Cuando la vulva o el pene determinan el comportamiento

A lo largo de los siglos, en todo el mundo, las identidades femeninas se entendieron, a nivel social, como inferiores. Los seres humanos nacidos con vulva (de ahora en adelante, “SERES VULVA”), debían estar al servicio de los seres nacidos con pene (de ahora en más, “SERES PENE”) y de su placer y comodidad. Debían enamorarse de SERES PENE, dedicarse a las tareas domésticas y criar a los hijos. Porque vulva. Con la misma lógica, los SERES PENE debían enamorarse de SERES VULVA, debían traer el pan al hogar, y ser valientes y fuertes (emocional y físicamente) para proteger a la familia. Porque pene.

Género. Seres vulva, seres pene. Juguetes. Imagen: Google imágenes.

SERES VULVA debían ser sumisas y puras, vestirse de forma decente y abstenerse de opinar (esto incluía no votar). SERES PENE debían tomar todas las decisiones y ocupar los puestos de poder, gozar de actividades y deportes exclusivas para ellos y abstenerse de expresar sus emociones. Y comportamientos debidos como estos, miles más.

Esta correlación entre biología (“sexo”, es decir, tener vulva o pene) y comportamiento social (“género”, es decir, deber hacer esto o aquello según tu sexo) es totalmente arbitraria, porque lo que tenemos entre las piernas no debería implicar una diferencia en otros aspectos como el intelectual, el de los gustos, el de la preferencia sexual, etc.

La realidad de las cosas

Hay SERES PENE que se enamoran de SERES PENE, hay SERES VULVA que se enamoran de SERES VULVA. Hay seres que no se enamoran pero adoran tener relaciones sexuales. Hay seres que se enamoran y no quieren tener relaciones sexuales. Hay SERES PENE y SERES VULVA que se enamoran de cualquier ser sin importar si tiene pene o vagina.

Hay SERES PENE que sueñan con quedarse en el hogar a criar a los hijos, y SERES VULVA que no quieren procrear sino disfrutar de la sexualidad con el único fin de sentir placer, y también dedicarse a profesiones históricamente reservadas a SERES PENE. Y hay SERES PENE que disfrutan de llorar de emoción con una comedia romántica (algo que pareciera no estarles permitido). También hay seres que no nacen ni con pene ni con vulva, y otros que deciden realizar cambios en sus genitales.

Hay de todo. ¿Por qué empecinarnos en clasificar y prediseñar el comportamiento y los gustos? Cuando reflexiones sobre esto, por favor intenta dejar fuera de la ecuación cualquier mandato familiar, social o religioso que te susurre por dentro que esto o aquello “es lo normal”. Cuestiónate el concepto de lo normal.

Además de arbitraria e injusta, esta correlación entre lo que hay entre las piernas y el comportamiento esperado es peligrosa, porque es la base sobre la cual se ha construido un tejido de suposiciones acerca de lo que es “normal” y lo que no lo es: este tejido se llama patriarcado. El patriarcado dicta la reafirmación de la identidad masculina como superior a través de la violencia física y verbal y del acoso, que son formas de dejarle bien claro a todo el mundo que las identidades femeninas se deben a las masculinas. Es el mismo patriarcado que alienta la represión emocional y establece que los hombres no lloran, por ejemplo.

Esta sociedad patriarcal también dicta que SERES VULVA se reafirmen en su femineidad a través de la pureza, por lo que deben llegar vírgenes hasta el matrimonio, no ser promiscuas, hablar bien, comportarse como damas, etc. Y no olvidemos la imposición de la procreación, ya que, para el patriarcado, la realización femenina se da cuando la mujer es madre. Y una vez que es madre, le corresponde la crianza, por la concepción socialmente aceptada de que la mamá cría y el papá sale a trabajar. ¿Suena familiar? Estamos hablando del mismo tejido de imposiciones que también dicta que una familia normal está constituida por SER VULVA más SER PENE más descendencia, y que la homosexualidad es una enfermedad que puede y debe curarse.

El rol del feminismo

Todos estos dictámenes patriarcales son peligrosos porque llevan a situaciones de naturalización de la violencia recibida o ejercida, y eso a su vez causa la prolongación de las desigualdades. Esto no significa que esté mal que una persona, sea cual sea su identidad, elija alguno de los comportamientos anteriores. Lo que no está bueno es que sienta que debe hacerlo o que le corresponde por tener lo que tiene entre las piernas.

El feminismo busca, entre otras cosas, abrirle los ojos a la sociedad sobre el hecho de que no importa lo que haya dentro de tus calzones, porque todas las personas tenemos los mismos derechos. ¿Cómo busca el feminismo generar esa conciencia? Desnaturalizando comportamientos que no son naturales.

Lo que se nos enseña desde la infancia

Mujer. Hombre. Coche. Cocina. Seres vulva y seres pene. Fuente: Google imágenes.

