Armenia se rebela en medio de las conmemoraciones del 103º aniversario del genocidio que sufrió esta nación del Cáucaso

Protestas en la plaza de la República, fuente ALINE OZINIAN.

Las casi dos semanas de manifestaciones populares en Armenia contra la eternización en el poder del primer ministro, Serzh Sargsián, han coincidido con los actos de recuerdo a los millones de muertos a manos del poder otomano.

El pasado 17 de abril, Sargsián, presidente de Armenia durante los últimos 10 años, resultó elegido primer ministro del país por el Parlamento con 77 votos a favor y 17 en contra. El régimen de república parlamentaria que desde 2015 rige el pequeño estado caucásico habría permitido a Sargsián, no solo seguir al frente del país, sino también poseer competencias mucho más amplias que las que tenía como presidente. Una gran mayoría de armenios han visto este acto como un intento flagrante de perpetuación en el poder y, liderados por el opositor Nikol Pashinián, han salido a la calle en masa. Las protestas, a las que también se han unido soldados de uniforme pero desarmados, han sido pacíficas. Sin embargo, la contención de la policía nacional se ha saldado con hasta 400 detenciones.

A pesar de que estas presiones han logrado finalmente la dimisión de Sargsián, el pueblo armenio sigue mostrándose muy crítico con la corrupción que afecta al país. Como consecuencia de ello, no desiste en sus manifestaciones, entre las que podemos destacar una marcha hasta Guiumri, la segunda ciudad del país, anunciada para el viernes 27 de abril, y ya se busca la celebración de unas nuevas elecciones legislativas.

Rusia, que hasta ahora había considerado que las protestas eran un asunto interno de Armenia, se ha erigido en las últimas horas como mediador en el conflicto. A este país, sobre todo después de la guerra de Osetia del Sur en 2008, no le interesa que se produzca más inestabilidad en el Cáucaso. Además, Armenia es aliada de Rusia y alberga dos bases militares rusas en su territorio soberano, una de ellas precisamente en Guiumri.

Cuatro datos sobre el país

Armenia es un pequeño país de poco menos de 3 millones de habitantes situado en la región Transcaucásica, a caballo entre Asia y Europa. Este país, cuya capital es Ereván, se segregó de la Unión Soviética en 1990. Fue el primer estado del mundo en adoptar el cristianismo como religión oficial en una fecha tan precoz como el año 301.

El país, eminentemente industrial, explota principalmente el sector del aluminio. En los últimos años, se va perfilando como destino turístico recibió 1,5 millones de turistas en el 2017. Se trata de un lugar seguro, con mucha historia, una buena gastronomía y gente acogedora y abierta. Además, Armenia resulta atractiva por su accidentado relieve y un original paisaje natural. Alberga el gran lago Sevan, uno de los mayores lagos de alta montaña del mundo, y es hogar de muchas especies endémicas. La montaña más alta de la región, el monte Ararat, era tradicionalmente armenio, pero se encuentra actualmente en territorio turco. Sin embargo, esta montaña es visible desde gran parte de Armenia y se considera un símbolo nacional.

Monte Ararat visto desde Armenia. Imagen de Montsant Figuerola.

La diáspora, resultado, entre otros factores, del genocidio, es un fenómeno poblacional muy significativo en la sociedad armenia. Se calcula que dos tercios de la población viven fuera de las fronteras del propio país, sobre todo en países como Rusia y Estados Unidos, y también en Argentina, Francia, Canadá o Australia.

El genocidio armenio

Armenia ya era parte del multinacional imperio otomano desde el siglo XVI. Pero tras la guerra Ruso-Turca de 1828-29, a la nación se la dividió en dos y la parte oriental fue cedida al Imperio Ruso. A finales del siglo XIX, los armenios de Anatolia empezaron a reivindicar corrientes de tipo revolucionario, nacionalista y democrático, influenciadas por el moderno pensamiento europeo. El soldán Abdul Hamid II, viendo peligrar la unidad del imperio otomano, ejerció una brutal represión contra ellos y les privó de derechos, como el reconocimiento de minoría étnica y religiosa.

Años más tarde, y con la entrada del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial como aliado de Alemania y enfrentado a la Rusia pre-revolucionaria, los armenios despertaban sospechas de colaboracionismo con el enemigo. Bajo este pretexto, entre 1915 y 1923, la población de la Armenia occidental, en la actual Turquía, sufrió una terrible campaña de exterminio y de deportaciones masivas a manos del Imperio Otomano con el objetivo de borrar físicamente el pueblo armenio de esta región. Como consecuencia de esta represión, se estima que 1,5 millones de armenios fueron asesinados y que 1 millón de ellos fueron deportados.

Actualmente, Turquía sigue negando la existencia del genocidio. De hecho, explica las muertes por las luchas interétnicas, la hambruna y las enfermedades que asolaron la población dentro del difuso contexto de la Primera Guerra Mundial. Algunos intelectuales turcos han denunciado en ocasiones las represalias sufridas al reflexionar sobre este genocidio. Es el caso del escritor Dogan Akhanli, detenido el año pasado en España en virtud de una orden de la Interpol, y acusado de pertenecer a banda armada y terrorista. Otro caso impactante fue el asesinato del periodista turco de origen armenio Hrant Dink, director del semanario Agos, hace poco más de diez años. Dink escribía sobre el genocidio y abogaba por tender puentes entre ambas culturas. Ello levantó recelos e incomodidades dentro del oficialismo turco, y fue asesinado a tiros en Estambul. Tres años más tarde, se hallaría muerto el abogado de la familia de Dink.

Insólitamente, solo una treintena de estados de la ONU reconoce el genocidio armenio. Países como España evitan formular un reconocimiento oficial, aunque sí lo han hecho algunos de sus parlamentos autonómicos, como el de Cataluña en el año 2010.

Protestas en Ereván autor-Epress.am, traducción: Viva la revolución de amor y paz.jpeg.

Opinión in situ y nuevas perspectivas

Hemos hablado con Lusine Soghomonyan, una ingeniera de 32 años residente en Ereván, para que nos comentara qué impresiones tienen los jóvenes y la generación de sus padres sobre este movimiento popular. Además, hemos querido conocer cómo se ve el futuro en Armenia. Lusine dice: “Creo que hemos conseguido una victoria muy importante para todos, y especialmente, para la juventud, que lleva la voz cantante en las manifestaciones. Sentimos que tenemos una fuerza unida y poderosa, que puede luchar contra todo tipo de injusticias y contra el sistema corrupto. Nunca he visto a mi gente tan unida. Cualquier tipo de gobierno que venga a partir de ahora ha de temer a la gente, porque su poder es, a partir de hoy, imposible de romper. Aunque parezca raro, tanto la generación adulta como los jóvenes tienen la misma opinión sobre estas jornadas. Es cierto que, al principio, las personas más mayores no estaban seguras de la victoria, porque en el sistema soviético, en el que ellos vivieron, no se les permitió creer que después de tantas represiones e injusticias ellos también verían una nueva Armenia, libre de corrupción. Me alegro de ser testigo de este levantamiento y florecimiento nacional”.

Categories: Acontecimientos

One comment

Las protestas en Armenia fuerzan la dimisión de su primer ministro

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.