España ha demostrado en los últimos años que es más bien una democracia ficticia

Cada vez hay menos dudas de que España no es una democracia. Es más, me atrevo a afirmar que nunca llegó a ser una democracia plena, pues cuando murió Franco en 1975 ya se sabía, porque las partes se habían preocupado de así pactarlo, quién iba a estar a la cabeza de la Jefatura del Estado.

Todos dicen que los dirigentes de aquel momento tuvieron unas agallas enormes de hacerse cargo de un país que, aún sediento de cambio y prosperidad, no estaba preparado para una democracia real.

Si además se habla de España en el seno de la UE, podemos afirmar que a Europa tampoco le interesa que España decida por sí misma. De hecho, cuando se habla de la política española con un ciudadano europeo, y si encima éste es escandinavo aún peor, queda clara cuál es la imagen de este país más allá de los Pirineos.

España no destaca por sus leyes innovadoras, ni por sus políticas sociales, ni como potencia económica, tal y como afirmaba el PSOE en 2007, ya en plena crisis, sino todo lo contrario.

Nuestros países vecinos se llevan las manos a la cabeza al ver que, frente a los problemas a los que la sociedad está haciendo frente, la gente prefiere callar y aguantar.

Además, si dentro de nuestras fronteras se tapa el “pucherazo” porque se considera que eso forma parte del pasado, fuera de ellas hay quien opina que en los sobres de las papeletas electorales los españoles recibimos dinero en vez de las candidaturas de los partidos, a modo de soborno.

En cuanto al panorama internacional, vemos cómo los dirigentes de potencias como Alemania o EEUU están encantados de tratar con gente como Mariano Rajoy, a quién parece no importarle nada más que una “marca España”. Una marca, por cierto, manchada por la corrupción, la manipulación, la censura o la indiferencia que muestran los principales dirigentes políticos hacia los problemas reales de los ciudadanos.

Por si esto no fuera suficiente, el asunto del voto rogado, o robado, según se mire, ha aparecido en los medios de comunicación de medio mundo, en parte gracias a la participación de los expatriados españoles en las redes sociales o de grupos como Marea Granate en los medios de comunicación.

Cabe decir también que la OCDE anunció a principios de diciembre que vigilaría el proceso electoral en España muy de cerca, y además consideró esta organización que los debates pre-electorales (a los cuales el candidato a la presidencia por el PP no tuvo la decencia de ir pese a estar pidiendo los votos de los ciudadanos). Sólo se me ocurre un calificativo: vergonzoso.

¿Cómo se pretende hablar de democracia en un país en el que, en pleno siglo XXI hay rumores de “pucherazo” y en el que el presidente del gobierno, ahora en funciones, da las ruedas de prensa mediante una pantalla de plasma o decide no acudir a un debate nacional antes de las elecciones generales, (que desde luego van a hacer historia) porque prefiere irse de vacaciones?

¿Creen que he acabado? ¡Ja! El gobierno está tan empeñado en mantener la unidad del Estado que cuando le conviene se olvida de todo lo demás. Cabe señalar que éste es un Estado que, por cierto, es un Estado federal, según la propia Constitución. Sin embargo, la Constitución, lejos de ser coherente, dicta, en otro artículo, que si una comunidad osa declarar su independencia, el Estado permite al gobierno nacional intervenir mandando los tanques, y ésta es la ley que el señor Rajoy amenazó con aplicar en el caso de Cataluña.

No se puede confiar en los dirigentes de un país cuando éstos critican a un gobierno “populista” como puede ser el de Chávez y posteriormente de Maduro en Venezuela, que, aunque pueda tener sus fallos, fue votado por sus ciudadanos, y que en cambio apoya a la casa real saudí, que además de dirigir una dictadura donde los derechos de la mujer son nulos, está financiando a ISIS, grupo armado que resurgió tras el desmantelamiento del Estado Iraquí por parte de EEUU tras la guerra de 2001 y cuya intervención militar estuvo apoyada por Aznar y Blair, sin el beneplácito de los ciudadanos , y por lo tanto olvidándose así de que la democracia reside en el pueblo.

Para concluir con esta, al fin y al cabo, reflexión, diré que ya no queda mucho que esperar de un territorio que, lejos de respetar las leyes, las crea en beneficio de unos pocos. Irónicamente, en uno de los países más conservadores y con mayor influencia de la Iglesia Católica en Europa hay quienes se pasan por el forro de la chaqueta los diez mandamientos, en especial el que dice “no mentirás”. Esto sólo constata que este país no es una democracia, sino un circo, y el gobierno está formado por payasos.

Categories: Opinión

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