Introducción a la Italia de los 90

Para mí y todos aquellos que han nacido al principio de los 80, los años 90 han marcado nuestros años de la infancia y posterior adolescencia.

A pesar de que sólo los vivíamos con los ojos de niños, creo que la mayoría coincidimos en que fue la última década en que la única preocupación era levantarse temprano para ir a la escuela todas las mañanas en invierno y cómo disfrutar del tiempo libre en verano y vacaciones.

Así pues, podemos fijar el comienzo efectivo de los años 90 en Italia, entre finales de 1989 tomando como referencia la caída del muro de Berlín, el lanzamiento de los primeros Browser y, por ende, el inicio de la era de Internet, el estreno del 1er álbum del grupo Rock: Nirvana, o mejor aún el 3 de Julio de 1990: la derrota de Italia en la semifinal mundial ante Argentina en los penaltis; mientras que su fin estuvo marcado con el 11 de Septiembre de 2001, fecha de los atentados en Nueva York, o el 1 de Enero de 2002, año de entrada en circulación del Euro.

Vayamos por orden

Tal vez estos años comienzan con el pie izquierdo para el país transalpino debido a que, con la recesión económica de EEUU (1990-1991) y la crisis de divisas en Europa en 1992-1993, se puso en duda la sostenibilidad del Estado de Bienestar, que había marcado las décadas anteriores, con el despertar de viejos movimientos de protestas que parecían haberse apaciguado debido a la agraviada situación internacional tras las guerras de Iraq y de la Antigua Yugoslavia.

Si por una parte el mundo político tembló frente a las pesquisas judiciales contra los mayores directivos de los partidos de gobierno, que pronto acarreó el desmantelamiento de una clase política por completo; por la otra era el mismo poder judicial el que se vería seriamente amenazado con la muerte de los jueces Falcone y Borsellino por parte de Cosa Nostra.

Sin embargo, en seguida tuvieron lugar la devaluación de la libra, el tirón de la Nueva Economía, el proceso de integración en la UE y la difusión de las nuevas tecnologías en las telecomunicaciones y en esos años hubo un auténtico boom que reactivó el optimismo y la máquina productiva (al menos aparentemente).

Lo increíble era que la crisis de los primeros años de la década de los 90 y el aumento de la imposición fiscal no fue por nada percibida por parte de la clase media y todo el mundo seguía con su vida de siempre ,o casi (ya que el trabajo precario empezaba a suplantar el trabajo con contrato indeterminado y la industria poco a poco empezaba a deslocalizar su producción al este de Europa tras el desmantelamiento de la antigua URSS). Lo normal era que si perdías trabajo porque la empresa quebraba, te ibas a otra o sino mientras encontrabas algo para salir al paso como empresas que contrataban en B.

Estilo de vida

En muy raras ocasiones se necesitaba trabajar más de las normales 8 horas o 5 para los empleados públicos o desplazarse por necesidad a las regiones más productivas del país para trabajar y más raro aún era desplazarse al extranjero. Así que la emigración italiana sólo se contaba en los libros de historia y el país era a todos principalmente receptores de migrantes. Los únicos que sí eran obligados a marcharse eran los “cerebritos”, aquellos jóvenes muy inteligentes y estudiosos que ambicionaban a puestos de investigación y desarrollo, sector en que tanto el Estado como las empresas invertían bastante poco y se favorecía el nepotismo en detrimento del del mérito

Así que, en continuidad con el decenio precedente, era muy típico ver escenas pintorescas de gente que se tomaba con calma antes de entrar a trabajar, tomando en un bar su croissant y capuchino, con uno o incluso periódicos en la mano, conversando un buen rato con el resto de gente sobre la vida.

También destaca el hecho que en aquella época el porcentaje de los jóvenes entre los 20 y 30 años que tenían un contrato de duración determinada estaba alrededor del 20% (un poco más que en los 80). El art.18 de la Ley del Trabajador les amparaba de cualquier despido injustificado y en fin, si consideramos que en 1991 el salario medio de un joven era de 13.000 euros (que, comparado con el bajísimo coste de vida, era un sueldo envidiable) mientras que en 2011 bajaría a 10.000 euros. Así nos podemos dar cuenta fácilmente de lo bien que se la pasaba la gente en aquel entonces.

Y abrimos un paréntesis relacionado mismamente con el coste de la vida. El poder de adquisición se mantenía alto, ya que la inflación de los años 70 ya estaba olvidada por completo siguiendo su curso la deflación (en 1997 el petróleo costaba 10 USD por barril), así que ni siquiera remotamente se imaginaba que los bienes de primera necesidad algún día encarecerían tanto.

