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“Ojalá la población rusa pudiera vivir 10 años en un mundo con libertad de expresión y de prensa. Nunca querrían volver atrás” – Sofi Oksanen. Fotografía: Sarah Lee para The Guardian.

Sofi Oksanen: “Todos conocemos algo acerca del colonialismo británico, pero no tanto acerca del colonialismo ruso.”

Entrevista realizada en inglés por Luke Harding para The Guardian y publicada el 18 de abril de 2015, posteriormente traducida por  Verónica Manzanares Alberola para La Palabra Púrpura.

Para una escritora finlandesa el hecho de que sus obras se traduzcan al inglés no es nada común. Desde la última década sólo 40 o 50 novelas de escritores finlandeses llegaron a los mercados británico y norteamericano, una situación “rara”, según Sofi Oksanen.

Sin embargo, Oksanen no es una simple escritora finlandesa que ha aparecido como por arte de magia, sino que la autora de Purga (2008), que vendió más de un millón de copias, ya tiene un nombre en el panorama editorial internacional y a menudo se la relaciona con Stieg Larsson. Sólo hay un autor finlandés que venda más que ella, bromea Oksanen, y ése es el desaparecido Tove Jansson, creador de la encantadora y bohemia familia Moomin.

También ha ganado más premios que cualquier otro escritor finlandés actual, pues sus libros de ficción se han hecho un hueco en los premios de literatura europeos, y es que Oksanen ha ganado ya el prestigioso Premio de la Academia Nórdica en Suecia y los premios Femina en Francia. Cuando su cuarta novela Cuando las palomas cayeron del cielo se publicó en Finlandia y Suecia en 2012 se convirtió directamente en un número 1. Próximamente se publicará en 29 países de todo el mundo, incluido el Reino Unido, donde saldrá el mes que viene.

Al igual que en Purga, el tema de la novela es la ocupación de Estonia (el padre de Oksanen es finlandés y su madre es estonia) durante y después de la Segunda Guerra Mundial. El título hace referencia a los soldados alemanes que atrapaban palomas y se las comían en Tallinn, la capital del país báltico, durante la guerra, y a los distintos a la vez que idénticos destinos que esperaban a los colaboradores y a los opositores. (El país fue ocupado por el Ejército Rojo soviético, después por los Nazis y posteriormente por la URSS de nuevo).

Algunos han calificado los trabajos de Oksanen, que incluyen episodios de asesinatos, violencia sexual y enfrentamientos ideológicos entre familiares, de típicas novelas de crímenes, pero cuando la conocí en Londres, poco después de que el asesinato del opositor al Kremlin Boris Nemtsov tuviera lugar en las calles de Moscú, ella afirmó considerarse como una “autora post-colonial”. Así pues, afirmó que, “mientras que conocemos bastante acerca del colonialismo británico, no ocurre lo mismo con el colonialismo ruso”. “Creo que deberíamos llamarlo por su nombre, porque lo era y lo sigue siendo”.

Rusia nunca ha sido un “imperio de ultramar”, añade, sino un estado empeñado en explotar y colonizar a sus vecinos europeos. Oksanen afirma que, al crecer en Finlandia, estudió la historia del país en el colegio, pero nunca estudió nada sobre Estonia y tuvo que rellenar esos huecos recurriendo a la cultura popular. Su familia materna había vivido en el este de Estonia, cerca de Haapsalu, desde el siglo XV y su madre emigró a Finlandia en los años 70, de modo que cuando Sofi era niña solía viajar a la Estonia soviética para visitar a sus abuelos.

De hecho su familia refleja las divisiones propias de la Estonia del siglo XX, cuenta. Por ejemplo, su abuelo se unió a La Hermandad del Bosque, un grupo de pueblerinos que luchó contra los soviéticos durante y tras la guerra y aceptó la amnistía al morir Stalin. “Siempre estaba recordando viejas historias y se convirtió en un hombre muy callado”. Un hermano de su abuela fue deportado a Siberia, mientras que otro llevaba a cabo las deportaciones, por lo que fue considerado un héroe de guerra comunista.

“Es una historia muy común en Estonia. Los países bálticos fueron ocupados por los dos bandos, por lo que estas historias se repiten a menudo. En la misma mesa se sentaban víctimas y verdugos de aquel horror.” Oksanen afirma que los rusos que se mudaron a Estonia después de 1945 no tenían ni idea de que vivían en un territorio fue alguna vez un país soberano. Estonia como tal había desaparecido. Sobre su tío-abuelo comunista dice que “no era buena persona.”