SERES VULVA escuchan desde pequeñas comentarios asquerosos en la calle de parte de SERES PENE (en Latinoamérica, por ejemplo, la Dirección de Estudios Sociales del Ministerio de Desarrollo Social de Chile ha comprobado que el 97% de los mal llamados “piropos” provienen de hombres), y todos aprendemos que eso es normal. Se nos enseña que es un halago o un cumplido que se disfruta, pero nadie se detiene a pensar que estos acosos implican una opinión no requerida, y por lo tanto invasora, sobre algo tan íntimo como lo es el propio cuerpo. Y que en un contexto en el que se produce un femicidio cada 18 horas (cifras de Argentina), estos acosos causan miedo.

SERES PENE escuchan desde pequeños que no deben jugar a cocinar, ni con muñecas, porque peligra su masculinidad. Que el color rosa no es un color que les pueda gustar porque se van a volver gay (y ser gay es algo malo, ¿recuerdan?), y que decirles o gritarles cosas a SERES VULVA en la calle es normal porque obtendrán la admiración y el respeto de sus pares.

SERES VULVA escuchan desde pequeñas que la sexualidad es algo sagrado, un tesoro que deben entregar solo al amor de sus vidas (en un romance heterosexual, por supuesto) y en lo posible después del matrimonio. Aprenden que mientras menos hablen, más atractivas resultarán para el sexo opuesto, y que otras de su propio sexo son competencia por dicha aprobación. Que los celos son muestras de amor y que la manipulación emocional es parte de toda relación amorosa.

SERES PENE escuchan que mientras más temprano tengan sexo y mientras más puedan llevar a la cama, más valoración recibirán de sus pares. Pero que las que se metan en sus camas son todas putas y que las putas no han de respetarse ni merecer amor. Aprenden que no deben llorar ni mostrarse vulnerables, porque harán el ridículo, y que sus pareas les deben fidelidad. Se les enseña que un no es un sí disfrazado. O que, en todos caso, nadie del sexo opuesto tiene derecho a decirles que no, porque sus cuerpos no son suyos, porque se visten “provocativamente” o cualquier otra excusa.

SERES VULVA aprenden que deben vestirse con modestia porque mostrar piel de más es sinónimo de ser puta y ser puta es algo malo. Y que por putas las van a agredir y violar, porque las putas no han de respetarse ni merecer amor. Ellas no pueden comportarse como el sexo opuesto, que aprende que andar en cuero es normal y rascarse los testículos en público no tiene nada de malo. Y que una teta a la vista, aunque sea parcialmente, es una invitación abierta al sexo

TODOS aprenden que si un embarazo no deseado, por falla del método de anticoncepción, por violación o por lo que sea, es un mandato divino. Por lo tanto, se espera que se resignen los sueños y las aspiraciones para proveer para la criatura en camino. Se nos enseña que interrumpir el embarazo es sinónimo de asesinato, pero que es normal que haya padres ausentes y que, a lo sumo, un poco de dinero cada tanto es lo moralmente deseable. Y que se haga cargo la madre.

TODOS aprenden que si algo se dice “con humor”, es inofensivo. Alguien dijo una vez, con mucha razón, que se dice como chiste aquello que no se puede decir en otro tono. El humor es simplemente una herramienta más de naturalización. Pero se aprende que no reírse de un chiste es ser un aguafiestas.

Y todo eso es una mierda. ¿Hasta acá todos de acuerdo, no?

Dream woman. Dream man. Seres vulva y seres pene. Fuente: Google imágenes.

Los desacuerdos suelen empezar, en primer lugar, cuando se discuten las formas de hacer feminismo. Casi todos los días escucho o leo frases como “las feministas son todas violentas e incivilizadas”, “esa no es la forma”, etc. Y acá es cuando pido un poco de reflexión. Las identidades femeninas estamos saturadas de patriarcado, cansadas de que se naturalicen comportamientos que son artificialmente impuestos por la sociedad, que el Estado no haga nada para garantizarnos seguridad e iguales derechos, y que los medios masivos de comunicación que alcanzan a toda la sociedad reproduzcan estereotipos e ideas que contribuyen a que el patriarcado se mantenga fuerte.

Necesitamos un cambio urgente, y llevamos siglos y siglos de paciencia que no conduce a nada. Y cada día hay más identidades femeninas oprimidas y violentadas. Miles de ojos morados, labios partidos, comentarios indeseados sobre nuestros cuerpos, humillaciones, desigualdades laborales, violaciones, vejaciones, femicidios (un femicidio es cuando el asesino mata a una identidad femenina -que puede o no tener vulva- porque esta última no cumplió con lo que debía hacer según su sexo: se negó a tener sexo, no cocinó, subió el tono de voz, habló con otros, etc.).