Definitivamente eran años en que tu mamá te daba 5.000 libras (el equivalente de 2,50€) para ir a comprar helado y volvías con dinero. Un hecho que queda grabado en mi memoria es cuando en ocasión de mi Eucaristía, mi tío quiso regalarme una bicicleta de montaña; me acuerdo que fui con él a la tienda y le costó alrededor de 50.000 libras (25 euros) italianas sin cantimplora, mientras que las bicicletas para adultos estaban alrededor de 100.000 (unos 50). (Hoy en día los precios superan con creces los 200 euros).

En fin, sólo si se viajara a dos décadas atrás se comprobaría cómo giraba la economía por ejemplo cuando te dabas una vuelta a las 11:00 de la mañana en las plazas de los barrios más populares, siempre llenas de jubilados, amas de casa, gente en su día libre o gente que vivía del cuento haciendo compras en fruterías, tiendas de ropa, ultramarinos a conducción familiar, pequeños negocios artesanales como sastrerías, carpinterías etc. O cuando acaecía la feria del pueblo 3 días de puro goce entre subidas a las norias, tiros al pinchón, extracciones que te valían como máximo 2 euros el ticket y compras en los tenderetes en que siempre te topabas con una muchedumbre impresionante. (Hoy todo esto ha cambiado bastaste).

Pero los bonitos recuerdos no sólo atañen la economía. Si ponemos atrás las agujas del reloj notamos que lo que rinde los 90 cautivantes, únicos, irrepetibles son las formas de entretenimiento.

En aquel entonces me acuerdo que no necesitamos de Iphones, ordenadores, internet para pasarlo bien, a pesar de que ya todos teníamos nuestra videoconsola de Sega o Play Station I, nuestro ordenador Pentum, los primeros móviles eran un chisme de tamaño la mitad teléfono fijo y para llamar a menudo se utilizaban las tarjetas telefónica, que luego no se tiraban si no se quedaba como objeto de colección como las figurillas de los futbolistas.

Tendencias.

Hablando de tendencias, me acuerdo que al comienzo de la temporada de fútbol de serie A 1997/1998, todo el mundo cogió el mono de coleccionar unas figurillas que sólo se hallaban en unos chicles súper azucarados al sabor fresa (¡una puñalada al estómago!) dado que, si rellenabas a un álbum entero, ganabas una camiseta original de un club o un balón con firma de tu jugador favorito. No obstante, a pesar de las cantidades de libras despilfarradas, nadie (o sólo unos poquitos afortunados, eso permanece aún una leyenda urbana) logró encontrar las figurillas de Poggi y Volpi y el frenesí terminó cuando todo el mundo se dio cuenta de la estafa. 

De todos modos, la mayoría de nuestro tiempo libre lo dedicábamos a juntarnos en la calle jugando al fútbol; pese a la lluvia o a que hicieran 40 grados,o pese a que hubiera peligro de caerse en el asfalto y de que hubiera broncas, los partidos terminaban sólo cuando uno o más jugadores se retiraban a consecuencia de los gritos de una mamá o un papá preocupado. También era muy típico utilizar un hoyo en la calle para jugar a las canicas, utilizar una reja como red para el voleibol, coger la bicicleta e irse a las afueras sin que hiciera falta organizadores profesionales para una imitar las hazañas de los ciclistas muy populares como Pantani, Ullrich, Indurain. ¡Creatividad aplicada!

Precisamente el fútbol profesional es lo que más se echa de menos en aquella década, pues  era un fenómeno de masa que empezaba a involucrar hasta las chicas que antes lo consideraban un pasatiempo meramente masculino. Si ibas a asistir a un partido de fútbol era muy frecuente ver familias enteras en el estadio. Para aquellos que lo miraban desde la televisión, en domingo era costumbre que se juntaran hijos, padres y abuelos ante la clásica comida con pasta, segundo plato, frutas, frutas secas y pasteles finales se esperaba el comienzo de los partidos de Serie A.

El interés para el fútbol era ya algo muy arraigado entre los italianos, dado que los equipos fichaban regularmente grandes nombres internacionales Ronaldo, Zidane, Weah, Thuram etc. y hasta los equipos más malos a veces incorporaban en su plantilla auténticos campeones como hizo el Bolonia fichando en 1997 Roberto Baggio, considerado el mejor futbolista italiano de toda época, lo que alimentaba los sueños de todos los aficionados.

