setenta, la crême de la crême de los ritmos latinos, no sólo en EE.UU., sino como exportadores para todo el mundo, incluso África. Rubén Blades hace historia en la salsa por la carga narrativa que Rubén Blades le añadía a toda la letra que firmara, porque ese sería su sello, desde entonces y hacia el futuro.

Rubén Blades: Fuente: Facebook/Rubén Blades.

¿La venida de un nuevo subgénero, se puede hablar de salsa “intelectual”? No existió subgénero, hubo artistas de todas las disciplinas que bebieron de la influencia de Rubén Blades. Hubo versiones, propuestas que buscaban seguir el camino, pero, el único que lo intentó de manera formal, con una orquesta potente como la de Blades, estaba al lado de él y no era más que el mismísimo Willie Colón, aquel quien en el pasado le dio la oportunidad a Rubén, y ahora imitaba sus maneras. En este caso con otro clásico de la salsa: El gran varón, cuyo éxito es relativo, no por su calidad, que es notable, sino por la comparación entre ambos titanes, y ver cómo un clásico como Pedro Navaja se impone con comodidad ante El Gran Varón, de Willie Colón que resbala en los estribillos, estira la canción, da tiempo al baile y al goce en la pista, pero al oírlo sin mayor detenimiento su letra tiende a perderse.

Ojo, a Rubén Blades a veces le pasaba esto en su época de solista, pero su tendencia era a acortar esos momentos de repetición de estribillo para evitar la confusión en sus letras, para que la narrativa predominara sobre la música.

Con los personajes de sus canciones o “ficciones”, si Rubén Blades me lo permite, el panameño dibuja escenas costumbristas que poco a poco van saliendo de ese Nueva York de bajo fondo, y pueden llegar a un público más amplio. “Decisiones” es una manera de llegar a ese drama común de un embarazo no deseado, por poner un ejemplo. Pero sin duda, si hubo una canción de la época tardía de Rubén Blades, como solista, que marcaría un antes y un después dentro de su particular género, sería: “Desapariciones”.

Toda una denuncia colectiva protagonizada por Ernesto, Altagracia, Clara Quiñones y todos los desaparecidos, cuyas familias y la sociedad en general tomaron esta canción como un himno de denuncia ante la represión de las dictaduras militares que sufrieron varios puntos de América Latina. Su éxito es mayúsculo como canción a nivel individual, casi más que su creador. Ha sido versionada por dos de las más emblemáticas bandas de rock de América Latina: Los Fabulosos Cadillacs y Maná. Y su vigencia continua viva.

Rubén Blades, no Daniel Salazar de Fear the Walking Dead, es un tipo al que no conviene quitarle el ojo de encima. Desde 2.014 se vienen oyendo rumores de su pretensión a presentarse a las presidenciales de Pánama. A nivel personal él no se define como una persona “ni de izquierda, ni de derechas”, pero su pasado como simpatizante de izquierda, y su manifiesta sensibilidad social, ha generado un sesgo respecto a si su candidatura se realiza para el próximo 2.019. Según explica Blades, el funcionamiento de la política debería ser darle una solución directa a los problemas que pueda enfrentar un país en un momento dado, pero no se moja en cuestiones ideológicas. Su futuro es como el de un muchacho de 20 años con todo un mundo por delante, pero él ya lleva una vida vivida, y mientras tanto se divierte disparando con pistolas de mentiras en un set de grabación. Así es Rubén Blades.

 

Bonus Track

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.