El ataque el pasado sábado noche en un club de Orlando, Florida, en un club gay fue un brutal varapalo para la comunidad LGTB.

No obstante, también lo fue para la comunidad latina de todo el mundo, pero en especial de EE.UU., pues una gran parte de las víctimas eran latinos.

En un primer momento se habló del sector conservador, que en este Estado trató de aprobar una ley que limitaría los derechos del colectivo LGTB a, por ejemplo, encontrar trabajo en condiciones de igualdad. Además, las víctimas estaban, en el momento del ataque, celebrando el Orgullo.

Por más que parezca increíble que esto siga ocurriendo en pleno siglo XXI en un país que se considera el ombligo del mundo, esta ley en realidad no es más que una copia de otra ley que Indiana, otro Estado del sur, zona, por lo general, con tendencias muy conservadoras.

De hecho, tanto el grupo Disney como la compañía Marvel han amenazado a las autoridades de varios Estados con llevarse su actividad económica a otro Estado si éstos osan aprobar leyes que perjudique o vulneren los derechos de la comunidad LGTB. Entre estos estados se encuentran la propia Florida o Georgia (donde el rodaje de la película “Ant-Man” llegó a contratar a 35000 de los habitantes de este Estado). 

Además, la NFL (National Football League) anunció que, de aprobarse la polémica ley, pasarían de alto la ciudad de Atlanta, la capital del estado de Georgia, como localización para los partidos de la mítica Super Bowl.  

Precisamente el grupo Disney comenzó a permitir en 1991 “días gays” en su parque de Orlando, en los que la comunidad LGTB podía acudir con sus familias. Este tipo de eventos se ha vuelto mítico por el respaldo que esto supone a la igualdad de los individuos sea cual sea su condición. De este modo, la primera vez que se hizo duró un único día y contó con 3000 visitantes, mientras que en la actualidad dura casi una semana y la cantidad de visitantes a estos eventos pro-LGTB llega a los 150000.

Pero en un país tan sumamente conservador como es EE.UU., la comunidad cristiana también tiene mucho que decir, y ésta consideró que en esos días se celebraba “el estar enfermo”.  Cinco años después de este primer evento, en 1996, la Convención Bautista Sureña criticó duramente a la compañía Disney con el argumento de que “daban la imagen de promoción de la homosexualidad era más importante que la histórica obligación de respetar los valores familiares tradicionales” y que la compañía “aplicaba una política de contratación que acepta las relaciones homosexuales para obtener beneficiarse de las aseguradoras”. Además, calificó los eventos pro-LGTB como “un insulto gratuito hacia los cristianos”.

Cabe decir que la lucha del colectivo LGTB en EE.UU. viene de mucho tiempo atrás, con la primera publicación gay en los años 20, titulada Friendship and Freedom (Amistad y Libertad). Pocos estados iban cambiando las leyes, como Illinois, que decriminalizó las relaciones sodomaso consentidas entre personas adultas. La Corte Superior de EE.UU. dictaminó en 1958 que la publicación gay ONE, Inc. no se consideraba obscena y que por tanto estaba protegida por la Primera Enmienda, y la Corte Superior de California dictaminó una sentencia similar acerca de la película homoerótica Fireworks, de Kenneth Anger. No obstante, las primeras manifestaciones se dieron en las calles de Nueva York en los años 60.

Fuente: https://www.gabitos.com/Cuba_Eterna/template.php?nm=1425745498

Fuente: http://derechoshumanoslgbt.org/

En marzo de 2008, la Corte Superior de California aprobó una ley que legalizaba el matrimonio entre personas del mismo sexo, gracias a lo cual 18000 parejas pudieron casarse de manera legal, pero en noviembre del mismo año otra ley estatal volvió a prohibir los matrimonios LGTB, lo que provocó grandes protestas en todo el país y una gran cantidad de batallas legales acabaron el la Corte Suprema de EE.UU..

La llegada de Barack Obama a la política estadounidense conllevó un cambio, en la sociedad y en la política, pues éste es el primer presidente negro del país, algo impensable hace tan sólo unos años, e incluso se atrevió implantar un sistema de seguridad social en el Congreso, aunque éste no se llegó a aplicar por la falta de apoyo del sector conservador. Entre 2000 y los primeros años de la década de 2010 el foco de atención se centró, desgraciadamente, en los más pequeños, sobretodo cuando varios niños y adolescentes LGTB se suicidaron como consecuencia del acoso que sufrían en las escuelas con motivo de su homosexualidad. En 2013, California volvió a aprobar la ley que permitiría el matrimonio entre personas del mismo sexo y, en 2015, la Corte Superior de EE.UU. permitió que el matrimonio entre personas del mismo sexo a nivel nacional fuera posible, aunque hay Estados que se niegan a aprobar dicha ley.

El asesino de las 50 personas que perdieron la vida en el club de Orlando era musulmán y se sabe que incluso llamó a las autoridades para informarles de su vinculación al grupo ISIS, por lo que, en un momento en que medio mundo está bajo el punto de mira de este grupo terrorista, cundió el pánico, ya que los homosexuales son cruelmente perseguidos y asesinados por miembros de ISIS en los países donde tienen una presencia importante. Posteriormente se descubrió que, pese a sus orígenes afganos y a sus ideas extremistas, se supo que esto no era del todo cierto, y se empezó a barajar la idea de una posible “homosexualidad reprimida” como hipótesis del móvil que le llevó a actuar como hizo, pues varios testigos afirman haberlo visto en ocasiones anteriores en el club en el que se produjo la masacre. Dicho esto me pregunto: ¿puede la presión de la sociedad y de “hacer lo correcto” llevar a alguien a matar a quien uno considera el enemigo?

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