De la prohibición a la obligación de incluirlo en el CV

España es un país que ha cambiado mucho, al menos de cara al escaparate, en muy poco tiempo, y el aspecto lingüístico no es una excepción. Se ha pasado de la prohibición del uso de las lenguas regionales para defender la lengua “única” (situación que, afrontemos ya, nunca se dio realmente), a tratar, por parte de las autoridades, de obligar a todo aquel que quiera trabajar de cara al público o en las instituciones, a incluir la lengua co-oficial en el CV.7bf54b775f6ea696c7e3df974fd19a79

No obstante, en el ámbito educativo (y especialmente a partir de cierta edad en la que los alumnos empiezan a ser capaces de tomar sus propias decisiones) nos encontramos con tres tipos de realidad:

  • Los alumnos que en casa hablan el catalán y quieren estudiar únicamente en esta lengua.
  • Los alumnos que, aún habiendo nacido en la región, hablan en castellano (u otros idiomas) en casa y que preferirían estudiar en castellano, o incluso estar exentos de tener que estudiar el catalán, simplemente porque en su día a día no lo necesitan.
  • En las universidades, alumnos que viajan de otras comunidades autónomas o de otros países, que nunca han aprendido el catalán y que no entienden por qué se obliga a realizar determinados cursos en la lengua regional, o incluso que se obligue a estudiar asignaturas de catalán en carreras de letras.

¿Imposición o elección?

Esta polémica pregunta podríamos bien responderla con esta frase publicada en la página de dudas de la web de la Universidad de Barcelona: “Podríamos resumir la situación en una frase: saber catalán (y castellano) no es un requisito para estudiar en una universidad catalana, pero sí que es necesario”.

Bvi2wVJCcAA_vKLEs decir: no es requerimiento previo haber obtenido un certificado que acredite un nivel X en catalán para ser aceptado en la
universidad, pero el alumno ha de saber que muchas de las clases se impartirán en catalán, o, en su defecto y por consenso entre alumnado y profesores, se podrá estudiar la situación en función de la composición de las aulas. Se recomienda, no obstante, tratar de entenderlo para seguir las explicaciones y para las actividades cotidianas. 

Esto mismo ocurre en las universidades de las universidades de la Comunidad Valenciana, donde se ofrece a los alumnos la posibilidad de impartir determinadas clases en cualquiera de las dos lenguas. Siempre y cuando haya un cupo mínimo de alumnos que se decanten por cada una de las modalidades. Eso, por no mencionar que determinados profesores imponen su criterio personal y no hay más opción que la suya, lo que limita la libertad de elección lingüística de los alumnos.

Exámenes oficiales

Se vende la idea de que, tras estudiar el catalán, el alumno adquirirá el nivel necesario para obtener los certificados de idiomas necesarios para poder, por ejemplo, postular para puestos en las administraciones públicas o para pedir una plaza de profesor, asumiendo erróneamente que todo el mundo quiere convertirse en funcionario al acabar los estudios. 

Sin embargo, pese a la importancia que le dan a estas pruebas, el alumno no tiene la posibilidad de convalidad las asignaturas en catalán (teniendo en cuenta el desorbitado precio por crédito de los grados) y hablo ahora de las carreras de letras, por dicho certificado. Hay que presentarse al examen, y obviamente pagar. 

Este examen no es nada fácil, y ni si quiera el hecho de hablar el idioma en casa desde la infancia garantiza que el alumno aprobará el examen, pues no es el mismo catalán el que hablamos en casa o con los amigos que el que estudiamos en casa. El primero está, en ocasiones, plagado de errores y de regionalismos que, según las autoridades lingüísticas, no tienen nada que ver con el “oficial” o el “reglamentario”. 

Estas palabras me causan gracia. He de admitirlo. ¿Por qué nadie se preocupa realmente del nivel lingüístico de los alumnos hasta que estos llegan a la universidad y tienen que hacer contrarreloj lo que nadie les ha corregido en 18 años? ¿Por qué en la educación en valenciano/catalán (no voy a entrar en distinciones) se centran durante tantos en los autores catalanoparlantes y no tanto en preparar a los alumnos para el nivel lingüístico que se espera que hayan adquirido antes de llegar a la universidad? ¿por qué no se hace hincapié en preparar los exámenes finales, por ejemplo, en el bachillerato, si tanta importancia dicen que tienen?

El colmo de los colmos que muchos no saben, hasta que se tiene que topar con las trabas administrativas, es que la relación política entre Cataluña y la Comunidad Valenciana dista mucho de solucionar o de calmar la situación. ¿Sabíais que un examen de catalán hecho en Valencia es reconocido en Cataluña pero que en la situación inversa eso no ocurre? ¡Menudas ganas tienen algunos de marear la perdiz!secessionista

¿Sociedad, lengua o política?

En un territorio donde todo gira en torno a la política, el ámbito lingüístico no iba a ser distinto. Incluso hasta los regionalismos que utilizamos cuando hablamos. Basta con que digas una palabra que se salga de lo “normalizado”, de lo “correcto” para que todos sepan de dónde eres, o que no vienes de otra región.

Mientras que en español esto se considera como parte de la riqueza de la lengua, en catalán es una barrera. Lingüística, social y política, pues las palabras indican de dónde venimos y, en función de cómo las usemos, cómo pensamos. El problema no es este, sino que se termine politizando hasta el hecho de “comprar el pà” o “parlar la llengüa autòctona amb els amics” (hablar la lengua autóctona con los amigos).

Dicho esto, concluiré con que lo que hay que reivindicar no es tanto una mayor o menor implantación de la lengua en la sociedad, sino una menor instrumentalización y politización de la lengua para que la sociedad tome conciencia de la real riqueza lingüística de una sociedad bilingüe.

Categories: Opinión Sociedad

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