Definición

El sentido común, según la RAE, es la “capacidad de entender o juzgar de forma razonable”, que, como afirma esta frase de Albert Einstein,  se adquiere antes de los 18 años.

¿Sabemos emplear este término?

Este término se emplea en ocasiones, de manera incorrecta, como sinónimo de “lo moralmente aceptado” o “lo que se espera que alguien haga”, y por lo general se emplea con más frecuencia cuando hablamos de elecciones.

Todos hemos oído eso de “la gente no vota con sentido común”, cuando en realidad lo que pretendemos decir con esta frase es que hay gente que no piensa igual que nosotros. Si bien el lenguaje cambia con el paso del tiempo, el uso incorrecto de los términos no ayuda a cuidar de nuestro propio idioma. Un idioma que se ha ido empobreciendo con el tiempo.

Como es de esperar, nos indignamos cuando vemos que el voto de aquellas personas que no son capaces de razonar sus propios argumentos vale lo mismo que el nuestro, pero más nos indignamos cuando no logramos convencer a esa persona de que “se equivoca” (o lo que es lo mismo, que no logramos hacer que esa persona para que acabe cambiando de parecer y que su punto de vista sea igual que el nuestro).

¿Por qué en democracia hay campañas electorales?

De nuevo con la RAE en mano buscamos el término “campaña electoral” en el diccionario y encontramos la siguiente definición: “3.f. Periodo de tiempo en el que se realizan diversas actividades encaminadas a un fin determinado”.  Por otro lado, la democracia consiste en que es el pueblo quien decide quién gobierna en un país. Por tanto, ¿por qué se emplean las campañas electorales? ¿por qué toleramos que nos traten de convencer de lo que debemos votar y cómo debemos pensar?

Precisamente, uno de los requisitos que se necesitan para votar es tener 18 años de edad, pues se considera que un menor de edad no tiene sentido común, o no tiene unas ideas claras, pero sin embargo se emplea una técnica algo cuestionable, si pensamos en la definición que propusimos antes del término “sentido común”, para tratar de convencernos de que demos un voto a un partido determinado. ¿Es moral?

Enseñar a razonar 

Imaginemos una clase de lengua de segundo de bachiller, donde se hace mucho hincapié en que el alumno sepa cómo redactar un texto argumentativo, con argumentos en contra o en favor de una idea y una conclusión, sobretodo de cara al examen de la selectividad. Lo que se consigue redactando bien un argumento es, al fin y al cabo, convencer al lector de que, independientemente de lo que el destinatario piense, la idea del alumno es buena. 

No obstante, en nuestro sistema no se enseña a buscar las fuentes en las que basarse para elaborar esos argumentos de forma que éstos tengan peso. Lo que realmente es necesario no es la campaña electoral, sino enseñar al votante a razonar desde una edad temprana y mostrarle además dónde buscar información contrastada, no para convencer a nadie más de que piensen como ellos quieren, sino para justificar sus propios argumentos para votar, eso sí, con sentido común.

¿Interesa? No.

Razonar y convencer, ¡qué difícil, largo y trabajoso!

¿Sugestionar? ¡qué fácil, rápido y barato!

(Santiago Ramón y Cajal)

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