Días de vacas flacas para Turquía.

Francia, Bélgica y Turquía, víctimas del terrorismo islamista.

Desde hace meses la región está inmersa en un caos permanente, y el hecho de que la posición geográfica del país lo ponga en una situación de la que hasta hace relativamente poco había logrado salir airado, no le hace ningún favor.

Para comprender por qué Turquía se ha visto en tan poco tiempo inmersa en tal situación deberemos, quizá, empezar a analizar el hecho de que Turquía ya tiene sus propios problemas internos.

Dichos problemas se remontan a tiempos del genocidio armenio, que por cierto se niega a reconocer como tal, pasando por la reivindicación del pueblo kurdo de un estado independiente.

Además, los atentados terroristas continuos a un enclave tan estratégico para el turismo como es Estambul, que mira a Europa con la esperanza de adhesión desde 1985, no son más que una chincheta clavada en un zapato destrozado.

– ¿Sabe usted que hay niños que son asesinados en su nombre?                                                                                           – ¡En mi nombre! Debería haber montado una sociedad anónima.

 

El comienzo de todo

Hablando precisamente de Europa, las relaciones entre las instituciones del viejo continente y Ankara son cada vez más tensas, por un lado por la negativa de Alemania de aceptar la entrada de Turquía en la Unión Europea o la radicalización hacia el islamismo por parte del primer ministro Erdogán y, por otro, el acercamiento de Turquía, que en un comienzo se había mantenido neutro en el conflicto de Siria, a Rusia, enemigo número 1 de Europa desde tiempos de la Guerra Fría.

Turquía, país que, pese a tener una mayoría musulmana, había sido tradicionalmente laico desde su creación, ha cambiado su postura desde que su primer ministro, Recep Tayyin Erdogán, llegara al poder en 2003, con el partido que él mismo fundó, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (cuyas siglas en turco son AKP), de ideas esencialmente islamistas. Anteriormente, Erdogan había sido alcalde de la ciudad de Estambul, entre 1994 y 1998.

¿Qué tipo de socios quiere Europa?

El primer ministro turco, que desde los comienzos había llevado a cabo importantes reformas en los ámbitos constitucional y penal, parece haber mostrado su verdadera cara al afirmar en ocasiones que Europa no respeta los ideales musulmanes, a raíz de lo cual Turquía ya no participará en Eurovisión, en parte por el hecho de que Conchita Wurst ganara el concurso en 2014 o a que la representante de Finlandia de 2013 besara a una de sus coristas en el escenario como guiño a la tolerancia.

Además, Erdogan envió a sus hijas a estudiar a universidades estadounidenses porque “en Turquía no podían ser libres de llevar el velo”. ¿Quiere Europa un socio, político o estratégico, con semejantes ideas? Claramente no.

No obstante, la radicalización de una parte, que aunque pequeña, es bastante ruidosa, de la población en determinados países musulmanes y del alistamiento al Estado Islámico, es un problema que no sólo afecta a Europa, sino también a Turquía, por su situación estratégica y por su posición de estado neutro. Esto, pese a que en los últimos meses esté volcándose hacia una vertiente no tan pacifista, con la amenaza de abrir las fronteras de Europa a los refugiados si Bruselas decide congelar las negociaciones para la adhesión a la Unión.

De las palabras a los tanques

En los capítulos más recientes de la historia, Erdogan ha convertido su país en un país donde no sólo se controla lo que se publica en redes sociales, se trata de controlar lo que escriben los periodistas, sobretodo si el texto tiene relación con el genocidio armenio, o incluso quiere controlar él mismo a los opositores políticos, como pudimos ver cuando Erdogan denunció un intento fallido de golpe de Estado en el mes de agosto, tras el cual se cebó con los opositores.

Como resultado, se produjeron al rededor de 8000 detenciones y 50000 destituciones de diversos campos, como el militar, el educativo o el judicial, aunque las autoridades avisaron ya de que este sería sólo el principio.

Y por si esto no fuera suficiente, Erdogan ha prohibido viajar al extranjero a aquellos funcionarios que no cuenten con el permiso de sus superiores y retiró la licencia a más de 20 medios de comunicación, y afirmó que se planteaba, incluso, volver a legalizar la pena de muerte, lo que alarmó a las instituciones internacionales.

La otra cara de la moneda

La falta de interés por parte de las autoridades occidentales por la realidad que se vive en países como Siria ha hecho que, desde una parte de la población de origen inmigrante (ya sea segunda o séptima generación) rechace de pleno los valores de los países en los que se han criado, y que incluso se radicalicen y lleguen a unirse al Estado Islámico.

 

Caricatura: “Francia ama a todos sus hijos…” – “¡te odio!”.

Es más, el hecho de que las principales potencias estén implicadas, directa (fomentando el racismo e implantando obligatoriamente, a la fuerza, su idea de democracia) e indirectamente (venta de armas a los insurgentes formados por los ejércitos occidentales) no les hace ningún favor, y al final es el pez que se muerde la cola.

El atentado en Estambul, que tiene lugar poco después del asesinato del embajador ruso en Turquía, es, no tanto un ataque contra Turquía en sí, sino un ataque a una de las ciudades más occidentalizadas del país, en medio de la celebración de una fiesta meramente occidental, a la que habían acudido personas de un sin fin de nacionalidades.

 

¿Y el futuro?

En un conflicto donde parece que todo lo que huele a occidental es perjudicial para los países musulmanes y tiene que ser destruido y todo lo que huele a islam es repudiado por Europa y sus aliados poco hay que hacer, pues parece que los hipotéticos mediadores, la ONU, están siendo manipulados por las dos potencias principales (EEUU y Rusia) y que el resto de países son meramente marionetas.

Siria no es el pueblo sirio, o al menos ya no. Es petróleo, acceso a la costa del mediterráneo (que tanto anhela Rusia desde que en 1991 perdiera territorio al sur de Europa), y la sangre desparramada no es más que una carta más de la baraja.

¿Es acaso el presente una llamada de atención? Si es así, es hora ya que desde la ONU se empiece a trabajar. De lo contrario, sólo podremos llevar a cabo “medidas preventivas” y volver a tiempos en de la guerra fría, donde todos, hasta el vecino que tenía una panadería, era sospechoso de fabricar bombas nucleares, y señores, si la tercera guerra mundial está cada vez más cerca como dicen, no será con palos y piedras, eso es seguro.

¿Queremos acaso que Europa se convierta en un continente blindado como muestra la imagen final?

¿La solución? – ¿Así estáis seguros? – ¿Y… ahora cómo puedo salir?

 

Fuentes de las imágenes:

  • www.pressenza.com
  • http://www.ixene.fr/tag/charlie-hebdo/#.WGqBLrbJzPA
  • www.courrierinternational.com
  • https://www.college-de-france.fr
  • www.urbanbox.cl
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