Las personas mayores son, en muchas ocasiones, las principales víctimas de los desahucios de viviendas

Familia a la que la policía echa de su vivienda. Fuente de imagen: El Mundo.

Rosa es una septuagenaria de Valencia que se convirtió, a principios de Septiembre, en una de las caras de la moneda de un problema que afecta a cada vez más gente desde que comenzó la crisis en España: los deshaucios, que por lo general comienza por haber pedido un crédito a personas de fiabilidad dudosa, los prestamistas, que a veces han llegado a multiplicar hasta por 10 la cifra prestada a, normalmente, personas mayores y/o sin recursos que necesitaban el dinero para sobrevivir o para avalar a un familiar.

¿La otra cara de la moneda? Las administraciones, que han pasado de codearse con los grandes bancos (aunque algunos lo sigan haciendo), a representar a ese pueblo que, harto de tragarse las mentiras y las amenazas a quedarse sin los derechos sociales más fundamentales, ha parecido reaccionar en las urnas por segunda vez en la democracia.

Además está el cuerpo de la policía,que, harto de quedar como los malos de la película y como unos desalmados frente a gente que sólo pretende defender a su vecino de toda la vida para que pueda vivir con dignidad sus últimos telediarios, ha decidido dejar de participar en los desahucios.

Los nuevos alcaldes de ciudades tan representativas como Barcelona, Valencia o Madrid parecen haber sabido interpretar los votos de aquellos que se levantan cuando aún es de noche para dar de comer a sus familias a cambio de un salario tan ínfimo que hace que sea un milagro llegar a fin demes y, por supuesto, de pagar deudas mejor ni hablemos.

Cabe mencionar además que la propia Ada Colau era miembro de la Plataforma Anti-desahucios (PAH) antes de asumir su cargo como alcaldesa deBarcelona y que fue recibida a palos por parte de la policía precisamente por defender los derechos de los más indefensos frente a las fuerzas del orden enviadas por el ayuntamiento de la ciudad condal.

Sólo la idea de que alguien pueda llegar a perder la casa donde vive toda su familia porque unos desalmados quieran recuperar hasta el último céntimo de un préstamo concedido a sabiendas de que están tratando con personas con pocos recursos parece increíble en pleno siglo XXI, y más aún en un continente llamémosle civilizado, donde el derecho a un techo está recogido por la mismísima constitución y que se sobreentiende es fundamental.

No sólo dentro de nuestras fronteras. Cuando en Europa se tratan estos temas, cualquiera con dos dedos de frente y un poco de corazón coincidirá en que es inadmisible que aún sigan ocurriendo estas cosas.

¿Y la culpa de quién es? ¿De quien pide un préstamo sabiendo que no lo va a poder pagar o de aquel que lo concede teniendo en cuenta de que puede que el acreedor no se lo puede permitir y que se puede llegar a dar el caso de que vaya a perder todo lo que ha conseguido en la vida por unos míseros miles de euros?

El problema no es tan fácil de solucionar, pues se ha convertido en una espiral, en una pescadilla que se muerde la cola. Esta crisis, de tener una peculiaridad que la diferencia de las anteriores, es que no sólo afecta a los trabajadores.

Afecta también a los mayores que ven cómo sus ahorros de toda la vida se han ido esfumando, de cómo sus pensiones se van reduciendo cada vez más y de cómo, a sus 70, 80 y 90 años se están viendo en la calle.

Por si esto fuera poco, está afectando también a los niños que, por culpa de las condiciones en las que sus padres y mayores están teniendo que vivir, no pueden comer más que una vez al día en el colegio, y esto está repercutiendo en su rendimiento escolar. Está afectando a la gente que, además de no tener trabajo, no tiene medios para alimentar a sus familias y tienen que depender de las ONG, los bancos de alimentos e incluso de lo que encuentran en los contenedores.

No se trata de tener una casa en posesión, si no de que no les quiten a los más necesitados lo que no deberían perder jamás, su dignidad y sus fuerzas para seguir adelante.

Verónica 

Categories: Opinión

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