A San Marino llegué por casualidad un día domingo desde Rimini. A las 8 h estaba frente a la estación de trenes esperando un colectivo especialmente contratado para realizar una actividad grupal, pero resulta que nunca llegó; se olvidaron de avisarme que se posponía el encuentro.

La ciudad recién comenzaba a despertarse, y mientras yo pensaba en las horas de sueño que había perdido vi un colectivo que decía “SAN MARINO”. Después de 45 minutos y 5 euros de por medio, había llegado a mi nuevo destino; tenía todo el día para recorrer este microestado europeo rodeado de territorio italiano. A medida que íbamos subiendo por el Monte Titano, el color blanco se imponía cada vez más; fue la primera vez que vi tanta nieve junta.

Puerta de San Francisco, con las réplicas de los bajorrelieves. Ph: De viajes y otros demonios.

Después de atravesar la Puerta de San Francisco, ya estaba pisando el centro histórico de San Marino, declarado Patrimonio de la Humanidad. Callejuelas, construcciones de piedra, vistosos restaurantes y, lo más impactante, las tres torres ubicadas en cada uno de los picos del monte.

Las Torres de San Marino

Estas tres fortalezas forman parte de la bandera y escudo de la ciudad y de la República, y son muy importantes para la historia de San Marino ya que se las construyó con el objetivo de defender el territorio.

La primera torre, Rocca o Guaita, es la más antigua y la más visitada; fue construida en el siglo XI y restaurada posteriormente en varias ocasiones. También funcionó como prisión durante un tiempo.

Guaita, la torre más antigua de San Marino. Ph: De viajes y otros demonios.

La segunda torre, Cesta o Fratta, se remonta al siglo XIII y está ubicada en el pico más alto; en su interior se puede visitar el Museo de las Armas Antiguas. En el camino hacia la Cesta se pueden obtener las mejores vistas de la Guaita.

La tercera torre, Montale, es la más alejada, y solo puede visitarse por fuera. Yo no pude llegar hasta sus pies debido a que el camino era en bajada y me resbalaba por la nieve. Hubo gente más valiente que sí lo hizo, algunos con caídas de por medio, u otros bajaban como si estuviesen patinando.  

Museos

San Marino cuenta con cinco museos estatales y varios más de carácter privado. Al momento de comprar las entradas para los estatales, hay varias opciones y combinaciones. Evalúa a cuáles querés entrar para ver si te conviene la tarjeta multi museo (10,50 euros) o las entradas independientes.

En mi opinión, el Museo de Estado es interesante para conocer la historia de San Marino y el legado arqueológico del territorio. Por otro lado, el Museo – Pinacoteca de San Francisco me resultó aburrido; es pequeño y creo que si no sos muy religioso o fanático de San francisco tranquilamente te lo puedes ahorrar.

El bajorrelieve de la Puerta de San Francisco, actualmente en el Museo de Estado. Ph: De viajes y otros demonios.

Desde el 2005, el Museo de Estado alberga dos bajorrelieves que pertenecen a la Puerta de San Francisco con el objetivo de asegurar su preservación; los que podemos ver en su sitio original son réplicas. Si bien se sabe que la puerta data de mediados del siglo XV, se desconoce la exactitud de los bajorrelieves. El que muestra la forma de un águila se estima que se creó entre mediados y fines de dicho siglo, y el que muestra las torres es más reciente.  

El bajorrelieve más antiguo de la Puerta de San Francisco, actualmente en el Museo de Estado. Ph: De viajes y otros demonios.

 

Otros imperdibles

Continuando con el recorrido, puedes visitar la Basílica del Santo ubicada en la plaza Domus Plebis, de entrada gratuita. Se la construyó en el siglo XIX sobre cimientos de una antigua iglesia dedicada también a San Marino, fundador de la ciudad, segunda la leyenda.    

A pocos pasos se ubica la Piazza della Libertà, donde se encuentran cafés, el Palacio Público y, en el centro, una fuente con la llamada Estatua de la Libertad. Debajo de la plaza descansan antiguas cisternas que en otros tiempos abastecían a la población mediante normas estrictas de uso, debido a que el suministro de agua era una cuestión de superviviencia para una ciudad construida sobre roca.

Locales comerciales en la Piazza della Libertà de San Marino. Ph: De viajes y otros demonios.

Respecto al palacio, se puede visitar la sala donde se celebran las sesiones del Gran Consejo General los días que no hay reuniones y, en temporada de verano, se puede asistir a la ceremonia de cambio de guardia.

La gastronomía de San Marino es similar a la de la región Emilia Romagna de Italia: sobresalen la pizza, la pasta y sabrosos helados. Te recomiendo la Gelatería L’alchimista o, si vas en época de frío, un chocolate caliente para ir bebiendo mientras recorres esas callecitas de cuento.

Una calle de San Marino. Ph: De viajes y otros demonios.

Si tienes alguna duda o no sabes por dónde comenzar, recurre a la oficina de información turística. En mi caso, me atendió un señor muy amable, y en la oficina se consiguen mapas y folletos en varios idiomas. Es aquí mismo donde puedes comprarte un recuerdo intangible de San Marino, ya que, si abonas 5 euros, puedes llevarte el visado en tu pasaporte de la república más antigua de Europa.   

Vista de la ciudad de San Marino desde un mirador. Ph: De viajes y otros demonios.

Cuando termines tu recorrido, puedes bajar mediante el funicular hacia Borgo Maggiore, la zona de colectivos. Si todavía te quedan energías, te recomiendo que lo hagas caminando. El trayecto en funicular dura apenas unos minutos, y el paisaje se aprecia mejor desde los miradores y la zona de las torres.

¿Conoces San Marino? ¿Tu experiencia fue en invierno o verano?

Categories: Viajes

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