tartoY de Holanda viajamos a Estonia para hablar de este otro personaje. 

Enn Tarto, cuya biografía os vamos a presentar ahora, es un político estonio nacido en Tartu, considerada como el corazón cultural de Estonia, en 1938 que se convirtió en una cara pública en representación de los presos políticos de la antigua URSS tras pasar tres periodos de cinco años cada uno, 15 en total, entre rejas, debido a sus ideas nacionalistas y sus convicciones anti-comunistas.

Ya desde joven, su padre lo animaría a luchar por aquello que defendía, y así hizo. En 1956, él y otros miembros de la Brigada de Jóvenes de Estonia (Eesti Noorte Malev), repartieron propaganda en apoyo a la Revolución Húngara, lo que supuso que, junto a sus compañeros, fueran sentenciados a prisión en un gulag (campos de trabajos forzados a los que eran enviados aquellos que no compartían las ideas de Moscú).

Fue puesto en libertad para ser detenido dos años después. En 1969 consiguió que le admitieran en la universidad de su ciudad, Tartu, donde estudió filología estonia, aunque en 1971 lo echaron de la universidad.

Estuvo haciendo trabajos típicos de los presos políticos, que no podían tener contacto con el resto de la sociedad.

En 1979 elaboró, junto a otros 44 ciudadanos de los países bálticos, el BATUN (Baltic Appeal to the United Nations), un documento dirigido a la ONU, la Unión Soviética, a las Alemanias del Este y del Oeste y a los miembros de la Carta del Atlántico, donde se pedía la independencia de las tres repúblicas y la supresión de las consecuencias del pacto Nazi-Soviético tras la 2ª guerra mundial, documento que tuvo grandes repercusiones a nivel internacional.

En los años 80, coincidiendo con la gran revolución que se dio en Tallinn, Vilnius y Riga, Tarto enseñó a otros disidentes a “sobrevivir en un régimen totalitario”, por lo que las autoridades acabaron considerándolo como el “líder y el profesor de los elementos antisoviéticos”, y en 1984, el Tribunal Superior de la República Soviética Socialista de Estonia lo condenó a 10 años de prisión y 5 de supresión de derechos por considerarlo un anti-social reincidente y peligroso.

Finalmente sería puesto en libertad en 1988 por la presión de las protestas en Estonia y por el llamamiento que hicieron 45 miembros del Senado estadouidense.

Tras su regreso a Estonia, Tarto ha estado activamente presente en la escena política de este diminuto país, llegando a ser incluso miembro del parlamento nacional y promocionado actos conmemorativos a favor de las víctimas de regímenes totalitarios.

Además, ha recibido numerosas medallas por parte de las autoridades de Estonia y también por parte de Hungría, por su apoyo a la Revolución Húngara.

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