atentados
Foto de EL PAÍS que muestra la gran presencia de los cuerpos de seguridad en Bruselas tras los atentados del pasado 22 de marzo.

En las últimas décadas hemos visto como el número de atentados terroristas en todo el mundo han aumentado de manera drástica. Sin embargo, y a diferencia de lo que algunos puedan considerar, no se habla de todos ellos en los medios de comunicación, ni todo lo que se dice en los medios de comunicación es del todo verdad.

El 25 de marzo de 2016 un usuario publicó en la web del periódico 20 minutos una encuesta sobre cuáles son, según los lectores, los peores 20 atentados terroristas (en la que, si os interesa, podéis participar en este enlace http://listas.20minutos.es/lista/los-mayores-atentados-terroristas-del-mundo-336892/).

Resulta curioso que el primero en la lista sea el de las torres gemelas de Nueva York, de 2001, el 2º lugar lo ocupa el de Madrid, de 2004, y el 4º el de Londres, de 2005. Esto sólo refleja que la sociedad está diseñada para mirarse el ombligo. Total, mientras no pase en casa, ¿para qué me voy a preocupar!

De lo que no se dan cuenta muchos es que lo que está pasando ahora no son más que una serie de consecuencias de las actuaciones del pasado.

Ni ISIS ni AL QUAEDA acaban de surgir ahora, tal y como nos lo quieren pintar, ni  los países de occidente son unos santos.

Irak, Afganistán, India, Rusia, Kenia, Jordania, Turquía, Palestina… todos estos países han sufrido también ataques por parte de diversos grupos que defendían unos objetivos determinados. ¿La manera de conseguirlo? sembrando el caos y atacando donde más duele: hoteles llenos de turistas ricos occidentales, aeropuertos, bases militares, estaciones de metro, embajadas… lugares abarrotados de gente, al fin y al cabo.

Pero, ¿quién tiene la culpa en realidad de todo esto? ¿y qué pretenden los medios de comunicación occidentales tratando de manipular a la sociedad?

El Papa Francisco dijo recientemente que el problema del terrorismo está relacionado con la venta de armas a países con conflictos armados, y aunque normalmente no sigo los asuntos religiosos, en esta ocasión no le quito la razón.

Sin estos conflictos, este sector no subsistiría, y no tiene otra solución que crear conflictos, por medio de las presiones a los gobiernos de los distintos países, para que estallen nuevas guerras y así poder seguir ganando dinero a costa de vidas humanas.

El periódico El País ha publicado varios artículos en los últimos días en los que se reitera el mismo mensaje: “lo que ha fallado es una falta de cooperación en materia anti-terrorista por parte de las autoridades en Europa”, o “EEUU urge a Europa empezar a colaborar”. Es más, incluso Holanda culpa a Turquía de permitir que uno de los terroristas de los ataques de la capital belga, que además tenía nacionalidad belga, viajara a su territorio sin informar previamente de los antecedentes que este individuo tenía.

No obstante, tampoco Francia informó a Bélgica de los antecedentes del individuo que trató de atentar, también recientemente, en el tren que hace la línea París – Bruselas – Ámsterdam, y que fue detenido por dos soldados estadounidenses que se encontraban en el vagón. ¿Es necesaria pues tanta hipocresía?

Volviendo a citar a la prensa, en la página web del periódico El País aparece también una entrevista a Jean-Claude Junker, primer ministro de Luxemburgo, en la que se le pregunta por la falta de coordinación de los servicios secretos y al intercambio de datos entre países, y la respuesta no deja a nadie indiferente, o no debería: “Como primer ministro [de Luxemburgo] asistí a un Consejo Europeo en Finlandia, en 1999, en el que juramos que el intercambio de información entre los servicios secretos sería total. Tras los atentados de 2001, asistí a un consejo europeo en el que juramos solemnemente que el intercambio de información entre los servicios secretos sería perfecto. Observo, a día de hoy, que estos intercambios son parsimoniosos, por decirlo de forma prudente. Me gustaría que aplicásemos las decisiones que tomamos o que transformásemos en actos legislativos las propuestas virtuosas que ha realizado la Comisión.”

No obstante, y aunque considero que las afirmaciones del señor Junker a modo de protesta son lo más acertadas, yo también me hago una pregunta: ¿Cómo pretenden que empiecen a colaborar en un asunto donde, si se acaba el conflicto, perderían seguro? No interesa, es todo. Las reuniones son sólo una cara de la moneda. La de una moneda, el euro, que no hace más que ir en caída libre por un precipicio. Y con él lo hacen nuestros derechos, nuestra seguridad, nuestra confianza en todo aquello que creíamos indestructible y nuestros valores.

Recuerdo que hace unos años se hablaba de una Europa como una unión de pueblos y culturas. Hoy, en cambio, es una unión económica de países, unos países donde sólo se puede ser blanco y cristiano. ¿Y el resto de culturas? ¿Y el respeto? Se han esfumado. Tal y como afirmaba la ministra de exteriores belga en una entrevista, a ella misma se la criticó por decir que el Islam es parte de Europa, y es algo a lo que algunos hacen caso omiso.

Muchos ven el yihadismo como una consecuencia de la llegada de refugiados, pero no. Nada más lejos de la realidad. El yihadismo nace en Europa en el momento en que a alguien, que ha nacido y se ha criado en Europa, en un barrio más o menos rico, pero en Europa al fin y al cabo, se le hecha del sistema debido a sus orígenes, se radicaliza, deja de sentirse parte de la sociedad y se convierte en un blanco perfecto para grupos como ISIS, y esto no sólo se ve en países limítrofes con África, como España, Turquía, Italia o Grecia, sino también en París, Londres, Bruselas, Estocolmo, Copenhague o Berlín.

Y para finalizar, la respuesta a la pregunta con la que abrí el artículo: no dejaremos de estar en alerta hasta que consigamos que estos “radicalizados” se integren y se unan a la lucha contra el terrorismo en vez de unirse a él.

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