Cambios en la mentalidad de la generación actual

A los que fuimos niños o adolescentes desde antes de los años noventa, dar con alguna imagen pornográfica, o simplemente erótica, no sólo nos suponía un reto; nos revelaba un gran misterio que rodeaba nuestras mentes en aquellos inocentes años: cómo era una mujer desnuda. Las revistas pornográficas suponían un bien preciado, una extensión de nuestra intimidad. Así de difícil resultaba ser un adolescente al que las hormonas lo toman por asalto.

La nueva generación tiene más acceso que nunca a las nuevas tecnologías. En la imagen, un niño ve vídeos en una tablet. Fuente: PxHere (Banco de imágenes sin derechos)
Ahora, los tiempos han cambiado. En la actualidad, si le dices a un niño de diez o doce años que te ponga algo de ‘porno’, es muy probable que sepa por dónde meterse, qué palabras utilizar, hasta llegar a tu cometido: probar que la experiencia de los niños de ahora en las redes no sólo es mucho mayor que la de un octogenario, sino que su acceso a contenidos inapropiados para su edad es tan sencillo como dar algunos toques con los dedos índice.
No nos creamos tampoco que no existe un código en España que regule estas exposiciones de los niños ante el ‘porno’ o la violencia extrema. Dicha legislación existe, se aplica en revistas, en periódicos, canales de televisión, y sorpresa: en los videojuegos

¿Y en Internet?

La legislación existe, pero hace aguas ante el ascenso de la Red como canal universal, con todo lo que un joven de los noventa habría deseado: acceso ilimitado a pornografía, viodeojuegos hiperviolentos, y cosas más macabras que sólo algunos “cerebritos” serían capaces de encontrar, por suerte.
Tratamos de ironizar entre adultos sobre el humor negro, echando mano del sarcasmo, mientras que los niños de ahora se apropian de nuestro mismo chiste, de cuestionable sentido del humor, y lo toman al pie de la letra, sin entender qué es ese tipo de humor, ni tampoco tener nociones reales sobre qué es la violencia o el sexo. Es normal que nos preguntemos qué pasa, o a qué clase de seres crueles les estamos dando el gobierno del mundo durante una generación, pero estas preguntas no tienen respuesta de momento. La cuestión ahora es abordar el problema.

No están preparados

Nunca lo estuvieron, tampoco lo estuvimos nosotros cuando vimos ‘porno’ por primera vez, pero se repite el caso de que cuando al niño de dos años le da una pataleta, los padres le dan la tablet para que se calle. De entrada se le está dando al niño o niña un mensaje pernicioso que voy a simplificar, pero que puede tener muchas variables: “Si haces una pataleta, te daré mi tablet para que juegues”. Y la escena se repite en cualquier lugar donde puedan estar adultos y niños: mientras los adultos hablan o festejan, los niños permanecen atónitos ante la pantalla, sin parar de ser bombardeados por multitud de contenidos.
Aparte de que la criatura esté aprendiendo a manejar con agilidad una tablet, y de paso a su madre o padre se está saltando una regla que los niños aprenden a esta edad: respetar los límites, respetar las órdenes. En esta edad, por fortuna, es fácil rastrear la actividad de nuestros hijos en la tablet: vemos qué aplicaciones han descargado, suelen ser juegos didácticos relacionados con los dibujos que ven en los canales infantiles. Podemos consultar qué uso ha hecho de su cuenta: si ha hecho algún micropago que llegará a tu tarjeta, en definitiva, son más fáciles de controlar. Pero el daño que ocasiona educar a un niño o niña “a golpe de tablet” es algo que sólo se puede estimar si observamos con detalle el comportamiento de estos chavales ahora y en el futuro.

Consecuencias

No es agradable oír a un coro de niñas de seis años cantando: “A mí me gustan bien grandes, que no me quepa en la boca”. La compositora Becky G. no gastó ni una sola figura retórica para camuflar o edulcorar de algún modo su mensaje. Suena áspero, difícil de digerir. Pero no se sorprendan, esto sólo es la punta del iceberg que pueden encontrar en su PC, tablet o móvil, en aplicaciones como Spotify o Youtube. El reggaeton, que arrasa por medio mundo y se populariza de modo viral, ha arraigado fuerte en los gustos musicales de los jóvenes. Se ha señalado a varios “compositores” por sus letras de fuerte contenido violento, hipersexualizado y machista. Tampoco es justo señalar a todo el conjunto del movimiento como violento o machista, cada vez son más los artistas que se desmarcan de esa corriente ‘gangsteril’, sean hombres, o mujeres que utilizan el mismo género para denunciar el machismo del que se le acusa. Pero siendo igual de justos, cabe decir que esta es una corriente minoritaria en comparación a las cifras que manejan otros artistas mucho más conocidos, los del mensaje pernicioso.
Antes mencionaba con sorpresa, sin desarrollarlo, el tema de los videojuegos. Sí, en efecto los videojuegos tienen un código para que las personas sepan qué elementos pueden encontrar en ese título: la etiqueta informativa puede detallar escenas de “uso de drogas”, o el grado de violencia existente, y por último la edad recomendada para jugar el título. Teniendo esto en cuenta, resulta extraño que en muchos de esos juegos catalogados como “muy violentos”, algunos basados en modos multijugador, sea tan alta la presencia de menores.
 

“Niño rata”. Fuente: Ozkar Junior / Memedroid.

Son tan significativos y numerosos estos chavales que, sin quererlo, han creado creado una comunidad, son los llamados “niños rata”, que incluso gozan de cantidad de memes y vídeos creados en torno a su presencia temprana en las redes. Su comportamiento los delata: nula tolerancia al fracaso, competitividad extrema, tendencia a la fantasía; son niños. Son capaces de abandonar partidas en medio de alguna misión importante porque alguno no pudo lidiar con la presión, perdió los nervios y abandonó, dejando colgado a su equipo. O pataletas ‘locas’ en medio de una partida, retransmitida para los demás estupefactos jugadores. Pasando por sus inquietantes comentarios en foros como las secciones de comentarios de vídeos de Youtube. Y es que lo curioso del caso es que no es raro ver a muchos padres y madres regalando a su hijo o hija un juego hiperviolento porque es lo que habían pedido a los “Reyes”.

Son niños aunque jueguen a dejar de serlo

Volviendo a las últimas generaciones hasta los noventa, fueron movimientos moralistas los que pretendían proteger a los jóvenes de “malas influencias” que podían venir de la música o de la industria pornográfica de la época, y lo consiguieron: la clásica pegatina “PARENTAL ADVISORY” que se ponía en las esquinas de los discos es fruto de uno de esos movimientos moralistas de los años setenta de los EEUU.
Por otro lado, la postura de los gobiernos respecto a la pornografía siempre ha sido conservadora, con un fin claro, la protección de la juventud. Pero el cambio de paradigma que supone el acceso ilimitado a las redes, por parte de los más jóvenes, desafía todas las presiones que pueda hacer un grupo moralista como el que consiguió clasificar la música; desafía también todas las competencias de los gobiernos respecto a Internet, y al final pone la pelota en el tejado de los padres, quienes deben ser los que vigilen los contenidos que consumen sus hijos, asesorarlos sobre los mismos, y finalmente regular su acceso a la Red, siendo siempre conscientes de los peligros a los que se pueden exponer.
Categories: Opinión

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