Nueva imposición fiscal del s. XXI

La elevada deuda soberana y el peso cada vez mayor de las Finanzas y las ITs supondrá un nuevo marco tributario que supondrá un nuevo castigo a las rentas financieras y la tasación del comercio electrónico.

bitcoin
Bitcoins, o moneda electrónica

En la década de los 2000, en todas las facultades de Economía y en las transmisiones de debate político se invocaba al aumento de la tasación de las rentas financieras como medida de justicia social para defender al trabajador y su trabajo y castigar el inversor, a menudo identificado en el corredor de bolsa, visto a la vez como un jugador de lotería, como panacea para reducir las desigualdades.

Aparentemente, podría tener sentido especialmente porque en aquellos años, las rentas de trabajo eran castigadas con un IRPF alrededor del 30% (media de los países UE) mientras que las rentas de capital tan sólo el 15%.

Si además interpretamos la imposición generalizada de las rentas de capital como medida de estabilizador social o sea de política económica anticíclica vemos que la medida podría ser algo sensata.

No obstante, esta situación sólo se daba en épocas en las que, como en los años 90, cuando el frenesí de la compra de acciones de empresas que operaban de manera electrónica, lo que alimentó la inversión, que excedió frente al ahorro y que luego sería el detonante de la recesión del 2001, porque actualmente hay una situación de depresión económica.

Tras la crisis de la Eurozona, sólo ahora estamos asistido a este tan alabado aumento de la imposición fiscal sobre la rentas financieras que afecta tanto al diferencial positivo entre la venta y la compra inicial de las acciones como al dividendo de las mismas1; en España se ha pasado del 19% en 2011 al 21% en 2014 para las ganancias sobre dividendo hasta los 1500 euros, mientras que en Italia se ha pasado de un 20% en 2012 a un 26% en 2014.

En España las rentas de capitales van a integrar la base imponible del IRPF en el apartado renta de capital mobiliario tributando según el tramo de renta total a que se corresponde sin embargo, si el sujeto es una empresa, estas ganancias pasarán antes por el filtro del impuesto de Sociedades por lo cual se tributa dos veces2.

Y fíjense que, al menos en España, antes del 2007 la normativa fiscal contemplaba una deducción por doble imposición de dividendos que corregía esto mismo,con lo que, hasta el 31 de diciembre de 2014, las ganancias por dividendo hasta los 1500 euros estaban exentas de impuestos, por lo cual se entiende que, a lo largo de los años, el dividendo ha ido perdiendo su atractivo.

En cambio, productos como los fondos de inversión tienen la ventaja de que las personas físicas pueden hacer traspasos entre los fondos sin que, fiscalmente, genere una plusvalía o una minusvalía. Por lo tanto, pueden elegir cuándo tributar adaptándolo a la medida de las necesidades de cada uno, capitalizando además los pagos que haríamos si fuera otro producto financiero.

Los fondos de pensiones, además de las ventajas de los fondos convencionales, tienen otra: la de poder reducir las aportaciones al IRPF, con unos límites preestablecidos por la Ley.

En definitiva, la escala de imposiciones fiscales sobre las rentas de capital a aplicar a partir del 1 de enero de 2015 se puede así sintetizar:

  • De 0 a 6.000 euros percibidos: Un 20% (19% para 2016 y posteriores)
  • Entre 6.000 y 50.000 euros: Un 22% (21% para 2016 y posteriores)
  • Para importes superiores a 50.000 euros: Un 24% (23% para 2016 y posteriores)

Eso en territorio común, puesto que en Navarra, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya tienen otros porcentajes (más desventajosos que el anterior). Además, recordamos que si el dividendo no se percibe en efectivo sino en acciones, éstas tributarán sólo en cuanto se produzca su venta (acorde al criterio de caja).

Obviamente, estas medidas se han promovido bajo el titular populista de castigar las grandes fortunas, los especuladores y también las multinacionales que hasta en tiempo de crisis han conseguido grandes ganancias corporativas.

Sin embargo, el chivo expiatorio de la renta de capital, es sólo un chivo que no tiene nada que ver con los problemas actuales, de lo contrario, un aumento de la tasación contribuye a los desequilibrios y penaliza al pequeño ahorrador y ahora vemos por qué.

Como todos sabemos, la crisis subprime ha entrañado una fuerte caída de la tasa de interés que se ha puesto a 0% acarreando una asombrosa caída de los rendimientos de la deuda pública (excepto aquella de países con rating extremamente bajo como Grecia cuya prima de riesgo ofrece una rentabilidad satisfactoria) y de los depósitos que tradicionalmente han sido el principal destino de los ahorros de los hogares, particulares y pequeños empresarios.