Niko Rosberg llega a la meta en el mundial de Barcelona.
Niko Rosberg llega a la meta en el mundial de Barcelona, mayo 2015.

Empero, antes de que empezaran los partidos a las 14:00 no nos podíamos perder el GP de formula 1, a parte las pocas veces en que las carreras que se daban en EEUU, Canadá, Australia, Japón y Brasil.

Hoy, debido a los partidos fragmentados a lo largo de la semana, el peor nivel técnico, las faltas de respuestas concretas al problema de las hinchadas violentas, una Fórmula 1 cada vez más globalizada y aburrida, la crisis de la unidad familiar y encima, la subida del precio de los pasteles hace que la forma de vivir la tarde del domingo ha cambiado un poco.

Otro pilar de los años noventa en Italia era la vida de verano. Pues al llegar junio todo el mundo dejaba de trabajar o trabajaba menos para cogerse largas vacaciones que se disfrutaban entre playa, excursiones y salir casi todas las noches.

Los vuelos baratos aún no eran tan populares, por lo cual el turismo se concentraba dentro de la misma península. El destino favorito de los jóvenes era sin lugar de duda la Riviera de Emilia Romaña que se asemejaba mucho a la ruta del Bacalao, y teatro de muchas leyendas metropolitanas, de amores de verano y sexo en las discotecas. Las familias en cambio preferían destinos como Calabria, Sicilia o Campania, mientras en invierno Valle de Aosta o Trentino. 

Vacaciones

La llegada de las vacaciones de navidad o verano eran sinónimo de regalos para los niños y tiempo para el juego, y para los jóvenes, más tiempo libre que se disfrutaba reuniéndose a la tarde o noche en las plazas de la ciudad delante de un sitio de comida rápida dando continuidad a la costumbre afirmada en la década de los 80. 

Las vacaciones llegaban acompañadas de simpática publicidad en la tele que de frecuente era el último juguete estrenado, la última variedad de bebida, helado o chicle y otros objetos típicos del consumismo. Especialmente a las verjas del verano un tema musical muy alegre y pegajoso italo-disco o latino americano empezaba a sonar en todas las radio, lo oías cada dos por tres y todo el mundo lo bailaba, cantaba y tarareaba.

Precisamente la música vivió tal vez su última década de oro. Aparte los estilos antes citados (Italo Disco, Grunge, Merengue),  en el escenario internacional alborotaba el Rock Alternativo de los Pearl Jam, el Punk Rock de los Green Day, el Trip Hop de los Massive Attack, el Rap de 2pac, el Pop de las Boybands algo más que un género desechable (muchos de nosotros hemos vivido la experiencia del primer beso escuchando Take That, Backstreet Boys o Spice Girls), el Pop Latino de Enrique Iglesias (antes de virar al Reggaetón), el Brit Pop de los Oasis, el Ambient de Moby, la Word Music de Mano Negra, la Bubblegum Dance de los Aqua, el Eurobeat de MasterBoy (para los más macarrones), el Flamenco árabe de Alabina, el Acid Jazz de Incognito, el Pop-Rock de los Garbage, el Crossover de los Red Hot Chili Pepper etc.

La música italiana.

Domenico Modugno gana el Festival de San Remo en 1958 con Nel blu dipinto di blu.

A diferencia de la década anterior se enfocaba principalmente al público nacional, tenía poco de que envidiar al mundo anglosajón gracias al éxito de grupos como 883, Litfiba, Almamegretta, Negrita, Lunapop o artistas como Ligabue, Pino Daniele, Zucchero, Irene Grandi etc. También podemos destacar las estrellas fugaces de los Festivales de Sanremo el mayor show televisivo de la música ligera italiana que en aquellos años alcanzó una audiencia récord y seguía siendo una verdadera “cantera” para el lanzamiento de cantantes famosos (por ejemplo Laura Pausini se dio a conocer al gran público durante su 1ª participación).

No sólo la música y el deporte en claro hacían de la televisión uno de los productos favoritos de gentes de toda la edad. La programación ofrecía un amplio abanico de entretenimiento, juegos de preguntas, comicidad, variedad, documentales, foros de debate, películas, series TV, telenovelas etc. que aunque estaba lejos de los números de audiencia de la década anterior, seguía siendo interesante. Dudo mucho que en aquella época la gente viera un show como Gran Hermano dado que el primer reality show en Italia transmitido en 1997 fue un fracaso.  Aún no se oía hablar de telebasura, la gente no tenía que asistir a tanto desnudo, sexo fácil, peleas o escenas patéticas hechas a medida para que desatara interés de los espectadores, con lo cual la gente se criaba con más educación y siguiendo una etapa normal de desarrollo.