Las feministas hacemos ruido y nos enojamos como forma de sacudir a los demás y de interpelar al Estado. Lo hacemos para visibilizar que lo que parece natural no lo es. Nos hermanamos para terminar con el patriarcado que dictamina que es normal que caminemos a la noche con miedo. Marchamos y protestamos porque vemos que las identidades femeninas no reciben respeto ni gozan de los mismos derechos que el resto de la sociedad. Mostramos las tetas en las manifestaciones porque queremos transmitir el mensaje de que no son algo sagrado que deba mantenerse oculto (ni que, cuando se muestran, den el derecho a otros de hacer con ellas lo que quieran sin consentimiento.

Interpelamos a la iglesia como institución por los siglos y siglos de avalar la desigualdad social en todas su formas y de encubrir pederastas, lo que no significa que no haya feministas religiosas ni que todos los que se desempeñan dentro de la iglesia como institución sean malas personas. El hartazgo es porque cada pequeña muestra de naturalización del machismo contribuye a prolongar el status quo. Y las protestas y demostraciones son el último recurso, cuando ya nadie presta atención a nuestro reclamo. Es la respuesta revolucionaria a la violencia ideológica y estatal.

Nos movemos, y el movimiento genera cambios. Hace poco, por ejemplo, Islandia declaró ilegal la diferencia de sueldo entre personas de distinto sexo. Y Uruguay reconoció la problemática de los cientos de mujeres muriendo en la clandestinidad por abortar y decidió hacerse cargo a través de la regulación y la educación. Identidades femeninas (con vulva o no) de todo el mundo se animaron a denunciar públicamente los abusos sufridos, y muchos varones se animaron a rebelarse contra lo que se supone que deben hacer como tales, ¡y se aliaron a la lucha feminista!. Y como esos, muchos más logros se van dando de a poquito. ¡Y vamos por más!

De lo que muchos no se dan cuenta es de que el feminismo no es guerra de mujeres contra varones. Es la guerra de las identidades femeninas (y las demás identidades acompañando) contra el patriarcado y la red de nociones erróneas naturalizadas sobre lo que se debe o no hacer según los genitales. Y eso nos beneficia a todos. Que haya varones que van a una comisaría a denunciar abusos y se les rían, es culpa del patriarcado. Que se sientan obligados a ser “caballeros” (¡ya el término por sí solo remonta a una época muy antigua de caballos y espadas!), también. Que tantos cometan suicidio por sentirse frustrados por no poder lograr lo que se supone que deben lograr como varones que son, también.

“Los hombres también son víctimas”

Muchos tampoco se dan cuenta de que el feminismo no niega que exista violencia de parte de las identidades femeninas. ¡Por supuesto que existe! Y nos entristece y nos parece tan trágica como toda violencia. Pero no enfocamos nuestra lucha en ella porque no constituye un problema social (por su magnitud y porque no está avalada por concepciones naturalizadas de lo que es normal y lo que no, y por lo tanto nadie la minimiza). Si hay identidades femeninas que cometen actos de violencia o criminales, la justicia les hace pagar por ellos y las víctimas encuentran resarcimiento. Ojalá se pudiera decir lo mismo a la inversa. Sin embargo, ¿te pusiste a pensar cuántos casos podrían evitarse si derrumbáramos el patriarcado? (ver caso Higui, Cyntoia Brown, etc.). Por otro lado, los asesinatos en los que las víctimas son varones pero los asesinos también lo son, tampoco entran dentro de la agenda feminista porque, bueno, está claro. Imagínate dos casas contiguas, una de las cuales está prendida fuego: ¿a cuál de ellas diriges el chorro de agua la manguera?

Por todo esto, me resulta incomprensible que tantos desestimen la lucha feminista. El término feminazi, por ejemplo, con el cual igualan nuestra labor por la igualdad y la reivindicación de las identidades femeninas con el exterminio genocida en campos de concentración, es aberrante. ¿No sería espectacular que nos uniéramos todos para pedir igualdad y justicia? Identidades femeninas a la cabeza de la lucha, porque son las históricamente oprimidas, y las demás identidades acompañando. No hay que olvidar que hay muchos feminismos, pero que todos apuntan a lo mismo: destruir el patriarcado para beneficio de todos. Empieza en casa, súmate, cuestiónate, deconstrúyete, aporta tu granito de arena. Es una cuestión de principios y respeto por los derechos humanos.

Categories: Ciencia Opinión

8 Comments

Feminismo: Seres vulva y seres pene

  1. Bastante pobre la redacción en general.. Sería bueno algo de seriedad a la hora de hablar de estos temas, creo que le daría más fuerza al discurso.

    1. Lamentamos que pienses que no hay una intención seria detrás de la problematización de situaciones cotidianas que involucran prejuicios y desigualdad. ¡Gracias de todas maneras por tu comentario y por tomarte el tiempo de leer!

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