Entre las entidades que cotizan en el Ibex, sólo La Caixa sigue dando una rentabilidad del 1% por su depósito a un año y el resto ofrecen entre un 0,40% y 0,85% TAE. A eso añadimos la incertidumbre y la falta de señales de recuperación a largo plazo en aquellos sectores como el inmobiliario o las materias primas que en los años 2000 formaban gran parte de la cartera de los menos conservadores.

Ante este escenario, el pequeño ahorrador, que había sido apartado “al rincón”, ha empezado a mirar cada vez más a las acciones a alto dividendo como última frontera entre el ahorro y la planificación personal y familiar. Es más, debido a la temible tasa de desempleo y a la caída de los salarios, cada vez más gente ha iniciado a hacer trading on-line. (De ahí el crecimiento en el mercado de Plus 500 un proveedor de servicios en línea a clientes minoristas para negociar CFDs en una variedad de mercados financieros. En España el mayor ejemplo es Renta 4).

Contrariamente a lo que nos hayan intentado hacer creer, es evidente que las reales razones del aumento de la tasación de las rentas de capital estriban en un ulterior timo de recursos por parte del Estado a la clase media y hacer que ellos destinen su renta al consumo en lugar de al ahorro.3

Esta tesis encuentra ulteriormente aval si recordamos que los especuladores y las sociedades de inversión operan a corto plazo y hacen muchas mayores ganancias invirtiendo en productos derivados: opciones, CFDs, swaps, futuros etc. en todas partes del globo, con lo cual pueden aprovechar de las ventajas fiscales al fijar su residencia en un paraíso fiscal.

Son las grandes empresas las que tienen dinero para acceder a información privilegiada y suficiente know-how o sea ingenieros de la finanzas cuya labor es buscar la forma más rápida y segura de obtener ganancias (inclusive los tejemanejes en ámbito fiscal), mientras un pequeño ahorrador con perfil más cauto y conservador razona más a largo plazo (debe esperar algunos meses antes de que el valor de sus dividendos aparezca en su cuenta bancaria) con los pocos datos que pueda extrapolar de los periódicos, páginas web y de formulas matemáticas sencillas.

Si añadimos a esto el aumento de comisiones por parte de los bancos (problema que no tendrían las grandes corporaciones al ser éstas clientes muy exclusivos), vemos que un aumento de la tasación amenaza verdaderamente con minimizar las ganancia de los ahorradores, además de ser éticamente injusto para quienes está arriesgando su patrimonio, dado que invertir en acciones es más riesgoso que invertir en bonos de estado o depósitos.

Como efecto dominó, las empresas vendrían privadas de una importante fuente de financiación (o sea los pequeños accionistas), les resultará más dificultoso abordar inversiones productivas con fondos propios y habrá repercusiones en el balance entre Capitales Permanentes4 y Pasivo Corriente5(dado que las acciones están clasificadas como Recursos Propios) facilitando las presiones de los acreedores y/o virando hacia un mayor apalancamiento financiero6.

Otra consideración: el ahorrador puede canjear dividendo en efectivo por un script dividend es decir recibir dividendo en acciones de la misma compañía. Estas acciones están exentas de imposición fiscal por lo cual lo que parece es que se quiere incentivar es el aumento del dinero ficticio frente al real (definitivamente una patada a la boca a aquellos que piden una vuelta al dinero real como medida para evitar que la crisis subprime se repita en el futuro).

Ante el fracaso de la política presupuestaria en España durante el 2015, las malas previsiones para el 2016( el déficit fue del 5%), cada vez más consumidores se decanten por los chanchullos en tiempo de crisis de desempleo y de bajos tipos de interés (como en el caso de los pequeños ahorradores que han apostado por las acciones de alto dividendo).

Así pues, siempre y cuando en España se lleve a cabo la medida prometida por el gobierno de bajar el IRPF, tal vez no haya que descartar que el tipo impositivo sobre las rentas de capital se incremente, independientemente de si se trata de pequeñas o grandes fortunas o de enfoque a corto o a largo plazo con el fin de respetar los compromisos con Bruselas.

Sin embargo, eso no conllevará un aumento de los ingresos por parte del Estado, pues si el aumento del tipo impositivo de las rentas de capital alcanza el punto muerto, o sea, un porcentaje en el que ya a los ciudadanos no les vaya a salir más rentable invertir, habrá un cambio de tendencia que inevitablemente entrañará menores entradas tributarias y, por lo tanto, otro recorte a los servicios públicos esenciales.