Si los niños o jóvenes de entonces tenían más o menos necesidades que aquellos de ahora pues no lo sé. Lo que puedo deciros que ya en aquella época se oía hablar de Generación X o sea una generación de adolescentes adicta al consumo, pobre en valores y más frágil psíquicamente especialmente si se frecuentaba gente de barrios marginales o al revés gente muy adinerada. También eran muy recurrentes los casos de acoso escolar e intolerancia. En ambos casos el deseo de emulación acarreaba que fácilmente se podía embocar un mal camino. Recuerdo que en los años noventa la emergencia droga estaba muy de actualidad por los peligros causados por la adicción y por la cantidad creciente de jóvenes camellos, puesto que estaba vista por una parte de la sociedad como la mejor vía para pasarlo bien y hacer dinero fácil.

No obstante, había instituciones que en esa época que aún funcionaban bien, un baluarte ante dichas fuerzas centrífugas. La figura del maestro o del profesor de instituto aún era respetada y ejercía un papel importante en cuanto a educación no sólo desde un punto de vista didáctico sino social. En suma, si no valías suspendías el año, no estabas libre de firmar e irte a cualquier hora sin autorización de los padres si eras menor, si un profesor te regañaba era por algo estaba socialmente aceptado porque era algo sensato y además en una vez por mes las clases se suspendían para debates sobre temas de gran actualidad por el hecho de que la Instrucción no era sólo aprenderse los libros de texto de memoria.

Figuras de autoridad

Os puedo contar que el primer y único tortazo que recibí fue a los 6 años porque un día anduve molestando a todo el mundo sólo por un estúpido capricho. Mi abuela, al enterarse de la movida ocurrida a la salida de clase, le dijo a la maestra bien hecho porque se lo merecía. Consecuencia: nunca volví a molestar por nimiedades. 

Otras figuras a destacar eran: el cura o el catequista que ejercían un papel educativo notable relacionado con el respeto al prójimo, la espiritualidad, la metafísica, solidaridad y unidad (se dice que junto con la década anterior los noventa han sido la mejor época para la acción católica); la figura del entrenador de deporte era un empuje no sólo a darlo todo y a conducir una vida sana, sino te transmitía la cultura de que sólo luchando, arriesgando y entrenando duro puedes conseguir tus sueños, los medios de comunicación se comprometían haciendo campañas publicitarias de sensibilización y finalmente todavía era obligatorio el servicio militar o en alternativa se podía optar por el servicio civil, en ambos casos se desarrollaban cualidades como el respeto, la empatía, el sacrificio, la valentía que vendrían bien posteriormente cuando se entraba en el mundo del trabajo (¿será por algo que hoy los jóvenes ya no llevan más el respeto a los mayores y son cada vez menos dispuestos a desarrollar ciertos trabajos?).

Definitivamente, escuelas, iglesias, plazas o avenidas principales, centros de deportes y culturales, playas privadas y círculos políticos eran los sitios típicos de agregación juvenil (¡mucho más que una red social!).

Pues sí, precisamente de los círculos políticos quiero hacer mención, ya que en los años noventa aún había una discreta participación activa en la política por parte de los jóvenes desde la época del instituto, pese a que precisamente en aquellos años el bipartidismo político suplantó el pluripartidismo. De hecho, cuando votabas en las elecciones el Consejo de los Estudiantes cada uno estaba afiliado a un partido o sigla.

Pues más allá de estas consideraciones, tal vez fue la última década en que todo tenía el sabor de curioso, inocente y mágico.

Y relacionado con la inocencia y la magia los años 90 fueron la última década de oro de Disney y de los dibujos animados que (al neto de los mensajes subliminales sobre el que otros se encargarán de debatir) en el caso de los niños ejercía un cierto papel de educación sentimental. Por lo que atañe a los más jovencitos la serie americana Beverly Hills 90210 probablemente fue la más amada y añorada posteriormente.

En fin, si miramos a la situación actual muchos dirán: “tanta nostalgia de los años 90 cuando el mundo era el arca y nosotros Noé” como decía la letra de una famosa canción noventera en que se predice además la avanzada de la intolerancia, que todo el mundo hablaría por internet, que unos pocos sujetos lo controlarían todo. Y yo seguiría diciendo: “y yo me siento un bandido dado que de esto hablo y pienso en que podíamos haberlo parado pero ahora es tarde” o quizás no dado que aún no es el 2030.

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