¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos enamoramos?

cor

Desde tiempos inmemoriales el ser humano siempre ha creído que el amor está estrechamente ligado con el corazón. De ahí que se utilicen con frecuencia expresiones como “te quiero con todo mi corazón”, “te entrego mi corazón” o “me ha roto el corazón”.

Pero a medida que han ido pasando los años y ha evolucionado la ciencia, las investigaciones nos han hecho ver que el sentimiento del amor y sus efectos no residen en el corazón, sino en el cerebro. El Dr. Francisco González-Lima, neuropsicólogo de la Universidad de Texas en Austin afirma que en realidad, nada que tenga que ver con el amor o las emociones está relacionado con el corazón. Lo que ocurre es que cuando uno tiene emociones intensas, todo el cuerpo responde, incluyendo el corazón […].

Toda persona tiene a alguien a quien quiere, a quien ama, y casi todo el mundo sabe lo que significa estar enamorado. Es posible entonces que cuando se tiene cerca a esa persona especial el corazón lata mucho más rápido y fuerte. Sin embargo, esto se debe simplemente a que el cerebro ha enviado una señal a la glándula adrenal para ordenarle que libere ciertas hormonas, tales como la adrenalina, la epinefrina y la norepinefrina. Queda claro, por tanto, que es nuestro cerebro, y no nuestro corazón, quien controla nuestros sentimientos y quien les da las órdenes.

Llegados a este punto conviene preguntarse, pero… ¿en qué parte del cerebro se encuentra el amor? Sabemos dónde se almacenan nuestros recuerdos, dónde reside nuestro razonamiento para resolver cualquier problema, conocemos la parte del cerebro que controla nuestra ira y nuestro miedo, etc. ¿Y qué pasa con el amor? Pues bien. Según los científicos de la Universidad de Concordia, Canadá, la parte de nuestro cerebro donde se ubica el amor es la misma zona donde se origina nuestro deseo sexual y nuestra adicción a las drogas, al alcohol, al tabaco, etc. Esta región cerebral en su conjunto se conoce con el nombre de sistema límbico. Este sistema controla una serie de funciones como son las emociones, la conducta, la atención, el estado anímico, la memoria, el placer y la adicción, entre otros. El amor en sí mismo puede llegar a convertirse en una adicción. Esto se debe a que durante la fase del enamoramiento bajan los niveles de serotonina y aumentan los de dopamina, produciendo un placer similar al que se percibe mediante el consumo de algunas drogas, y por esa razón deseamos estar con esa persona todo el tiempo. A su vez, también aumentan los niveles de testosterona provocando el incremento del deseo sexual, lo que hace que estemos más alocados, desinhibidos y llenos de pensamientos lujuriosos hacia la otra persona.

Uno de los últimos descubrimientos científicos nos revela algo muy interesante: mientras más hacemos el amor con esa persona que nos vuelve locos, más oxitocina segrega nuestro cerebro. La oxitocina es la hormona responsable de que queramos establecer relaciones a largo plazo y la que nos impulsa a comprometernos con esa persona, ya que aumenta nuestra confianza hacia ella y hace que cada vez necesitemos más su compañía.

En consecuencia, las personas enamoradas muestran un incremento de actividad en las áreas del cerebro responsables de los estímulos de recompensa, motivación, aptitudes sociales y redes cognitivas. Por lo tanto, si hablamos de desamor, cuanto mayor tiempo ha transcurrido desde una ruptura sentimental, menos es la actividad registrada en estas áreas concretas. De ahí podría entenderse un poco mejor por qué algunos desengaños amorosos derivan en estrés o depresión en el individuo que lo sufre.

Amor Luna

Categories: Sabías que...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.