La muerte de la que fuera alcaldesa de Valencia durante 24 años, Rita Barberá, a causa de un infarto al corazón el pasado 23 de noviembre ha mostrado la doble vara de medir que se sigue usando en España a la hora de calificar a una persona, sobre todo después de muerta.

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Parece que, para ser alguien que durante más de un cuarto de siglo se dedicó a despilfarrar lo que no le era propio y a restregárselo al pueblo por la cara, ahora todos, especialmente aquellos que desde hace unos días no querían saber nada de ella para que no les salpicara la corrupción del partido en la comunidad, sienten pena por ello.

Algunos incluso tienen la osadía de decir tales barbaridades como que fueron los medios de comunicación los que la asesinaron indirectamente, por el acoso al que la sometieron con sus acusaciones continuas. De hecho, hubo quien llegó a afirmar que la persecución a la ex-alcaldesa no cesaría hasta que ésta muriera de un infarto (a causa del estrés).

La verdad es que, a pesar de que éste es uno de los casos que más resuenan, sobretodo en Levante, no es la única persona que ha muerto por causas “naturales” misteriosamente mientras esperaba un juicio por corrupción.

Cabe destacar también nombres como Francisco Yáñez, investigado por Ruz por estar compinchado con Bárcenas y por haber ocultado dinero proveniente de la mujer de Bárcenas  en Suiza. Murió 8 días antes y nunca se supieron las causas, o Jesús Gil, que falleció en 2004 de una trombosis en el cerebro. Estaba siendo investigado por varias causas, entre ellas, malversación del Ayuntamiento de Marbella o por el “caso Atlético”. Solo se libró de la absolución una vez muerto, al igual que Rita Barberá.

No obstante, estos no son los únicos personajes públicos españoles fallecidos en los últimos años, pero a pesar de que no todos tenían el cartel de “corrupto”, no todos han tenido el mismo respeto.

En Madrid por ejemplo, se trató (y se consiguió) cambiar el nombre de la plaza mayor del barrio de Chueca, que hasta ese entonces se llamaba Vázquez de Mella, por el del socialista Pedro Zerolo, honor a este político del PSOE y y activista LGTB, a lo que el PP se opuso, pues suponía un  gasto muy grande y llegaron a decir que a lo mejor se le podría asignar un lugar sin nombre. Esto se consiguió gracias a los votos de PSOE, Ciudadanos y Ahora Madrid.

No obstante, la hipocresía es un rasgo tan característico del PP que, cuando falleció Rita Barberá, se llegó a proponer cambiar el nombre del aeropuerto de Valencia (Aeropuerto Manises-Valencia) por el de Rita Barberá, y llegaron a comparar la propuesta con la de cambiar el nombre del aeropuerto de Madrid-Barajas por el de “Adolfo Suárez” ¡Como si estuviesen al mismo nivel!

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En Valencia tenemos una expresión popular (y nunca mejor dicho) que usan hasta a los niños: “Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da ya no se quita.” Y es que a Rita el protagonismo no se lo quita nadie, ni habiendo pasado a mejor vida.

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