Ante un exagerado aumento de los impuestos sobre la renta (trabajo, capital, patrimonios) y sobre el consumo como el IVA, nos podemos preguntar por qué aún existen casos, como la industria de Internet, que no sufre de ningún tipo de gravamen pese a tener cada vez más peso en las operaciones jurídicas y económicas.

Hay que decir que en muy raras ocasiones se ha debatido seriamente acerca de una gravación impositiva del uso de internet. De hecho, en 1998, se firmó en EEUU la convención freedom act, o sea un acuerdo multilateral que vaticinaba la exención de cualquier forma de tasación por todo lo que fuera relacionado con internet tal vez para facilitar su explotación. 

En 2008, el entonces presidente de la república francesa, N. Sarkozy, y más recientemente, en 2014, el gobierno ucraniano, han hablado de someter a gravaciones impositivas el comercio vía internet, pero las propuestas nunca se han aplicado. Actualmente, sólo el reino de Bután y Pakistán han llevado a cabo medidas fiscales por el uso de internet.

Pese a todo, la progresiva erosión del mercado real facilitada por una incipiente difusión de las operaciones vía internet, y por consiguiente la necesidad de Hacienda de estabilizar el flujo del IVA, apuntan a que en un próximo futuro el comercio electrónico dejará de estar exento de pagar impuestos.

La propuesta más vieja, popular y rumoreada es el bit-tax, aunque también tenemos otras como el hit-tax, el impuesto sobre la publicidad por internet o el que grava directamente a los administradores de una página.

A pesar de la existencia del hecho imponible, el sujeto pasivo representado por el usuario del internet y los retenedores, que son los servidores de la red, como elementos fundamentales para que surja la obligación tributaria, el bit tax conduce a una situación de inseguridad jurídica total porque, en primer lugar, nos encontramos con que si gravamos los impulsos, no se tiene en cuenta del valor de la transacción sino las unidades binarias del impulso informático7.

En segundo lugar, hay dudas sobre si el “bit-tax” se podría gestionar fácilmente, característica imprescindible de cualquier impuesto novedoso a aplicar desde la perspectiva de un administrador tributario, y habría además que crear una Autoridad Tributaria Internacional que gestionara este impuesto porque los “bits” se mueven en la red y ésta no tiene una localización precisa en el Universo, sino en el ciberespacio. Por esto mismo es necesario un acuerdo entre todos los países, algo poco probable que ocurra.

Por último, se arremeterían los intereses de grandes corporaciones como eBay, cuyas enormes ganancias derivan del comercio electrónico. 

De todos modos, hay que recordar que cualquier bien o servicio adquiramos por internet (por teléfono, correo postal etc.) está ya sometido a IVA, por lo cual también se ha propuesto rediseñar la misma disciplina IVA adaptándola al entorno digital.

Este tipo de empresas pueden ofrecer precios más bajos porque, si compramos la misma mercancía de una tienda o supermercado, pagamos un precio que es la suma de las comisiones de almacenamiento, intermediarios (mayorista, detallista), transporte, guardia de seguridad del supermercado, el peón de la carretilla, el cajero, la aseguradora etc. en definitiva, todos los costes que sostiene un comerciante. Internet elimina precisamente algunas partidas de coste, por lo que se cumpliría entonces la afirmación de que en un futuro la tecnología sustituiría al trabajo humano8.

Finalmente, otros focos de protestas proceden de los mismos consumidores, que perderían la oportunidad de ahorrar a través de la compra on-line.

Si bien es cierto que un ulterior14 recargo fiscal haría el comercio por internet menos atractivo y podría volver a dar sosiego a las tiendas de ropa, de equipos electrónicos o de material audiovisual (los negocios que más han padecido este cambio), tenemos que recordar que este grupo seguiría siendo una minoría; la mayoría está constituida por el colectivo que, como he dicho antes, sufriría un ulterior timo por parte de Hacienda.

De todas maneras, internet jamás podrá sustituir por completo el mercado real puesto que en dados casos es y será siempre necesario acudir a las tiendas.

Por lo tanto, a la pregunta si es justo o no tasar el comercio electrónico, yo diría que no (como no lo han sido tampoco los aumentos del IRPF, IS, Renta de Capital etc.) por el simple hecho de que cualquier nuevo impuesto que no se traduzca en mejores servicios es injusto. 

Sin embargo, el problema planteado en este artículo no es tanto los efectos del comercio electrónico sino hacer unas previsiones si el e-business pronto se encasillará en un más duro marco fiscal. Así pues, el análisis previo sobre los pros y contras nos serviría para vislumbrar cómo los gobiernos en futuro “venderán” la fiscalidad del comercio electrónico como la panacea al problema de la erosión del mercado real o de la intoxicación (dada la cantidad de información-bulos que circulan en la red).

