A menudo se cree que la literatura y la política vienen de dos mundos aparte, pero nada más lejos de la realidad.

De hecho, no es de extrañar que algunos de los autores que mejor han plasmado en la literatura contemporánea las situaciones de guerra, son aquellos que, directa (por vivir las consecuencias de la guerra en carne propia) o indirectamente (por trabajar en las embajadas de otros países con sede en el país del conflicto) las han sufrido.

Ivo Andriç, Carlos Moya Lynch, Vicente Andrés Estellés, Neruda, Federico García Lorca, entre otros, son sólo algunos de los autores que, bien en calidad de embajadores (Ivo Andriç, escritor serbocroata nacido en lo que hoy sería suelo bosnio, fue diplomático de la Antigua Yugoslavia en Madrid en 1928), Neruda (cónsul en Madrid), Carlos Moya Lynch (cónsul chileno en Madrid de 1928 a 1939) que trataron la temática bélica, bien desde un punto de vista histórico o de la sociedad.

Andriç, de hecho, describe en su libro “Un puente sobre el Drina” los orígenes históricos, así como las diferencias culturales y religiosas y de la influencia del islam en Bosnia. por oposición a la religión católica y ortodoxa, predominante en los países vecinos. Lo hace relatando la vida de los pueblerinos de Visegrad (localidad bosnia situada muy cerca de la frontera con Serbia donde se crió tras la muerte de su padre) en el siglo XII.

Mientras, Carlos Moya Lynch relata en sus diarios lo que se le pasaba por la cabeza en una época en la que su amigo Federico García Lorca fue asesinado y en la que ayudó (ocultándolos incluso hasta en su propia casa) a unas 2000 personas que huían del régimen.

Otro claro ejemplo a destacar es el de Anne Frank, una niña judía que se hizo famosa tras la publicación de sus diarios por parte de su padre tras lograr salir con vida de un campo de concentración. Anne, por desgracia no sobrevivió, como tampoco lo hicieron su madre ni su hermana.

En una situación como la ocupación nazi o la de una guerra civil, escribir se convierte en una manera de desahogarse, de gritar en silencio y de tratar de expulsar lo que a uno le carcome por dentro para evitar así volverse loco.

De hecho, el propio expresidente de Uruguay, que estuvo preso en tres ocasiones por haber participado en la lucha armada contra el régimen impuesto por EEUU en el seno de la Operación Cóndor, afirmó en una entrevista que una de las mayores torturas a las que le sometieron en prisión fue la de no permitirle leer.

La literatura y el cine son, probablemente, las dos formas de reivindicación y de lucha por excelencia, por medio de la cultura, dentro de una situación socioeconómica y política determinada, razón por la cual un gobierno autoritario siempre va a tratar de callar a quienes osan emplear dichos medios para manifestarse, y los artistas siempre lucharán para llegar a oídos de quien quiera entender. 

La reciente detención en Turquía de 24 periodistas de una redacción pro-kurda, la presión a artistas y periodistas (una presión que en ocasiones ha llevado a quienes la sufrían al suicidio), también en Turquía, que reivindican la atrocidad del genocidio armenio por parte del imperio otomano, las protestas de algunos por la crítica a la política, así como a los recortes y a la subida del IVA en cultura en las últimas galas de los Goya son sólo una muestra de que hay muchos que desearían que los tiempos en que asesinar por convicción estaba permitido.

La sociedad y la historia hayan cambiado, y con ello han cambiado también las formas de represión. Son ahora mucho más sutiles. Ya no se mata a los artistas, pero se asesina a sus obras mediante la censura. Se impide a la gente que tenga acceso a ellas con el fin de que, así, en teoría, no se van a poder enterar de su existencia.

Por suerte, quien quiere enterarse se entera, bien sea gracias a internet, a comprar las obras en el extranjero o por medio de foros. Hoy en día ya no hace falta viajar cargado de maletas llenas de libros censurados como antaño, tratando de esquivar al guarda de la aduana. Nos hemos vuelto más sutiles, y las revistas, como ésta, son muestra de ello.

orwell

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