ho3Hace unos días numerosos artículos nos abordaban con la llegada del primer solsticio de verano con luna llena después de 70 años. Sin embargo, pocos hablaban de otro gran descubrimiento astronómico relacionado con esa bola plateada que adorna cada noche el cielo.

Con un diámetro de 3.474 km, la Luna es el quinto satélite más grande del Sistema Solar y el segundo más denso después de Ío. Además, se trata del único satélite natural de la Tierra, es decir, el único que orbita alrededor de la Tierra y que la acompaña en su traslación alrededor del Sol. No obstante, desde el mes de abril de este año, tanto la NASA como fuentes cercanas han hablado de una misteriosa Luna que ha seguido nuestros pasos durante siglos sin que nos percatáramos de ella y que ahora podría cambiar el rumbo de las investigaciones sobre el Universo.

Se trata del asteroide 2016 HO3, demasiado pequeño y lejano para considerarlo un satélite, pero lo bastante estable en su órbita para no perderle la pista. Fue el telescopio Pan-STARRS 1 el primero en detectar este cuasi-satélite, y desde entonces, la observación y el estudio han llevado a los expertos a determinar que el 2016 HO3 sigue una trayectoria circular basada en vaivenes hacia delante y hacia atrás, siendo impulsado hacia la Tierra por la misma gravedad cada vez que el casi satélite se aleja demasiado. O lo que es lo mismo: cada vez que el 2016 HO3 se aleja más de la cuenta, la Tierra, con su gravedad, lo vuelve a atraer, por lo que nunca llega a desprenderse de la órbita, aunque sí cambie su distancia con la Tierra.

Algo parecido ocurrió con el asteroide 2003 YN107, que siguió durante unos diez años la misma línea hasta que desapareció de nuestro alcance.

Actualmente podemos encontrar en la Luna comportamientos similares o, al menos, relacionados. De hecho, el satélite de la Tierra está dieciocho veces más lejos hoy que cuando se formó, hace 4.500 millones de años, y cada año se aleja una media de casi 4 centímetros. Esto se debe a que la Tierra cada vez gira más lentamente sobre su eje a causa de la fricción entre la superficie de la Tierra y la masa de agua que se posa sobre ella. Basándose en la tercera ley de Newton, Tierra y Luna están unidas gravitacionalmente, de manera que, cuanto más se ralentiza la velocidad de la Tierra, más se acelera la Luna, haciendo que esta aceleración la empuje hacia fuera. Suponemos que, tratándose de comportamientos similares, si la Luna llegara a alejarse demasiado, la Tierra la atraería, igual que hace con el cuasi-satélite 2016 HO3.

Sea como fuere, no debemos preocuparnos. Los cambios que suponen que la Luna cada vez esté más lejos son apenas perceptibles para nosotros, y aunque a largo plazo las estaciones serán mucho más extremas, los días más largos, y los océanos tendrán menos oleaje, todo ello derivado de la lejanía de la Luna, causante de los océanos y del movimiento de la marea por la fuerza gravitacional, tendrá que pasar tanto tiempo para que eso ocurra que muy posiblemente el Sol, convertido entonces en estrella roja, consuma antes a la Tierra y a la Luna.

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