Precisamente en EEUU, ya en el año 1995 se estimó que en ese país el uso de Internet por los consumidores que utilizan la red para tener acceso a las empresas de venta online (éstas están exentas de impuestos sobre las ventas), se tradujo en una reducción de los ingresos del estado de impuestos de ventas de más 3 mil millones de dólares; por lo cual aparece evidente que el cada vez más utilizado comercio electrónico es responsable de cada vez menores entradas tributarias pese a las subidas de los impuestos sobre el consumo.

Mismamente para corregir este problema, dado que es necesario contrarrestar el rezume de una galopante deuda pública, los países de la OCDE dependen de un flujo constante o progresivo de entradas tributarias que, en tiempos de Europa y de una nueva economía9, tendrá que generarse partiendo de una gran reforma del sistema fiscal que abarcará inevitablemente el comercio electrónicos, componente éste fundamental de la estructura económica.

Una señal que nos da a pensar que este momento es más próximo de lo que nos podamos creer es la proximidad de una tasa sobre las transacciones en bitcoin10 por parte de la Autoridad Fiscal Americana. Cuando alguien recibe un Bitcoin, lo que razonablemente se hace es calcular su valor en la moneda local. Debido a esto, es posible que la autoridad fiscal trate la recepción de un Bitcoin como hecho imponible tanto porque el canje puede generar una plusvalía como en el caso de que se utilice el dinero virtual como activo financiero.

Conclusión

En un mundo cada vez más globalizado no podemos seguir manteniendo una globalización impositiva dado que los actores del mercado siempre han sido más listos y han encontrado la forma para eludir las trabas de agencias tributarias (paraísos fiscales, tipos de contratos camuflados etc.). Por lo tanto, si de verdad se quiere castigar los ingresos financieros corporativos y evitar que los países que aún aseguran servicios básicos a los ciudadanos se vean obligados a castigar las rentas de trabajo (factor menos móvil),  sería imprescindible una coordinación internacional que  diseñe un marco mundial de imposición fiscal a las rentas financieras.

Sabemos bien que las resistencias por parte de las mismas multinacionales de las finanzas y de los países-paraísos fiscales receptores de importantes flujos financieros pondrán su veto, como pasó con Reino Unido ante la introducción de una Tobin Tax (TTF) sobre las transacciones financieras en suelo europeo.

El reto está en hallar la forma de castigar a los sujetos y a los objetos concretos que a través de estos medios benefician o de una ganancia o de un ahorro fiscal (en el caso de las rentas financieras se identificarían más con los especuladores  pero  en el caso del comercio electrónico sería un abanico de sujetos pasivos más amplios).

Notas al pie de página:

1. Si compras aunque sólo una acción de una empresa, automáticamente te haces socio y entre tus derechos destaca aquello de participación a la distribución del Beneficio Retenido, o sea el beneficio después de impuestos (BDT) menos el porcentaje a reinvertir en activos de la empresa (Plow-back).
2. En cualquier caso (empresa o particular), las acciones componen aún la base del Impuesto Sobre el Patrimonio.
3. Menuda contradicción: hay políticos que afirman que “hay que volver al ahorro para acabar con un sistema basado en el endeudamiento privado y público”, y en cambio, están mismamente castigando los ahorros.
4. Conjunto de Recursos Propios y Deuda a vencimiento superior al año contable.
5. Conjunto de deudas exigibles dentro del año contable.
6. La historia se repite: si precisamente la costumbre de las empresas en recurrir a la financiación ajena era uno de los detonantes de la crisis del 2008, las políticas monetarias y fiscales de hoy en día están paradójicamente haciendo que esta práctica sea cada vez más tentadora.
7. Que en otras palabras es como que gravara el medio a través del cual hago una compra-venta en lugar de gravar el objeto en sí.
8. Muy interesante echar una mirada a este artículo https://actualidad.rt.com/economia/view/53934-comprar-internet-sale-barato-tienda para comprender la magnitud del fenómeno.
9. Ulterior porque ya pagamos el IVA.
10. En Europa surgió un verdadero sistema de leyes tributarias en los años 70, en un entorno económico poco abierto y en aras de financiar el Estado de Bienestar. Hoy, debido a un mundo cada vez más globalizado, la aceleración del proceso de creación de los Estados Unidos de Europa, la evolución y el cambio de la estructura económica con un peso cada vez más imponente de las finanzas, la informática y las telecomunicaciones en la economía precisan de una gran reforma tributaria a escala internacional.
11. El bitcoin es una divisa como el dólar o el euro con la diferencia que es electrónica.

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