Las personas con enfermedades mentales no están locas

Vivimos en una época en la que, a pesar de que es cada vez más común padecer enfermedades mentales debido a diversos factores como el estrés o el ritmo de vida, la sociedad sigue teniendo, frente a éstas, una postura de intolerancia y no-aceptación.

Dichas enfermedades afectan, no sólo a nuestro modo de afrontar las cosas, sino también a nuestra capacidad de interactuar con aquellos que nos rodean o incluso a nuestra concentración. Nos hacen olvidadizos, como si tuviéramos mil cosas en la cabeza y al mismo tiempo no pensáramos en nada en concreto.

En las películas nos muestran que a las personas con problemas mentales las internan a la mínima sospecha en centros psiquiátricos por temor a que puedan llegar a hacer daño a las personas de su entorno o a sí mismo.

No obstante, lo que la sociedad ignora en muchas ocasiones es que esa es, en realidad, la última fase, y que, para llegar a ese punto, la persona que enferma, porque no deja de ser una enfermedad, ha vivido ya un auténtico calvario, y que, a ojos de su entorno, es a veces, invisible”.

En otras ocasiones resulta más evidente, aunque esto varía en función de la capacidad del individuo de ocultar sus emociones y su estado del ánimo. No obstante, cuando se junta inestabilidad emocional con el consumo de sustancias como el alcohol o las drogas, la combinación puede convertirse en una bomba de relojería.

¿Por qué se juzga tanto a las personas con enfermedades mentales?

La actitud de la sociedad es crucial a la hora de afrontar la realidad y admitir que las enfermedades mentales también forman parte de nuestro día a día, como el cáncer o los traumas por accidentes de tráfico, aunque no se ve con los mismos ojos.

Mientras que nadie se cuestiona acudir a sesiones de quimioterapia como medida para luchar contra el cáncer, sí que se cuestiona, sin embargo, si acudir a un psiquiatra para recibir tratamiento para luchar, por ejemplo, contra la esquizofrenia, pues muchos lo consideran aún “ir al loquero”.

Pues bien, no por tener una enfermedad mental uno está necesariamente loco, aunque puede que en ocasiones tenga esa sensación, sino que simplemente padece una enfermedad que se puede tratar para que no se desarrolle más.

El hecho de que se (des)califique (cosa que aún nos viene de antaño) de “tonto”, “idiota”, o loco, peor aún,  a los que padecen estas enfermedades no ayuda.

Repercusión

Cabría explicar a la sociedad que, en muchas ocasiones, son los grandes genios quienes acaban padeciéndolas. Dicho esto, sólo queda esperar que algún día se acepte a las personas con enfermedades mentales como lo que ser, personas, y que se den cuentan por fin de que ha exclusión o la ignorancia no invita a nadie a querer tratarse.

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