Como todos los años desde que vivo el festival de Eurovisión (empecé a seguirlo como si fuese una tradición en mi casa en el año en el que Rosa de España nos representó con su Europe’s living a celebration. Y de esto ya hace 13 años), hago siempre una cena a la que invito a mis padrinos y a mi primo, así que nos juntamos 7 en mi casa, y ¿para qué negarlo? Quiero que seamos más pero nadie se apunta. La cena consta de algo de picoteo mientras vemos el festival de principio a fin, comiéndonos hasta las puntuaciones, que en estos últimos años duran más de lo necesario, puesto que son sobre 40 países los que tienen que votar.

En este año ha habido unos claros favoritos en la final. Estos eran Rusia y Suecia, la cual se volvió a alzar con el micrófono de cristal, símbolo del ganador de este festival. Desde mi punto de vista, Rusia no sé qué pintaba como favorita, ya que había muchísimas canciones mucho mejor que la canción de Polina Gagarina: A million voices. Sí, cantaba bien, pero la pobre gozaba de una bipolaridad bastante clara, desde nuestras humildes opiniones. También hay que decir que fue abucheada en repetidas ocasiones tanto en la semifinal en la que participó, como en la gran final del sábado, ya que parece ser que a los eurofans no les gusta que Rusia esté participando en el certamen debido a todos los problemas de los últimos años en la antigua URSS.

Desde luego la canción que más gustó por votación democrática en la cena que celebré en mi casa fue Italia con su Grande Amore interpretada por Il Volo, un trío de jóvenes cantantes con unas voces muy al estilo Il Divo. Estos gozaron de un tercer puesto muy bien merecido, puesto que la puesta en escena fue muy acorde con la canción y la cultura romana de la bella Italia.

Sobre Suecia… Un Måns Zelmerlöw con su Heroes conquistó a una Europa dispuesta a cantar y bailar. Se dice que es un plagio de una de las canciones de David Guetta. Yo, por mi parte, no lo veo así. Sí que tiene unos toques country como el Lovers on the Sun pero nada más. Ahora suena en las radios españolas teniendo el mismo éxito que el Euphoria de Loreen, que ganó el festival en el año 2012.

¿Y qué decir de nuestra Edurne? Pues que tuvo un puesto muy inmerecido. Con una ejecución casi perfecta de su Amanecer, pues al final se le escaparon unos gallitos de la emoción, emoción que se dejó ver en un plano bastante significativo, ya que a la madrileña se le escapó una lágrima en plena actuación cuando la enfocaron en un primer plano al poco de empezar la actuación. La verdad es que no entiendo cómo pudo quedar en un puesto 21 para nada justo siendo una de las favoritas de la prensa extranjera y habiendo dejado a los periodistas ingleses sorprendidos y entusiasmados en los ensayos generales. A pesar de ello, Edurne estaba muy orgullosa de su paso por Eurovisión haciéndolo saber en una entrevista a la TVE nada más acabar el 60º festival de la canción europea.

Pero Edurne no fue la única que salió mal parada porque Austria, que era la anfitriona, Francia y Alemania recibieron nada más y nada menos que 0 puntos. Una cosa totalmente incomprensible, pues todas las puestas en escena y canciones eran buenas y originales.

Pero así es el festival. Injusto muchas veces y lleno de vecinismos, a pesar de que desde hace ya algunos años existe un jurado por cada país y el voto de ese jurado es el 50% de los votos, que se junta con lo que vota el público. Sin embargo, parece no funcionar, aunque por otra parte hay países que no llegarían a estar en buenos puestos como por ejemplo Italia este año, debido a los votos vecinales que podemos ver cada año.

Tras 365 días esperando ese día tan señalado para mí, se pasa tan rápido que apenas lo saboreas y ahora hay que volver a esperar 1 año para volver a tener esa cena con tan maravillosa compañía, buena música, buenas canciones y con ilusión.

 

 

Alicia Queijo Rúa

Categories: Opinión

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