OPINIÓN: LIBERTAD DE CREDO INEXISTENTE

Justo cuando pensábamos que los tiempos de la inquisición habían terminado, nos cuenta de que no todo es como nos lo pintan. No sólo escuchamos en las noticias que determinados grupos extremistas asesinan con sangre fría a todo aquel que no cree como ellos, sino que también, desde los gobiernos, a los que llamamos democráticos, se castiga con penas administrativas y privativas de libertad a aquellos que les critican.

Cada vez más, no estamos cuenta de que esa palabra que tanto nos gusta usar, la laicidad, es un concepto utópico que no existe. Vemos que nos han estado engañando, no sólo porque no hay libertad de credo, sino porque el mero concepto de libertad es muy subjetivo.

¿A qué llamamos exactamente libertad de credo? ¿No se supone que cada una tiene la posibilidad de creer en lo que le conviene sin hacer daño al prójimo? ¿A partir de qué momento considerado unos quesos que encías para señor del extremismo cuando se pasa la raya del entorno espiritual personal?

La respuesta a todas estas preguntas, en mi opinión, es que cada uno es ciertamente libre de creer en lo que quiera, pero en el momento en que se habla de matar en nombre de Dios, sea el Dios que sea, y ya puede ser rojo, verde, o de color arco iris, ya pasamos la línea de lo aceptable. Por suerte, y pese a todo lo que está aconteciendo estos últimos meses en diversas partes del mundo, los extremistas continúan siendo una minoría.

La solución, por desgracia, estamos muy lejos de poder aplicarla, y es que esto sólo se consigue prohibiendo hablar de toda creencia religiosa en los centros educativos, pues meterle a alguien una idea en la cabeza no es educar, es manipular, normalmente para que haga algo que, si no es por este medio, probablemente no haría.

El enemigo número uno de la religión es, pues, la educación, ya que sin una base de conocimientos mínimos, los individuos somos más propensos a confiar y a hacer lo que se nos dice en todo momento sin ser prácticos ni críticos, y esto es lo que buscan principalmente los grupos extremistas.

Quiero remarcar que, al hablar de extremismo parece que sólo hago referencia al islam, puesto que es el término que emplean los medios occidentales, pero no: también existe el extremismo en el seno de la religión católica y también la judía y sólo el día que nos queramos dar cuenta, seremos un poco más libres.

Para acabar diré que esto no es ninguna campaña anti-sistema ni nada por el estilo, sino una reflexión sobre el mundo actual y sobre los acontecimientos vividos en las últimas horas. Lo que está ocurriendo ahora no es nada nuevo, pero como vemos que unos individuos nos están intentando inculcar sus creencias, que al fin y al cabo, extremas o no, son sus ideas y hay que respetarlas, pensamos que nos están atacando.

Sin embargo, ¿por qué no pensamos también que esto es lo mismo que hicieron los católicos en el descubrimiento América? ¿O en las potencias coloniales cuando descubrieron África y Asia? ¿Acaso estos pueblos no tenían sus propias creencias? ¿Acaso tenían los colonos el derecho a creerse mejores que nadie por el mero hecho de tener una tez clara unas ideas más “avanzadas” según ellos? No, la respuesta es no.

El problema, estimados lectores al igual que con las armas, no es la religión, es el extremismo, el fanatismo o la intolerancia, que los hay de todos los colores, pero sólo mediante la educación se puede acabar con esta lacra que está sacudiendo, no sólo Europa o Estados Unidos, aunque sea lo único que algunos quieren ver, si no a cualquier pueblo que quiera ser libre.

Verónica

Categories: Opinión

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