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Portada del libro “When the doves disappeared“, de Sofi Oksanen.

Cuando las palomas cayeron del cielo traza esos pequeños y amargos conflictos familiares. En él aparecen dos primos. Uno, Roland, es un luchador por la libertad de Estonia; el otro, Edgard, se convierte en un entusiasmado sirviente de los nazis. La historia salta entre 1941-46 y 1963-66. Durante los años Soviéticos, Edgar se reinventa a sí mismo volviéndose un leal comunista. Es un policía de la secreta, ambicioso y entusiasmado por un destino en la RDA, que escribe una historia oficial soviética de la ocupación hitleriana en tiempos de guerra.

La novela presenta un campo de concentración alemán y la persecución de los judíos. Le sugiero a Oksanen que, sin embargo, los oficiales alemanes con sus actitudes de superioridad, sus trampas para palomas y sus bañeras importadas, aparecen con mejor aspecto que sus equivalentes rusos. La esposa frustrada de Edgar, Juudit, tiene una aventura con un militar de las SS; el tema de la rivalidad sexual recuerda a su libro Purga, en el que dos hermanas se enamoran del mismo hombre, con terribles consecuencias.

“Los alemanes mataron a menos estonios. Se produjeron menos bajas, tan simple como eso”, dice Oksanen. “La ocupación alemana duró tres años; la ocupación soviética, medio siglo”. Oksanen señala que durante su infancia y juventud, las expatriaciones soviéticas de 1941 y 1949, en las que se enviaron a Siberia a miles de “subversivos”, incluyendo el líder del país en la preguerra, no fueron mencionadas. El eufemismo para la expatriación era “personas que fueron capturadas”, o “enviadas a un país frío”.

Su personaje Edgard lleva a cabo la vigilancia de los soviéticos en una cafetería de Tallinn frecuentada por estudiantes de arte con tendencias nacionalistas de Estonia. Estas escenas están llenas de espeluznantes amenazas de bajo nivel. Un estonio de carne y hueso, Edgard Meos, aportó un papel modélico para Edgard. Meos fue un autor prolífico de la propaganda soviética, en su mayor parte distribuida en la Alemania del Este, que basó su carrera en un fraude elaborado, pues fingió ser un antiguo piloto y experto en aviación soviética, hasta el punto de falsificar documentos, e incluso una licencia de vuelo y aseguró que había entrenado con la RAF. “Se le daba genial mentir”, dice Oksanen. La Hermandad del Bosque menguó, ya que sus miembros fueron capturados o se rindieron. Meos murió felizmente en su cama.

Oksanen, nacida en 1977, creció en el centro de Finlandia. Su madre, ingeniera, vivió en la Estonia soviética y se enamoró de un finlandés. Esta historia está reflejada en su primera novela Las vacas de Stalin, publicada en 2003, que explora la relación entre madre e hija, el cuerpo femenino, los problemas alimenticios y los años 70, cuando los estonios pudieron ver por primera vez la televisión finlandesa. Es un libro extraordinario que todavía tiene que ser traducido al inglés (lo leí en alemán). Cabe decir que Oksanen es bisexual y sufrió trastornos alimenticios en el pasado. Al igual que en su primera obra, su segunda novela, Baby Jane, publicada en 2005, incluye elementos autobiográficos, y uno de los temas que trata es las relaciones lésbicas tormentosas.

Oksanen dice que tiene “un recuerdo prefecto” de sus viajes en los años ochenta para visitar a sus familiares estonios. Una tía tenía que invitarles para que pudieran obtener un visado soviético, que no siempre estaba garantizado, y que sólo les permitía viajar a Tallinn, por lo que conducían en secreto hasta donde sus abuelos vivían en una kolhoz, una granja colectiva. Su obra muestra un retrato cálido de la vida rural de Estonia: un mundo de tortitas, sopa de remolacha dulce y jamón.

Oksanen estudió literatura y después Arte Dramático en la Academia Finlandesa de teatro de Helsinki. Afirma que al principio no tenía intención de escribir sobre el pasado reciente de Estonia, sino que “simplemente vino”, dice. Purga empieza con un escenario de teatro aclamado. La novela fue un éxito comercial y crítico en Finlandia, pues vendió 260.000 copias en un país de poco más de 5,5 millones de personas, y ganó el premio Finlandia, el premio literario más prestigioso del país.

Empezó a escribir Cuando las palomas cayeron del cielo en 2007. Ese mismo año, el presidente Putin declaró a Estonia como un estado enemigo y se sospecha que hackers del Kremlin lanzaron un gran ciberataque contra Estonia, el primero de ese tipo, después de que el gobierno decidiera eliminar un monumento en memoria a los soldados del ejército rojo. Este ataque por parte de la Federación Rusa fue un retorno a la era de la propaganda soviética, ya que Putin calificó a los estonios de Nazis y fascistas.

La autora opina que los estonios entendieron instintivamente esta retórica del estilo comunista. En los tiempos soviéticos, “fascista” significaba cualquier persona fuera de Rusia o contrario a Rusia, pero los finlandeses habían perdido su habilidad “para leer propaganda rusa”. Mientras investigaba para un artículo, Oksanen descubrió que muchos de los que escribieron propaganda de postguerra soviética habían empezado a escribir para los Nazis. “Fue entonces cuando decidí que mi perspectiva sería la de la ocupación alemana”, afirma.

Oksanen es un nombre familiar y una invitada frecuente en la televisión, tanto en Finlandia como en Estonia. Ella ha usado su celebridad literaria para denunciar la “finlandización”, la política tradicional de extranjería llevada a cabo por Finlandia que favorecía a la Unión Soviética. En su discurso de apertura de la última feria del libro de Frankfurt, llamó a esto “la disminución de la independencia y el estrangulamiento de la libertad de expresión”. Además, apuntó que los mapas de las escuelas finlandesas “no incluían mi otro hogar, Estonia”.

La escritora ya era una firme crítica de Putin antes de que Rusia invadiera Ucrania en 2014 y ve extraño que algunos líderes de EU sugirieran a Ucrania que siguiera el modelo de “finlandización” para tranquilizar al presidente ruso. “Ojalá los rusos tuvieran la oportunidad de vivir diez años en un mundo con libertad de expresión y prensa”, dice. “Si lo hicieran, no creo que quisieran volver atrás”. “Cambiar a Rusia no es nuestro trabajo, eso depende de los rusos. Sin embargo, deberíamos impedir entrar a “los perritos falderos y marionetas de Putin”.

La imagen de los rusos en su obra Purga no es precisamente la mejor. El resumen muestra a dos violentos traficantes de personas de Vladivostok, que secuestran, abusan y cazan a sus víctimas. Los derechos se vendieron en Rusia, pero la editorial de Moscú añadió su propio prólogo no autorizado diciendo que Oksanen había retratado a los rusos como “cerdos y asesinos”. En 2010, ella editó una serie de ensayos sobre la historia de Estonia, y grupos de jóvenes pro-Putin protestaron en el evento de presentación. A veces, gente afín al Kremlin la insulta vía Twitter. “Los bloqueo”, dice.

Entre sus influencias literarias, Oksanen menciona a Kazuo Ishiguro, que “escribe novelas perfectas”, según ella, y a Alexander Solzhenitsyn, a quien leía de joven. El archipiélago Gulag fue una pieza refrescante y verídica, es como “limpiar la suciedad de la pantalla”, dice.

¿Qué hay de las comparaciones con Larsson? Hay temas superficiales que se comparten, como la explotación violenta de la mujer. Sin embargo, Lola Ragers, la traductora al inglés de Oksanen, residente en Seatle, dice que la trilogía Millenium de Larson y Purga “son libros muy diferentes”. Rogers opina que Oksanen es una escritora de “ficción histórica importante” comprometida con un “periodo muy particular de la historia reciente”. El éxito de Oksanen, añade, ha hecho que interés hacia la literatura finlandesa aumente, y esto abre puertas a futuras traducciones.

Oksanen, por su parte, se muestra realmente crítica con la feria del libro de Helsinki, que ha aceptado a la embajada rusa como patrocinador de este año, algo que considera de “idiotez”. La afamada autora visitó por última vez Moscú en 2010. En un escenario en el que las fronteras europeas se deshacen por la fuerza y los tanques de Moscú están una vez más en movimiento, no tiene planes de volver. “No quiero gastar ni un rublo más allí”, afirma.

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